sábado, 24 de diciembre de 2022

Teatro 2022: un balance más que positivo en CABA

Con el regreso del público, se reactivó la escena local

El circuito comercial tuvo títulos que lideraron la taquilla y las salas oficiales también repuntaron con clásicos de Lorca, Ibsen y Shakespeare. El teatro independiente, sin embargo, sufrió la falta de inversiones y subsidios que no se actualizaron al ritmo de la inflación. 

Por Candela Gomes Diez

Elena Roger en "Piaf", uno de los éxitos de la temporada.

Un año de reactivación definitiva. Para las artes escénicas, el balance anual de rigor señala que la actividad repuntó con creces luego de dos años de pérdidas y contramarchas. A pesar de la crisis económica, el teatro mostró una estabilidad y una convocatoria que sorprenden al propio sector. Y aunque todavía el panorama no es el más deseable, lo que deja el 2022 deja un piso auspicioso de cara a lo que viene.

“No podemos no estar felices, porque hace menos de un año estábamos con limitaciones de aforo. Entonces, desde esa perspectiva, el 2022 fue un muy buen año donde volvimos a trabajar con normalidad y se volvió a activar el sistema de producción”, señala Sebastián Blutrach, productor y dueño de El Picadero, en diálogo con Página/12. “A nivel de público, recuperamos los números de un 2019 que no fue bueno, pero aun así lo evaluamos como algo positivo porque en los años posteriores casi no hubo actividad”, agrega.

El impacto de la inflación en el bolsillo no evitó que el público volviera a las salas. Distintas variables explican ese fenómeno, según Blutrach. “Hay una necesidad por parte de la gente de satisfacción inmediata y eso se encuentra en el espectáculo en vivo. La pandemia nos conectó con la finitud, y por eso hoy necesitamos disfrutar acá y ahora. Por ese motivo, la música tuvo también un año récord con entradas mucho más caras que las nuestras. No obstante, el consumo se paró un poco a partir de agosto. Y como siempre ocurre en tiempos de crisis, se dio una gran polarización donde pocos espectáculos concentraron la mayoría de los espectadores. Ese es el caso de Inmaduros, Drácula o Piaf”, analiza el productor.

En la misma línea, se expresa Carlos Rottemberg, empresario teatral y presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales (AADET): “Durante el 2022 quedó demostrado que el público nos dio un crédito porque la actividad teatral y musical en vivo hizo bien los deberes. En el caso del teatro, desde abril se recuperó la audiencia prepandémica, y lo más sorprendente es lo que pasó con la música, que ha superado niveles históricos. En este sentido, el año termina de forma muy positiva, con mejor pronóstico para el 2023”.

El circuito comercial tuvo algunos títulos que lideraron la taquilla. Fue el caso de Inmaduros, la comedia que encabezó el ranking de las obras más vistas a nivel nacional. Con la dirección de Mauricio Dayub y los protagónicos de Adrián Suar y Diego Peretti, fue de lo más convocante en una propuesta que puso el foco en la amistad. Con ese tenor, pero para hablar de la complicidad entre mujeres, tuvo lugar el estreno de Las irresponsables, pieza escrita y dirigida por Javier Daulte y protagonizada por Julieta Díaz, Gloria Carrá y Paola Krum. Y siguiendo con esa temática, Dayub volvió a poner en cartel, en El Chacarerean, El amateur, segunda vuelta, obra de su autoría y donde se lució junto con Gustavo Luppi y con la dirección de Luis Romero, para hablar de sueños individuales y colectivos.

Entre las novedades, se destacó el estreno de Inferno, de Rafael Spregelburd, en el renovado Teatro Astros. El Bosco fue el disparador de esta pieza en la que el autor, actor y director tomó temas teologales para traerlos a la experiencia argentina. Junto al mismo autor, subieron a escena Andrea Garrote, Violeta Urtizberea y Guido Losantos para interpretar 16 personajes. Y, por otro lado, en formato de reposición, pisó fuerte El método Grönholm, comedia ácida acerca de las miserias del mundo laboral con una nueva versión bajo la dirección de Ciro Zorzoli, y las actuaciones de Benjamín Vicuña, Laurita Fernández, Rafael Ferro y Julián Cabrera.

Como todos los años, los clásicos comerciales volvieron a mostrar su eficacia. La calle Corrientes apostó fuerte a dos tanques teatrales como Brujas, dirigida por Luis Agustoni, con Thelma Biral, Nora Cárpena, Moria Casán, María Leal y Sandra Mihanovich, y Art, con puesta dirigida por Ricardo Darín y Germán Palacios e interpretada por Pablo Echarri, Fernán Mirás y Mike Amigorena-.

El Picadero celebró sus diez años con una programación variada. Con dirección de Nelson Valente, se estrenaron dos comedias con eje en los conflictos familiares: Los perros, con Claudio Rissi, María Fiorentino, Patricio Aramburu y Melina Petriella, y Laponia, con Jorge Suárez, Laura Oliva, Héctor Díaz y Paula Ransenberg.

Un año de reactivación definitiva. Para las artes escénicas, el balance anual de rigor señala que la actividad repuntó con creces luego de dos años de pérdidas y contramarchas. A pesar de la crisis económica, el teatro mostró una estabilidad y una convocatoria que sorprenden al propio sector. Y aunque todavía el panorama no es el más deseable, lo que deja el 2022 deja un piso auspicioso de cara a lo que viene.

“No podemos no estar felices, porque hace menos de un año estábamos con limitaciones de aforo. Entonces, desde esa perspectiva, el 2022 fue un muy buen año donde volvimos a trabajar con normalidad y se volvió a activar el sistema de producción”, señala Sebastián Blutrach, productor y dueño de El Picadero, en diálogo con Página/12. “A nivel de público, recuperamos los números de un 2019 que no fue bueno, pero aun así lo evaluamos como algo positivo porque en los años posteriores casi no hubo actividad”, agrega.


El impacto de la inflación en el bolsillo no evitó que el público volviera a las salas. Distintas variables explican ese fenómeno, según Blutrach. “Hay una necesidad por parte de la gente de satisfacción inmediata y eso se encuentra en el espectáculo en vivo. La pandemia nos conectó con la finitud, y por eso hoy necesitamos disfrutar acá y ahora. Por ese motivo, la música tuvo también un año récord con entradas mucho más caras que las nuestras. No obstante, el consumo se paró un poco a partir de agosto. Y como siempre ocurre en tiempos de crisis, se dio una gran polarización donde pocos espectáculos concentraron la mayoría de los espectadores. Ese es el caso de Inmaduros, Drácula o Piaf”, analiza el productor.

En la misma línea, se expresa Carlos Rottemberg, empresario teatral y presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales (AADET): “Durante el 2022 quedó demostrado que el público nos dio un crédito porque la actividad teatral y musical en vivo hizo bien los deberes. En el caso del teatro, desde abril se recuperó la audiencia prepandémica, y lo más sorprendente es lo que pasó con la música, que ha superado niveles históricos. En este sentido, el año termina de forma muy positiva, con mejor pronóstico para el 2023”.

El circuito comercial tuvo algunos títulos que lideraron la taquilla. Fue el caso de Inmaduros, la comedia que encabezó el ranking de las obras más vistas a nivel nacional. Con la dirección de Mauricio Dayub y los protagónicos de Adrián Suar y Diego Peretti, fue de lo más convocante en una propuesta que puso el foco en la amistad. Con ese tenor, pero para hablar de la complicidad entre mujeres, tuvo lugar el estreno de Las irresponsables, pieza escrita y dirigida por Javier Daulte y protagonizada por Julieta Díaz, Gloria Carrá y Paola Krum. Y siguiendo con esa temática, Dayub volvió a poner en cartel, en El Chacarerean, El amateur, segunda vuelta, obra de su autoría y donde se lució junto con Gustavo Luppi y con la dirección de Luis Romero, para hablar de sueños individuales y colectivos.

Entre las novedades, se destacó el estreno de Inferno, de Rafael Spregelburd, en el renovado Teatro Astros. El Bosco fue el disparador de esta pieza en la que el autor, actor y director tomó temas teologales para traerlos a la experiencia argentina. Junto al mismo autor, subieron a escena Andrea Garrote, Violeta Urtizberea y Guido Losantos para interpretar 16 personajes. Y, por otro lado, en formato de reposición, pisó fuerte El método Grönholm, comedia ácida acerca de las miserias del mundo laboral con una nueva versión bajo la dirección de Ciro Zorzoli, y las actuaciones de Benjamín Vicuña, Laurita Fernández, Rafael Ferro y Julián Cabrera.

Como todos los años, los clásicos comerciales volvieron a mostrar su eficacia. La calle Corrientes apostó fuerte a dos tanques teatrales como Brujas, dirigida por Luis Agustoni, con Thelma Biral, Nora Cárpena, Moria Casán, María Leal y Sandra Mihanovich, y Art, con puesta dirigida por Ricardo Darín y Germán Palacios e interpretada por Pablo Echarri, Fernán Mirás y Mike Amigorena-.

El Picadero celebró sus diez años con una programación variada. Con dirección de Nelson Valente, se estrenaron dos comedias con eje en los conflictos familiares: Los perros, con Claudio Rissi, María Fiorentino, Patricio Aramburu y Melina Petriella, y Laponia, con Jorge Suárez, Laura Oliva, Héctor Díaz y Paula Ransenberg.

Por su parte, Emilio García Wehbi montó su versión del mito de Medea, con Medea meditativa, y sumó así una propuesta con perspectiva feminista, y Cristian Drut dirigió Las manos de Eduviges al momento de nacer, puesta basada en el libro del autor líbano-canadiense Wajdi Mouawad y que en Argentina tuvo sus propias resonancias dado que la historia giraba en torno a un ataúd vacío y a un funeral sin cuerpo.

“Buscamos la excelencia teatral y la multiplicidad de poéticas, la inclusión de las mujeres, las infancias y las disidencias, y favorecer la accesibilidad. Pensamos que el TNC debe construir un público lo más amplio posible, entre tradición e innovación, de las infancias a las/los adultos mayores, para estimular en todas y todos el goce estético, la emoción, la reflexión social y los trabajos de la memoria”, sintetizan Dubatti y Contreras.

El Complejo Teatral de Buenos Aires, a su vez, tuvo importantes estrenos. Bodas de sangre, de Federico García Lorca, contó con la dirección de Vivi Tellas y el rol protagónico a cargo de María Onetto, y Julio César, de William Shakespeare, tuvo su propia versión con el sello de José María Muscari y la interpretación de Moria Casán.

Las hermanas María y Paula Marull presentaron Lo que el río hace en el triple rol de dramaturgas, directoras y actrices. Con momentos de humor, pero también de ternura, las teatristas, que ya se ganaron un lugar reconocido en la escena local, ofrecieron una historia que invitó a pensar acerca de la valorización del tiempo. Y el director, dramaturgo y actor Lisandro Fiks estrenó La gran renuncia, una relectura de La Fiaca, de Ricardo Talesnik, protagonizada por Gastón Cocchiarale, quien encarnó a un hombre que se rebela contra el sistema que lo obliga a estar disponible todo el día para la empresa en la que trabaja.

En El Cultural San Martín también hubo piezas innovadoras que buscaron interpelar. ¿Una y mil?, escrita por Sebastián Suñé y Jimena del Pozo Peñalva, puso en escena a mujeres cis y trans, de distintas edades, orientaciones sexuales y clases sociales, para abrir el debate acerca de la violencia machista. Y La Pathétique, obra creada por el trío creativo de Diego Vila, Fabián Luca y Alejandra Radano, se propuso explorar el vínculo entre teatro y política en la era de las fake news.

En el teatro independiente, el panorama también fue positivo aunque con una cartelera en la que las reposiciones superaron a los nuevos materiales. “El público quiso volver a las salas, así que eso no fue un problema esta temporada. Pero lo que sí vimos como algo grave es lo que tiene que ver con las producciones de las obras, porque notamos que hubo pocos estrenos en el circuito, y parece que esa tendencia va a seguir en 2023, por lo cual esto es bastante desalentador y preocupante”, evalúa Alejandra Carpineti, presidenta de la Asociación Argentina del Teatro Independiente (ARTEI), que nuclea a 110 salas de la Ciudad de Buenos Aires, y una de las productoras de La Carpintería. “No hay capital para invertir, y los subsidios quedan cada vez más chicos. Creo que hay una necesidad de pensar nuevas formas de producción, donde el vínculo entre las salas, los elencos y las cooperativas tiene que empezar a cambiar”, agrega.

La perspectiva de género fue una temática en la que, precisamente, se destacó lo nuevo del off. Uno de los títulos más convocantes fue el de Rota, unipersonal que abordó la violencia patriarcal desde la óptica de la madre de un femicida. Con texto de Natalia Villamil, dirección de Mariano Stolkiner y la actuación de Raquel Ameri, la obra se vio en El Extranjero.

Con distintas miradas, pero siempre apuntando a deconstruir la maternidad entendida como mandato, se presentaron No tengo tiempo, basada en la novela homónima de María Pia López -dirigida por Cintia Miraglia, con Leticia Torres y Carolina Guevara-; La débil mental, basada en la novela de Ariana Harwicz -con dirección de Carmen Baliero, y la actuación de Ingrid Pelicori y Claudia Cantero- y Cartón pintado, de Victoria Hladilo -con Julieta Petruchi, Mercedes Quinteros y Hladilo-. Y en una línea similar de repensar el mundo femenino, el público pudo reencontrarse con un clásico del circuito: La mujer puerca, que celebró sus 10 años en el Estudio Los Vidrios. Con autoría de Santiago Loza, dirección de Lisandro Rodríguez y la actuación de Valeria Lois, el unipersonal está protagonizado por una mujer que siempre soñó con ser santa, un proyecto que no logra porque tiene “naturaleza puerca”.

El universo shakesperiano volvió a demostrar que es inagotable y sumó más versiones de sus clásicos. En el Centro Cultural de la Cooperación, pudo verse Habitación Macbeth, donde Pompeyo Audivert se lució con la interpretación de múltiples personajes, y en Espacio Callejón se presentó Los finales felices son para otros, reescritura de Ricardo III en clave contemporánea, a cargo del dramaturgo Mariano Saba, en una puesta que contó con la dirección de Ignacio Gómez Bustamante y Nelson Valente, y las actuaciones de Martín Gallo, Augusto Ghirardelli, Mariana Mayoraz, Sofía Nemirovsky, Matías Pellegrini Sánchez y Julián Ponce Campos.

En La Carpintería, se impuso el estreno de Gaspet, de Marcelo Katz, en la cual el actor dio vida a un artesano constructor de máscaras, un oficio que heredó por tradición familiar. Y en un homenaje conmovedor, apelando también al artificio de la máscara, se lo pudo ver a Daniel Casablanca, quien subió a escena en el Espacio Experimental Leónidas Barletta para ponerse en la piel de Enrique Santos Discépolo en Discepolín, fanático arlequín, espectáculo dirigido por Guadalupe Bervih.

Caras y caretas

Durante 2022, la sala Caras y Caretas 2037 (Sarmiento 2037) renovó el contrato con su público y repuso platos fuertes de su programación. Así, pudo verse Othelo (termina mal), la tragedia de William Shakespeare adaptada y dirigida por Gabriel Chamé Buendía, y Terrenal, pequeño misterio ácrata, la obra de Mauricio Kartun que estrenó su novena temporada y celebró sus mil funciones.

Interpretada por Claudio Da Passano, Tony Lestingi y Claudio Martínez Bel, la pieza (joya imbatible de las tablas) reconstruye, bajo el imaginario del campo argentino y la gauchesca, el destino entre Abel, Caín y Dios, en una lectura político-teatral del "Génesis" bíblico y que su autor define como un "conflicto patronal de origen". Del mismo Kartun, Caras y Caretas sumó La vis cómica, una historia hilarante que analiza el vínculo entre los artistas y el poder en el marco de la Buenos Ayres virreinal, con Luis Campos, Cutuli, Stella Galazzi y Horacio Roca.

“Este 2022 significó, de alguna manera, la salida de la pandemia, y por eso a la programación que veníamos sosteniendo le incorporamos más días con más obras realizadas por hacedores de reconocimiento en el circuito teatral”, comenta Marcelo Melingo, actor y director artístico de la sala. 

Precisamente, esa iniciativa motivó la creación del ciclo “Teatro de miércoles”, que tuvo como objetivo presentar, una vez por semana, una obra diferente de alta calidad y a precios accesibles. El tentador menú incluyó títulos consagrados en el circuito alternativo como El mar de noche, de Santiago Loza, con Luis Machín; Encuentros breves con hombres repulsivos, de David Foster Wallace, con Luis Ziembrowski y Marcelo Subiotto; Turba, de Laura Sbdar, con Iride Mockert; La casa oscura, escrita e interpretada por Maruja Bustamante y Mariela Asensio, y Algo de Ricardo, escrita por Gabriel Calderón e interpretada por Osmar Núñez. “El ciclo resultó ser una muy buena opción para que a mitad de semana se pueda asistir a más y mejor teatro. Por eso en 2023, seguiremos con la propuesta. Además, se vienen más sorpresas", anticipa Melingo.  

martes, 13 de diciembre de 2022

PABLO PAWLOWICZ DIRECTOR DEL TALLER DE TEATRO UNLP



OBJETIVO UNIVERSIDAD PABLO PAWLOWICZ DIRECTOR TEATRO UNLP. CIUDAD DE LA PLATA, PROVINCIA DE BUENOS AIRES.

 #TVU es el canal de la Universidad Nacional de La Plata (#UNLP) 

 Fuente:UNLP TV

domingo, 4 de diciembre de 2022

El Boulevard del Sol, el bar que hizo historia en una casa fundacional de La Plata

BOHEMIA Y CULTURA PLATENSE

En la década del 80 la impronta del Boulevard del Sol dio vida a una propuesta cultural que aún subsiste en el recuerdo de los platenses.


0221.com.ar / Begum

Por María Soledad Vampa

“No había nada igual en la ciudad”. Es la definición que se repite entre los que conocieron el lugar. La música, el ambiente, el edificio y su entorno. Su ubicación privilegiada en las puertas del Bosque, en 53 entre 1 y 2, hizo que esa casona levantada en la época de la fundación terminara siendo el edificio lindero a la famosa Casa Curutchet en los ’50 y que, en los ’80, fuera escenario de dos proyectos que explotaron en el lugar y contuvieron noches de jazz y de rock, casamientos y rupturas, cuentos de amor y de muerte, de encuentro, de arte, de fiesta y también de reviente. El Boulevard del Sol apareció y creció en el momento justo y con el pulso de la música, al ritmo del perfil emprendedor, bohemio y cultural de La Plata.  

Apretaba el verano y el agobio del calor en La Plata, y un par de amigos salieron de la ciudad en un auto prestado hacia San Telmo. Sonaba Génesis en el pasacasete. Pararon en un bar sobre una plaza, luego entraron y mirando el lugar desde la planta alta, cerveza en mano, lo planearon. “Carlos, hay que poner en La Plata un lugar como éste”, le dijo entonces Marcelo Canel a Carlos Marra.

Fue más que un sueño de bar. Al día siguiente salieron a caminar buscando el lugar, bajaron por 53 hasta el boulevard y la vieron: “Esta es la casa”, coincidieron. Joven estudiante y profesor de tenis, Canel tenía en ese momento todo lo que se necesitaba para lograr lo que se proponían: ímpetu emprendedor y una buena agenda de contactos y conocidos en la ciudad.

El staff casi completo de El Boulevard del Sol a la derecha con camisas celestes Marra y Canel

La casa era una de las pocas edificaciones fundacionales que aún quedan en La Plata. Perteneció a la familia Hardoy -los cristales del hall de acceso tenían grabada la letra H- y el lote originalmente tenía una salida de carruajes por calle 54. Ya llevaba un tiempo deshabitada cuando la compró el arquitecto David Soprano Galea con la idea de demolerla y construir ahí un edificio. El profesional había erigido en 1979 el edificio al que llamó "Palacio del Bosque" al que la gente llama como Mirabosque. Los problemas económicos del país postergaron el proyecto y luego, fue la normativa de la ciudad la que impidió echar a bajo la casona declarada por la comuna como patrimonio cultural de la ciudad.

"Intenté mirar a través de uno de los vidrios y se rompía. Nos asomamos y más nos convencíamos, vimos los pisos de pinotea, al fondo se veía un parque", se entusiasma Canel al recordar. Preguntando a una vecina supo cuál era la inmobiliaria que tenía el alquiler del lugar. Entre sus alumnas de tenis estaban las hijas del martillero y se fue allanando el camino para conseguir las llaves. 

Sumaron un tercer socio y trabajando ellos mismos junto a un albañil iniciaron las obras para poner el bar. De esa forma, el Boulevard del Sol tomaba cuerpo. Cada amigo que pasaba a curiosear o cebar un mate daba una mano, “así que el lugar ya empezó a juntar gente, se creó la onda antes de que abriera”. Alguien pensó en imitar firmas de pintores en las paredes, las aberturas se pintaron de rojo, la iluminación la resolvieron con tubos de PVC, llevaron cuadros viejos de sus casas, y así se fue definiendo la decoración, el mobiliario y el estilo. 

"El nombre respondió a su ubicación en el boulevard que está exactamente en el comienzo del eje fundacional de la ciudad y ‘Del sol’ porque era algo que se usaba mucho en ese momento”, resume Canel. “El ambiente era de mucha alegría. Para mí, el nombre del bar era buenísimo, porque era una casa, no dejaba de ser una casa con lo que tiene eso de contenedor. No era un boliche o un bar oscuro, tenía ventanas amplias, yo hacia el turno de la tarde y cuando empezaba a caer el sol era hermoso”, recuerda una de sus trabajadoras. 

“El lugar era acogedor, siempre lleno de gente, había que ir temprano para conseguir una mesa, el escenario estaba puesto de espaldas al bosque y obviamente todo el entorno tenía una magia especial con la casa de Le Corbusier al lado, deshabitada obviamente. Atravesábamos la 51, la 53, pasábamos por ese ignominioso edificio que es el Ministerio de Seguridad ¿no? que tan oscuros recuerdos nos traía de la dictadura que no estaba muy lejos en el tiempo. Y de pronto caíamos en el boulevard que era un lugar absolutamente amigable”, recuerda el historiador platense Sergio Pujol. 

“Y el día de la apertura, sin que hubiéramos hecho una sola invitación. había cola en la puerta”, dice Canel. Era el 6 de febrero del ‘86. “Para mí fue un espacio vinculado a un símbolo de esa época, como una síntesis de un momento de la ciudad, también del país y de una generación. Se mezclaba gente de distinta condición social: estudiantes que por ahí no tenían un mango y gente más de la ciudad con otro nivel, y otros más bohemios, como los de teatro con quienes jugaban al rugby, y convivían. Había un cruce, de distintas edades y ámbitos”, recuerda Sandra Di Luca, que trabajó ahí como moza.

En la cocina Canel trabajaba junto a un ayudante, y en el salón había un barman y las mozas, “todas mujeres y muy lindas, con mucha onda”, recuerdan los habitués. Al llegar se servía un cuenco con maní y las cáscaras al piso; en la carta, opciones para todos los bolsillos: desde un menú estudiantil a sus famosas tablas de picadas o la copa “Don torito” de champagne con helado de limón bautizada bajo el apodo de uno de los dueños. Y la música. La buena música. "Quienes trabajábamos ahí disfrutábamos de la música, porque había todo el tiempo y muy variada, desde temas de María Elena Walsh hasta música brasilera, y esa era la onda”, repasa Di Luca y recuerda el éxito de un trago de la casa: la copa "Don Torito".

“Era un lugar donde se escuchó, por ejemplo, por primera vez en La Plata a Los Chunguitos; se implementaron también los miércoles de jazz con el bar a oscuras sólo iluminado por velas en las mesas”, cuenta Canel. Y el lugar explotaba. “Los días de mucha gente eran sobre todo de jueves a sábado. Se llenaba, tenías que salir de la cocina con la bandeja y hacer equilibrio entre un mar de gente, especialmente cuando tocaban grupos, me acuerdo mucho de Cordal Swing. Fue un momento lindo para La Plata, para la juventud”, dice Di Luca.

Una noche cualquiera el Bule encendido con sus ventanas pintadas de rojo

La casa, sus grandes ventanales y el patio interno, invitaban a entrar y permanecer. “Recuerdo que ni bien entrabas te encontrabas con el patio y los árboles, eran árboles bien de La Plata. Había como dos alas, la planta alta no se usaba todavía y estaba todo rodeado de una galería con las piezas que miraban hacia el patio. Primero tocamos ahí, después hicieron un escenario en el fondo del patio”, señala Gustavo Astarita, el artista líder de Míster América, una de las primeras bandas de perfil más rockero que tocó en el Boulevard.

Entre el ’87 y el ’88 el escenario comenzó a cambiar para quienes gestionaban el lugar: Canel se lanzó en paralelo a la aventura de otro bar, con otro perfil, y se fue Carlos Marra, que vendió su parte. La energía puesta en el Boulevard se fue agotando. “Fueron momentos de mucha exposición para mí”, dice Canel. “Una noche me llama el encargado de la barra y me cuenta que alguien había caído con un cuchillo y había querido lastimar a otro, ése fue el detonante que nos definió el cierre. Estuvimos un mes cerrados viendo qué hacer hasta que empezamos a hablar con Marcelo Mamblona y su grupo, que estaban interesados en la compra”.

El Bule, como lo llamaban ya había plantado los mojones centrales en la memoria platense para volverse mito, en esos años donde buena parte de la historia se agitaba al ritmo de la música: diez discos fundamentales del rock argentino se grabaron en 1986, incluidos "Vivo" de Virus y "Oktubre" de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.  El ‘89 llegó con otro proyecto ambicioso para el lugar y el bar fue concebido como un centro cultural durante el día, que ocupaba las habitaciones del piso superior, y un espacio donde pudieran tocar bandas en vivo a la noche.

“Algo similar a los de Buenos Aires, tipo La Trastienda, pero tampoco porque no se parecía a nada en realidad”, dice Marcelo Mamblona, que asumió desde ese momento la administración del Boulevard. “Y le pusimos más música, un poco el blues y el jazz ya estaban, pero empezamos con más música en vivo y de a poco a meternos con el rock, que se le tenía más miedo”.

QUE SEA ROCK 

El periodista Oscar Jalil fue parte del grupo que comenzó a instalar la agenda rockera en el lugar. “Fue un bar cultural que no existía, había otros pero no a este nivel. Tenía ese halo de bohemia platense, de prestigio cultural, y era además un espacio cómodo en un lindo lugar”, define. Con ese perfil claro Mamblona convocó también al Mono Cohen, Rocambole, para que le hiciera el cartel del lugar, al que le mantuvo el nombre. “Quise mantener también el staff, algunos se quedaron otros no –cuenta Mamblona sobre esos primeros pasos para una nueva etapa del Boulevard-. Había mozas que eran de la escuela de teatro, entonces por ahí hacían alguna performance, arreglamos toda la parte de arriba que subías por una escalera hermosa, de mármol y ahí funcionaban los talleres. Había un grupo de poesía, ensayos de teatro y empezamos a pasar más rock también y a traer gente de Buenos Aires”.

Muestras, clases de danza, presentación de revistas y exposiciones de artistas plásticos locales iban completando la escena que se nutría de la variedad de público que ya convocaba el lugar. Jalil, Mamblona y Cohen sumaron a Horacio Fiebelkorn, periodista y poeta, y terminaron haciendo del Boulevard el centro de operaciones de La conspiración “una productora destinada al fracaso -se ríe Jalil – que agotaba su interés en producir más que en ganar plata” y que le sumó las bandas en vivo a las noches. “Nadie sabía muy bien quiénes integraban La Conspiración, y hacíamos por el placer de hacer. Y eso estaba bien”, añade Fiebelkorn. 

A las noches de jazz donde ya tocaban figuras como Waldo Brandwajnman, fundador de la escuela de música EMU en la ciudad, se sumaron jornadas de “blues y lentejas”, o la fecha fija de los jueves en los que el escenario pertenecía a Míster América. El link con la capital a través de Rocambole y su vínculo con los Redondos fueron vasos comunicantes entre el underground platense y las bandas en ascenso en CABA. 

“El Boulevard fue un lugar muy especial, Mamblona era un tipo muy especial en ese sentido, muy receptivo a las propuestas artísticas, principalmente musicales. Aunque en esa casona se hicieron exposiciones de artes visuales lo que nos convocaba sin duda era la música, y la música a diferencia quizás de lo que pasaba en el Tinto Bar u otros boliches rockeros y de música pop, estaba abierta también al jazz”, apunta Pujol que por ese entonces ya trabajaba en la radio y escribía una columna en el Diario El Día y era especialmente convocado por Mamblona lo que le dio, junto con Jalil, proyección periodística a la propuesta. 

“Ese mismo año yo viajaba a Europa y me voy con una lista de discos para buscar, cosas que me había sugerido Jalil. En ese momento desde que salían y pegaban las bandas allá hasta que llegaban acá pasaban unos seis meses y yo traje música para poner en el bar, discos, que acá no habían salido: Nick Cave, Pixies, Faith no more, y Oscar empezó a ir a poner esa música, pasamos los discos a cassettes y la gente empezó a ir a escuchar eso, fue variando el público, a ir más gente del rock sónico también”, agrega Mamblona. Una noche, casi accidentalmente porque les cerraron el lugar donde iban a tocar en La Plata, sonó en el escenario del Boulevard la banda Babasónicos, pero también supieron tocar Pantera, Miguel Cantilo o Mex Urtizberea. 

“En principio era un bar como cualquier otro, con las historias de cualquier otro bar, pero fue uno de los casi primeros en una seguidilla de bares de gente que llevaba alguien a tocar. Lo que aunó fue el movimiento moderno que había en ese momento, la cultura emergente underground que siempre es la que trae la novedad”, apunta Astarita. 

“En la ciudad no existe la figura del artista alejado del común de las personas, es un artista de cercanía que te cruzás en la farmacia, en el almacén y también en el bar. Y este lugar ofrecía algo distinto de lo que ofrecía la noche de la ciudad a sus habitantes más jóvenes o no tanto. Pensá en una ciudad que el destino que te ofrece es estudiar una carrera, o ir a bailar a lugares, boliches, como Siddharta. Pero había gente que no encajaba en ese plan y acá lo que predominaba era otro tipo de interés y sensibilidad en un contexto donde eso no era común: ya iniciaban los ‘90”, dice Fiebelkorn.

Un nombre lleva al otro y la máquina de anécdotas sobre el lugar es inagotable. “Íbamos a Buenos Aires a ver cosas, entre las que estaban, por ejemplo, Las Pelotas, que recién empezaban, y los trajimos. Ese día el flaco de Las Pelotas vendía las entradas a través de la ventana. O nos íbamos al Samovar de Rasputín donde se tocaba blues, y tocaban Otero, Kleiman, Pettinato, así fue como vino con Pachuco Cadáver. Esa vez la negra Poli me dice ´en Buenos Aires tocan para 20 personas´ y acá se llenó y no lo podían creer, pero era el lugar que convocaba. Entre los jazzeros Fats Fernández, que tocaba allá para 100 personas,  vino y metimos 300”, enumera Mamblona. 

Y la gente seguía convocándose en el lugar renovando y sumando público. “Es que no era un lugar de cofradía, no era un espacio cerrado, encriptado, para un grupo de entendidos. Y eso era para mí lo más atractivo del Boulevard: la posibilidad de que se cruzaran géneros, centralmente vinculados a lo musical, al rock y al jazz, en un momento muy pródigo. Muchos de los que veníamos de una formación rockera encontramos allí un espacio de intercambio, una especie de espacio multicultural que no tenía límite de horarios lo que no pasaba en otros boliches”, describe Pujol. 

“Al ser La Plata tan juntable, una persona se junta con otra en poco tiempo, las facultades, la afluencia riquísima de pibas y pibes de otros lados, que son los que terminan floreciendo. Se crea un despertar a través de la cultura y ése fue un lugar que le dio espacio a eso”, analiza Astarita. 

La explosión fue con el famoso concurso de bandas: el Festival La Plata Rock en el ‘91. La convocatoria superó incluso las expectativas de los organizadores y se anotó medio centenar de bandas, de forma tal que tuvieron que extenderlo por días y apelar al salón Lozano para la final. Frente a un jurado conformado por Mamblona, Rocambole, Pujol, Puky Martínez, Jalil, Sergio Martínez y Marcelo Montolivo. Aunque los Peligrosos Gorriones encabezaban las bandas favoritas, en la cocina de la casa de Mamblona se definieron como ganadores Los Peregrinos, la formación con Manuel Moretti que antecedió a Estelares. Todos recuerdan que hubo sorpresa y algunos enojos. 

“Fue casi un último estertor”, resume Astarita. “Creo que junto al público más bohemio aparecen personajes oscuros de la noche de la ciudad y eso lo fue hundiendo”, apunta Fiebelkorn.  Poco después del festival, Mamblona dejó en manos de un socio el lugar, que terminó cerrando sin demasiadas objeciones y resistencias. Y el mito echó a rodar a través de quienes recuerdan esas mesas que supieron reunir entre su público a la Negra Poli y al Indio, a rugbiers, músicos y estudiantes universitarios, actores y actrices, artistas plásticos, al Negro Jose Luis, líder de la barra brava de gimnasia, y a policías que se cruzaban de la departamental a tomar una cerveza cuando terminaban el servicio. 

La casona donde funcionó el Bule hoy se encuentra nuevamente cerrada. Tras la experiencia como sitio comercial gastronómico, el lugar fue alquilado por algún tiempo por el Colegio de Arquitectos. Ahora un grupo de emprendedores sueña con reabrirlo para instalar una cervecería aunque los trámites de habilitación aún están pendientes.  

Fuente: 0221.com.ar / Begum

domingo, 27 de noviembre de 2022

“Demolición-reconstrucción” de Nelson Mallach


El Centro de Experimentación y Creación -TACEC del Teatro Argentino presentó “Demolición-reconstrucción: un recorrido por el viento del desastre” de Nelson Mallach. 

 La performance propuso recorrer sectores del edificio del Teatro Argentino, para señalar determinados espacios que "remitan o sugieran un vínculo con el pasaje fronterizo entre lo que es y lo que supo ser (...) Ni los archivos, ni los testigos, ni las víctimas confluyeron en una investigación que desentrañara el enigma del incendio. El recorrido busca incentivar esta reflexión necesaria para que un Teatro se piense a sí mismo y, en ese devenir, nos pensemos también los demás”, explicaron sus organizadores. 

Fuente: Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino

jueves, 24 de noviembre de 2022

Fuego en el Teatro Argentino: ¿una maniobra de la dictadura genocida?

Cultura APU EN VIVO

Antiguo Teatro Argentino
Por Federico Tártara


"Fuego en el Argentino”, de Camilo Cagni y Joaquín Caminos, es un documental que indaga alrededor del incendio que destruyó en parte al Teatro Argentino de La Plata y que, luego, fue demolido. Son muchas las preguntas: ¿Fue intencional? ¿Había un negocio por parte de la dictadura? ¿Lo aprovechó como propaganda política?

Todas preguntas que aún buscan respuestas, y que aparecen como huellas claras de hasta donde llegaron las políticas represivas de una dictadura genocida.  Recientemente el material ganó una distinción en el Festival de cine de La Plata, FEESALP, y también fue proyectado en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.  

APU: ¿Por qué a 45 años todavía sigue intacta la huella del incendio del Teatro Argentino en La Plata? 

Camilo Cagni: Este desafío de armar un documental sobre aquel hecho trágico que enlutó a todos los platenses, que no han dejado ciertas secuelas de lo que fue la última dictadura y sobre todo este hecho en particular que, en aquel momento, dejó una una huella negra en la sociedad platense, un teatro muy querido. La intención es que gente de La Plata conozca esta historia o profundice, ya que es un hecho poco hablado, poco visualizado y tiene que ver con la historia de los platenses y, sobre todo, de las marcas que han quedado ahí en ese contexto, en donde había una dictadura cívico militar. Encontré una buena historia para contar y despertar el interés de la gente creo que eso se ha logrado y espero seguirlo logrando con la difusión de este producto.  

APU: ¿Cómo llegas a esta historia? ¿Dónde estuvo la clave? 

CC: Mira, yo este 24 de marzo tuve la posibilidad de conducir el evento que se hizo por el aniversario del golpe cívico militar, el repudio, que se hizo en el Teatro Argentino. Yendo al teatro argentino -que hacía muchísimo que no iba- recordemos qué hace 6 años que el teatro estaba prácticamente paralizado no este año a principio de año comenzaron las actividades, y cuando iba caminando desde mi casa, yo estoy en 15 y 47, atravesando Plaza Moreno recordé cuando era pibe,  tenía tres-cuatro años, y mis abuelos me llevaban a lo que eran las ruinas del viejo teatro y había una maqueta en construcción que anunciaba lo que iba a ser la futura obra del complejo que ahora conocemos. Recordaba lo que fue ese momento y lo que significó el incendio y la destrucción del Teatro Argentino
Entonces cuando llegue ese 24 de marzo, me dije acá hay que hacer algo con esta historia que no está contada. Inmediatamente empecé a googlear y a buscar información y veía que había muchas notas gráficas, sobre todo no investigativas: sobre Derecho, pero que no había ningún trabajo documental audiovisual. Entonces ahí despertó esta idea, de empezar a investigar y sobre todo de hacer un producto audiovisual para contar esa historia que me parecía que era muy rica y que había parte de la historia que no estaban contadas ese era también el desafío.

APU: ¿De movida el hecho a contar fue el tema del incendio? 

CC: Sí, también porque este 18 de octubre, se cumplieron 45 años y era como un número redondo también y después fue más o menos investigar lo que pasó y llegar hasta el testimonio de los que habían participado, de los que hayan presenciado incendio no y ahí fue el encuentro primero con “Pachi” Servidio, que fue trabajador del teatro hasta hace tres cuatro años -ya se jubiló- y aquel 18 de octubre no estuvo presente en el momento del incendio, pero estaba trabajando en el Teatro, era Jefe de de Escenario. Después fue encontrar también a Alicia Constantino que era la primera bailarina del cuerpo estable de bailarines del teatro, y empezar ahí a reconstruir la historia notando que se había prendido fuego la sala lírica que era el 30-40% de todo el edificio y entender después el porqué se derrumbó toda una estructura que estaba en perfecto estado que no había sido consumido por la llama ni que había sido parte de aquel de aquel siniestro. 

Fue importante llegar a los archivos de los diarios de la época, gracias al otro entrevistado del documental que es Marcos Napoli y al ver los diarios del día después del incendio y de las dos semanas después del incendio como ya la prensa reproducía los partes de la Junta Militar acá en La Plata, reproducía la política de Ibérico Saint Jean que gobernaba la provincia de Buenos Aires. El diario El Día y los demás medios platenses, ya se hacían eco de la versión oficial y ya 24 horas después hablaban de la destrucción total y el derrumbe de lo que quedaba del teatro. Y eso hacía mucho ruido porque, por un lado, los laburantes nos decían que el teatro estaba en perfectas condiciones y por otro lado la prensa que reproducía la política oficial del gobierno de facto en la provincia decía otra cosa. Y nos daba la pauta de que ya había una idea y que había un proyecto de derrumbe y después la puesta en funcionamiento de un nuevo teatro cuando no se había hecho ninguna inspección ni ninguna investigación de por qué se había generado ese incendio. 

APU: ¿Cómo se originó el incendio? ¿Fue intencional? 

CC: Hubo mucha negligencia de parte de la gente que estaba ese día en el teatro, eso es así. Era un día martes en donde comenzaba la semana para la vida del teatro que estaba abierto de martes a domingo, solamente los lunes era el día que cerraba y comenzaba la semana y este martes había muy poca gente en el teatro, porque al ser el primer día en horas del mediodía. El incendio empieza eso de las dos, dos y cuarto de la tarde cuando arranca la actividad, y lo que nos cuentan ahí los laburantes del teatro que estuvieron es que hay una lámpara llamada “pirata”, que era una lámpara chiquitita que estaba en el escenario que se cae y agarra rápidamente lo que es el telón del escenario. Las llamas van subiendo y arriba estaba la parte de escenografía que era un una locación que tenía mucha madera y cosas inflamables. Fue todo muy rápido, todo en cuestión de minutos. Después también empecé a reconstruir: ¿Qué pasó con los bomberos? ¿Cómo llegaron al teatro? ¿Cómo se apagaron las llamas?

Pasados 45 años es muy difícil decir qué fue exactamente lo que pasó: sí fue a propósito o no, que se dieron todas las condiciones para que el incendio avance y destruya la sala, sí. Se siguen sumando otras hipótesis que dicen que en taller de escenografía que estaba arriba del escenario había tiner, que habían subido en los últimos días y eso también hizo que se prendiera rápidamente toda la sala. Imagínate que la justicia en aquel momento, los peritos de Bomberos y de policía no lo pudieron determinar cuando fue el hecho, imagínate ahora 45 años, después es recontra complicado, pero me parece que está bueno tratar de interpretar como políticamente la dictadura pudo sacar rédito de ese trágico hecho. 

Estamos hablando del 18 de octubre de 1977 una ciudad como La Plata en donde había tantos centros clandestinos de detenciones que, en ese momento, estaban operando, torturando, asesinando a miles y miles de platenses y como la dictadura a partir de un incendio en un teatro también va ganando protagonismo y también va tapando y ocultando esos otros hechos, me parece que esas son las lógicas que también son interesantes para analizar.

La dictadura militar sacó rédito político, tratando de unir a toda una sociedad Platense en lo que era para ellos la construcción de un nuevo edificio, eso también significaba tener legitimidad y unificar todo un reclamo en el medio donde se estaba desatando una carnicería absoluta, terrible y total en una ciudad que fue bueno diezmada por el terrorismo de Estado. Esta bueno entender esas lógicas que operaban y al no poder tener una una versión única o definitiva de qué pasó con el incendio, mostrando estos elementos, me parece que el espectador va sacando su propia conclusiones de qué fue lo que lo originó y qué fue lo que hizo que se derrumbara un edificio que por lo que nos cuentan era hermoso, un edificio hecho a fines del siglo XIX con todas las características de los edificios de la ciudad de La Plata que era el segundo teatro en importancia después del Colón en toda la República Argentina. 

¿También lo que significó el golpe hacia la cultura en ese contexto, no? Porque era un teatro que tenía un cuerpo estable de música, de bailarines, trabajadores, y el mensaje aleccionador fue decir a partir de ahora es otra la vida que tiene el teatro. Eso servía para descomprimir y tirar un mensaje a la cultura del momento paralizando todo tipo de actividad. 

APU: Más allá de la cuestión de la dictadura genocida que lo planteas claramente sobre cómo aprovechó el hecho: ¿La intención era generar un negocio con la reconstrucción? De todas maneras el Teatro se reinauguró en 1999. 

CC: Eso sería como para otra película, ver como se levantó esa mole gigante. Alicia Constantino, bailarina de aquel momento, marca esa hipótesis de que para ella fue un negociado lo que pasó ahí, ya que la construcción del nuevo teatro demandó muchísimo dinero. La misma dictadura lo pensaba levantar en en el menor tiempo posible y esto no fue así, porque el teatro después estuvo tres años -hasta 1980- totalmente paralizado todo tipo de obras. Se terminó de derrumbar en ese año, o sea, el proceso fue más largo de lo que se imaginaba la misma dictadura. Recién en el 99 se termina de construir, fueron 19 años, es un tiempo gigantesco. Tenemos el dato también de que hasta el día de hoy, el Teatro Argentino no tiene final de obra: ¿Esto qué significa? Que cualquier arreglo o reforma que se hace sigue cobrando el mismo grupo de arquitectos que empezó la obra en la década de los 80. 

Por supuesto que era muchísima la inversión que había que hacer, había que hacer una licitación y, para hacer todo esto, el que era gobernador Ibérico Saint Jean, decretada en diciembre de 1977 decreta el derrumbe total, a meses de este incendio y el proceso fue larguísimo hasta el año 99. Por eso también nosotros decimos que este vídeo es un homenaje a todos los trabajadores y trabajadoras del teatro que durante más de 20 años estuvieron girando por diferentes salas sin poder tener un trabajo estable en un lugar fijo. 

Eso también hay que traerlo al presente, se entremezclan muchísimas cosas pero me parece a mí que la cuestión económica del negociado y el levantamiento de la nueva sala tiene mucho que ver con esa desidia y con ese dejar pasar ese incendio. 

Los administrativos del teatro siguieron trabajando en el lugar hasta el año 80. Sí hubiera sido tan peligroso la gente no hubiese estado tanto tiempo trabajando ahí. Son cosas que no cierran, son me parece cuestiones a poder investigar tratando de llegar a un buen puerto. 

Acá también está como uno como espectador puede ir completando esa mirada. La intención de un comunicador me parece no es cerrar un producto y dejarlo. Se trata de dejar una puerta abierta para que cada uno vaya construyendo y llenando ese vaso, en algo que que operó el poder, de eso no hay duda, quedó todo impune y como también dicen en el documental los trabajadores del teatro nunca la justicia los llamó a declarar. 

APU: ¿Hubo causa judicial? 

CC: No, nunca hubo una causa judicial, nunca ningún organismo del Estado, ningún perito, fue a tomar testimonio de los que habían estado el día del incendio. Esto se cerró en semanas y en meses decreta Ibérico Saint Jean que se derrumba el edificio a través de un decreto, es decir de un gobierno de facto. Imagínate el peso que tiene eso: decreto de gobierno de facto, de una dictadura que, por otro lado, estaba torturando y asesinando argentinos. 

Hubo expertos de Europa que vinieron a constatar las condiciones del Teatro Argentino, arquitectura de la UNESCO que vinieron a chequear las condiciones del teatro y esa gente decía que estaba en perfectas condiciones y que se podía levantar. Expertos en haber levantado teatro durante la Segunda Guerra Mundial decían que estaban las condiciones para hacerlo. Sin embargo, la decisión política era otra: era hacer una nueva sala con dinero público, con licitaciones y ahí está la otra cuestión no tanto la Cultural represiva, sino la cuestión económica que es para otra investigación: ¿Quién se benefició con la obra del Teatro Argentino?  

APU: ¿Te encontraste con alguna historia que te haya llamado la atención que incluso puede haber quedado, incluso, fuera del documental en relación al incendio teatro argentino?

CC: Quedan algunas suspicacias: ¿Qué pasó en el teatro durante los cuatro años de María Eugenia Vidal? Sabemos que había muchísimas cosas en los subsuelos del teatro que eran elementos que habían sobrevivido de aquel incendio, por ejemplo, mármoles de carrara que estaban en los depósitos y mágicamente un día vino una camioneta y se llevó todo lo que pertenecía al patrimonio del viejo edificio. Me llegó esa información y la verdad que me dejó muy triste porque las pocas cosas que quedaron del teatro, o sea, se las afanaron y las hicieron guita. Seguramente fue en ese período cuando se cierra el teatro, recordemos que desde el 2016 hasta ahora el 2022 estuvo cerrado y se empezó a venir abajo todo lo que es la nueva estructura del teatro. Me llamó poderosamente la atención cómo a pesar de 45 años del incendio hubo gente que sacó rédito de los mármoles que quedaron de aquel momento. No se puede decir quién fue, pero eso no está más. 

Me quedo como algo que me duele, porque el patrimonio público, por lo que fue aquel edificio. En esta ciudad uno escarba apenitas y salen cosas que uno nunca las conoció, es así, es una ciudad que tiene muchísimas historias. Y, en lo que tiene que ver con la última dictadura militar, estamos lamentablemente todavía después de 40 años de la dictadura atravesados por esas marcas que no han podido ser cicatrizadas y una ciudad que en sus calles habla del vacío, y también las calles que hablan de la cantidad de gente que tendría que estar y que no está ahora no es una ciudad atravesada por lo que fue el genocidio, el terrorismo de Estado. Cuando se cruzan estas cosas: el poder de turno, la cultura, la sociedad, se arma un cóctel lindo como para hablar de esas cosas que no se han hablado durante tanto tiempo y que de alguna manera sangre y fuego nos han impuesto. 

Hay muchísimas historias en La Plata para contar y esta en particular viene a llenar ese silencio de tantos años de algo que muchos conocíamos, pero nadie se había animado a profundizar. No hicimos una súper investigación, fueron tres meses laburando y eso te da la pauta de que si seguís laburando y seguís investigando se pueden conocer muchas más cosas que están ocultas, silenciadas. 

APU: ¿Qué tiene pensado para la difusión?

CC: Estamos viendo si la podemos poner en la plataforma Contar y si tenemos la posibilidad también de poder llegar a Canal Encuentro, para que se pueda ver en todo el país. Uno por ahí se pone a investigar a trabajar, a filmar, a editar y después está el otro trabajo que es la difusión que también es muy difícil. Hay que empezar a golpear puertas, a buscar conocidos, estamos un poco en ese camino viendo cómo esto puede llegar y trascender lo que es la ciudad de La Plata. Así que estamos trabajando junto con Joaquín caminos, que es el otro director que, quizás, él pone un poco más la veta más realizativa a nivel cine, es un amigo que viene trabajando desde hace muchos años con un gran equipamiento técnico. 

Hay que decir también que esto es parte de un documental que realiza el Instituto Cultural, dentro de un programa que se llama “Memoria es Cultura”, que sale desde la provincia de Buenos Aires ahora con la gestión de Florencia Saintout. Hay un interés también de parte del Estado de que esto se conozca y eso también es importante de remarcar porque si no, por más voluntad que uno le ponga, falta la pata política que te brinde el financiamiento porque también somos trabajadores. El agradecimiento a Laura mercader, una compañera también de la de la agrupación Hijos de la cual, yo también estoy militando, y ella es la directora del programa. 

Soy hijo de desaparecidos, tengo a mis dos viejos que fueron secuestrados y asesinados durante la última dictadura y también me parece que por eso el interés de contar estas historias que les tendrían que estar contando una generación que no está. Nosotros tenemos como el legado, podríamos decir -suena fuerte- pero el mandato de ser un poco la voz de lo que no están. Es también de reclamar Justicia, Verdad y Memoria a través de la cultura. 

Pensamos que puede haber una segunda parte, en algún momento, contando esto que estábamos hablando recién que son los años 80 y ver quién se beneficia no con el rédito económico algún grupo empresario que seguramente está hoy también operando La Plata. Es así.  

Fuente: https://www.agenciapacourondo.com.ar/

miércoles, 23 de noviembre de 2022

“El verdadero viaje...”: partir para volver a llegar

ESPECTÁCULOS | DESTACADO DE LA CARTELERA

Diego Biancotto y Diego Mendoza Peña se lanzaban, hace 20 años, a explorar la vida teatral con una gira que ahora reviven en escena

DIEGO MENDOZA PEÑA Y DIEGO BIANCOTTO

Corría 2002 y unos jóvenes Diego Biancotto y Diego Mendoza Peña recién habían egresado de la Escuela de Teatro. Sus ganas de ponerle el cuerpo a la teoría los había llevado a crear junto a otros compañeros La Terraza Teatro, el grupo con el que debutaron con “Un ángel en patitas”. Pero tenían sed de experiencia y mientras aquel primer espectáculo infantil andaba, empezaron a pensar en la posibilidad de crear otra obra con la que poder salir a rodar la vida, convencidos de que “viajando íbamos a poder vivir del teatro”.

Aunque nadie más que ellos se copó con aquella aventura a ciegas, dos fueron una multitud y con una mochila recargada cada uno en sus hombros, en la que poder guardar todo lo necesario para hacer las funciones, se embarcaron en un viaje con pasaje abierto.

La idea era salir de La Plata y llegar hasta La Quiaca pero pasaron cosas, muchas cosas que ellos fueron registrando en un diario de viaje que les sirvió para escribir una obra sobre aquella gira de iniciación a la que, 20 años después, regresan para reafirmar su amor por el teatro.

“El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos” es el nombre del espectáculo que, con dramaturgia y actuación de Biancotto y Mendoza Peña, y codirigido entre ellos y otros 14 directores invitados, se estrenará el sábado a las 21 en Sala 420; el mismo espacio en donde hace veinte años habían ofrecido la primera función de “Sueño de una noche de carnaval, la historia de los furibundos filibusteros”, la obra que crearon para salir a la ruta con el asesoramiento de su padrino artístico Eduardo Gudiño Kieffer.

Aunque la obra (basada en “Sueño de una noche de verano” de William Shakespeare) se estrenó en La Plata, de donde es oriundo el Mendoza Peña, tuvo como punto de partida Colón, en donde nació Biancotto. Desde allí, cruzaron a Santa Fe: el pequeño Wheelwright les dio la bienvenida y a partir de ahí se lanzaron a una especie de elige tu propia aventura con parada obligada (por ellos) cada 50 km.

En micros de línea, sin celulares ni internet a cuestas, los Diegos llegaban al pueblo apalabrado y se instalaban en el locutorio para llamar al siguiente. “Le ofrecíamos una función gratuita para todo el pueblo y a cambio le pedíamos el alojamiento por una semana. Y aprovechábamos la estadía para dar funciones en los colegios secundarios”, recordó Biancotto la dinámica que les permitía conocer lugares y gente pero, fundamentalmente, otras formas del quehacer teatral.

Con León Gieco como norte, que se pasó casi cuatro años girando para unir Ushuaia con La Quiaca, quisieron emular la épica geográfica. “El tema es que cuando fuimos andando camino, nos dimos cuenta que eso nos iba a llevar un montón de tiempo”, admitió Biancotto, recordando cómo el plan inicial fue cambiando a medida que las reflexiones iban cayendo en dimensiones proporcionales a “la cantidad de cosas que nos pasaban en el camino”, la mayoría “desopilantes” y que no pudieron dejar pasar por alto: en manuscrita, fueron escribiendo un diario de un viaje que duró dos meses, y que los llevó a recorrer 24 pueblitos en donde ofrecieron más de 60 funciones.

“En lo personal, la gira fue muy importante para mí por el hecho de haber tomado la decisión, de habernos largado y poder concretarlo desde la prepotencia del trabajo, de ir, de insistir. En ese momento, nosotros queríamos llegar a La Quiaca, pero el viaje nos dio esa mirada del tiempo, de la paciencia. Nos queda La Quiaca como ese otro destino al que todavía no hemos llegado pero que nos sigue haciendo andar”, reflexionó Mendoza Peña.

A dos décadas de aquella gira, aquellos actores se han formado como dramaturgos y directores, y decidieron volver a aquella aventura después de que, caminatas pandémicas mediante, empezaran a interesarse por el qué sería de la vida de algunos de los personajes con los que se toparon en su odisea, y los empezaron a rastrear. Así, con las anécdotas recogidas en esos 24 pueblos, más la información nueva, escribieron las 24 escenas de su nueva obra de teatro sobre “dos actores que quieren, intentan y tal vez logran llegar a La Quiaca”.

Pero no lo hicieron solos sino con la mirada de 14 directoras y directores platenses (Fernán Cardama, Gonzalo Correa, Marcelo Demarchi, Ayelen Dias Correia, Carolina Donnantuoni, Jazmín García Sathicq, Agustín Lontano, Diego Mendoza Peña, Rubén Monreal, Estanislao Pedernera, Gustavo Radice, Omar Sànchez, Susana Tale, Fernanda Tapattá y Juan Pablo Thomas) a los que invitaron a dirigir con la libertad de reescritura, estampando en cada escena una poética y estética propia.

-¿Por qué invitar a otros directores?

-Pensábamos que plantear la idea de que la mirada de la escena esté en otra persona y no en una sola sino en varias, nos significaba a nosotros lo que nos pasó hace veinte años: encontrarnos con una persona nueva en cada escena, con su manera de hacer, con su poética, y entonces también era una forma de hacer algo que nos trasciende en cuanto al andar, al transitar.

-Más allá de la temática argumental, de dos actores que viajan, ¿cuál dirían que es el gran tema de la obra?

-Es una obra que habla de las convicciones, de hasta dónde podemos generar que esas convicciones nos movilicen, nos motiven y nos hagan avanzar y caminar.

CHARLA Y FUNCIÓN

Con música de Daniel Gismondi; escenografía de Soledad Machado; vestuario de Florencia Carrasco; video de Giselle Kiferling y Rocío Lombardo; video/animación de María Eugenia Montefiore; diseño gráfico de Julieta Ramírez Borja y asistencia de dirección de Estanislao Pedernera; la pieza tendrá el sábado su única función del año en La Plata aunque retomará sus presentaciones en marzo próximo. Los Diegos esperan poder volver a los pueblos con esta obra aunque “obviamente no de la misma manera porque ya somos grandes y tenemos familia”, según aseguraron entre risas.

Para los que estén interesados en conocer más detalles de la gira y del proceso creativo de la obra, los autores ofrecerán mañana a las 19 en el Teatro de la UNLP, 10 entre 54 y 55, un conversatorio gratuito en el que proyectarán un video que resume cómo fue el trabajo colectivo que contará con la presencia de los directores.

Fuente: Diario El Dia de La Plata

sábado, 19 de noviembre de 2022

El Teatro Argentino, la joya artística y cultural de la Ciudad

LA CIUDAD | UN LUGAR PARA INSPIRARSE Y CULTIVARSE

La inauguración del nuevo edificio ha sido uno de los hechos más significativos para La Plata en lo que va de su segundo centenario

UNA VISTA AÉREA DEL TEATRO ARGENTINO EN OBRA / EL DIA

El 18 de octubre de 1977 las llamas devoraron el espectacular Teatro Argentino provocando una herida artística y espiritual para nuestra ciudad casi imposible de asimilar y que, para los más grandes, 45 años después no termina de cicatrizar totalmente.

La decisión del gobierno militar de demoler el magnífico complejo inaugurado el 19 de noviembre de 1890, poseedor de una acústica ponderada en todo el mundo, fue muy cuestionada en el país y en el exterior, como también lo fueron varios de los proyectos arquitectónicos que se manejaron para construir el nuevo Teatro Argentino.

Desde ese momento, siempre estuvo claro que los platenses debían hacerse la idea de que la incomparable pérdida era definitiva y que debía mirarse el futuro del Argentino con la mejor predisposición posible.

Apresuradamente tras el incendio, el gobierno militar de la provincia de Buenos Aires decidió demoler lo que había quedado del elegante edificio en contra de las opiniones de especialistas, que coincidían en la factibilidad de poder reconstruirlo. Pocos meses después se anunció la intención oficial de construir un nuevo edificio para el Teatro, y se creó un ente a tal efecto, pero las dilaciones burocráticas se sucedían.

Recién a comienzos de 1979 se convocó a un concurso nacional e internacional de proyectos; se presentaron 71 propuestas arquitectónicas por parte de profesionales de nuestro país, Estados Unidos, Japón, Francia, Italia y Alemania, entre otras naciones.

EL PROYECTO GANADOR

El 14 de agosto de ese mismo año se adjudicó el concurso al proyecto presentado por los arquitectos Tomás Oscar García, Enrique Bares, Roberto Germani, Inés Rubio, Alberto Sbarra y Carlos Ucar, quienes diseñaron un complejo de una superficie cubierta de 60.000 metros cuadrados, con espacios polifuncionales para exposiciones y otros eventos, salas independientes, áreas de ensayo, camarines y talleres de escenografía, vestuario, utilería y cocheras subterráneas; todo el complejo rodeado por una plaza seca.

Particularmente, se preveía una sala para ópera, conciertos, música de cámara y recitales, un microcine (actualmente Sala Astor Piazzolla) y otra para teatro de prosa o comedia; además de una biblioteca musical especializada, discoteca, hemeroteca, cintoteca (registro de cintas grabadas) y sala de conferencias, pero estos últimos espacios finalmente no vieron la luz.


La obra de la enorme estructura básica de hormigón se llevó a cabo entre 1980 y 1984, con varias paralizaciones debidas a distintos factores como los afloramientos de la napa de agua subterránea y hasta el hallazgo de los restos óseos de un gliptodonte durante la profunda excavación de los cimientos.

SEDE PROVISORIA

Una vez que se terminó la estructura de la edificación, ya en democracia, las obras se paralizaron por falta de presupuesto, además de la existencia de dudas oficiales con respecto a la viabilidad de proseguir con lo ya construido, frente a la posibilidad de encarar una idea nueva para el Teatro Argentino.

Mientras tanto, los integrantes de las diferentes compañías estables del Teatro se presentaban en distintos escenarios de nuestra ciudad y del interior provincial.

En 1987 el gobierno provincial había alquilado el Cine Rocha, que llevaba un tiempo cerrado, para desarrollar en esa sala la mayor parte de las actividades artísticas del Teatro Argentino, pasando a ser su sede provisoria.

Como la paralización de la obra en la tradicional manzana del Teatro persistía, se comenzaron a evidenciar ciertos deterioros en algunos sectores de la estructura.

PROSECUCIÓN DE LA OBRA

Durante la década siguiente, finalmente, se tomó la decisión de finalizar la construcción del Teatro Argentino en base a la estructura ya levantada.

Para ello, el gobierno provincial dispuso los fondos suficientes para reparar los sectores deteriorados primero, y luego encarar un nuevo tabicado de los espacios interiores en todas las plantas del edificio, definiendo nuevos espacios con criterios artísticos y arquitectónicos diferentes a los pautados originariamente en el proyecto, lo que, como era de esperarse, dio lugar a fuertes polémicas.

Se dispuso así la ampliación de algunos espacios destinados a exposiciones, brindándoles una mayor funcionalidad; también se concretó un rediseño de los accesos al complejo, y una importante obra de readecuación de los huecos de los ascensores, reforzándolos con materiales que impidieran que las vibraciones del funcionamiento de éstos interfirieran con la sonoridad de las salas.

LA SALA PRINCIPAL

La sala principal “Alberto Ginastera” posee la característica tradicional de estilo italiano, en forma de herradura, y entre plateas y los tres niveles de palcos y galerías está en condiciones de albergar a 2.000 espectadores.

Se trata de una muy ponderada sala teatral en donde se han llevado a cabo diversas temporadas líricas, espectáculos coreográficos, conciertos sinfónicos y populares, e inclusive, hasta algunos actos políticos partidarios que causaron fuertes críticas.

“La maquinaria escénica permite ofrecer obras de difícil montaje, con plataformas móviles y un sistema computarizado de iluminación. Presidiendo la sala se alza una imponente araña de bronce de tres toneladas y cuatrocientas lámparas de 25.000 vatios, cuyo diseño, de líneas modernas, está inspirado en la que pertenecía al antiguo edificio”, se detalla en las características del principal coliseo de la capital bonaerense.

INAUGURACIONES

Recién el 12 de octubre de 1999 se inauguró provisoriamente la sala lírica “Alberto Ginastera” con el ballet “Tango en Gris” del coreógrafo argentino Oscar Araiz y música de Atilio Stampone.

En el complemento se presentó un concierto lírico en el que se interpretaron fragmentos de óperas de los compositores Giuseppe Verdi, Charles Gounod, Umberto Giordano y Gaetano Donizetti.

La función había generado una enorme expectativa en la Ciudad, agotándose las localidades varias semanas antes.

Unos meses después, el 22 de mayo de 2000, quedó inaugurada la Sala Astor Piazzolla con un concierto de música de cámara, que volvió a agotar las entradas teniendo además una crítica sumamente favorable.

Pero la denominada “inauguración oficial”, recreando de algún modo parte del esplendor que le dio fama mundial al hermoso edificio original del Argentino, se produjo el 31 de octubre de 2000 con una función de gala con la ópera “Tosca” de Giacomo Puccini.

La primera producción operística del nuevo Teatro Argentino tuvo una acogida muy ponderada entre el público presente y de parte de la prensa especializada.

Una fuerte emoción sobrevoló la colmada sala durante toda la función; incluso muchos platenses no pudieron y seguramente tampoco quisieron controlar alguna que otra lágrima teñida de recuerdos.

En esa función inaugural actuaron la soprano venezolana Inés Salazar en el papel de Tosca; el tenor mexicano Alfredo Portilla como Cavaradossi y el barítono norteamericano David Pittman Jennings. La dirección musical estuvo a cargo de Javier Logioia Orbe; la régie, escenografía, vestuario e iluminación estuvieron a cargo del maestro italiano Beni Montresor, la dirección del coro de Vittorio Sicuri, el diseño de luces de José Luis Fiorruccio y la dirección del Coro de Niños de Oscar Escalada.

Esa misma representación tuvo lugar el 2 y 4 de noviembre, mientras que el 5 del mismo mes hubo una puesta en escena de la misma ópera con artistas argentinos.

De esa forma, el Teatro Argentino de La Plata volvió a ponerse en marcha en su camino de arte y cultura con un nuevo edificio que ocupa la misma manzana del esplendoroso complejo artístico y cultural que se inaugurara en 1890 y que por mucho tiempo más seguirá flotando nostalgiosamente como un fantasma bueno y de recuerdos imborrables.

“EL ALMA DEL VIEJO TEATRO”

Y precisamente esa misma visión fue la que llevó al prestigioso y querido médico platense, vecino del Teatro, Rodolfo Consentino, a plasmar una expresión artística que recordase al extinto teatro y que al mismo tiempo reflejase su proyección hacia el futuro en su nuevo “ropaje”.

El Dr. Consentino, también escultor y escritor, logró en su momento que se le cedieran algunos hierros retorcidos de la demolición, los que llevó hasta el taller que poseía en su casaquinta de City Bell, con la colaboración de varios médicos jóvenes que eran discípulos suyos.

Allí, entre 1982 y 1983 forjó una escultura a la que denominó “El alma del viejo teatro”, y la ofreció al gobierno provincial en donación para ser instalada en algún sitio de la manzana del Teatro.

La obra tiene poco menos de seis metros de alto, cinco toneladas de peso y base de hormigón.

Inexplicables trabas burocráticas imposibilitaron durante décadas que la escultura fuese instalada; Consentino no lo llegó a ver, pero finalmente, recién el 11 de diciembre del año pasado, en el sector de la plaza seca sobre la calle 9, la obra llegó a destino para quedarse durante una ceremonia realmente emotiva.

Sede provisoria
En 1987 el gobierno provincial había alquilado el Cine Rocha, que llevaba un tiempo cerrado, para desarrollar en esa sala la mayor parte de las actividades artísticas del Teatro Argentino, pasando a ser su sede provisoria.

Repercusión
La primera producción operística del nuevo Teatro Argentino tuvo una acogida muy ponderada entre el público presente y de parte de la prensa especializada.

Inauguración
El 12 de octubre de 1999 se inauguró provisoriamente la sala lírica “Alberto Ginastera” con el ballet “Tango en Gris” del coreógrafo argentino Oscar Araiz y música de Atilio Stampone.

Fuente: Diario El Dia de La Plata

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