miércoles, 20 de diciembre de 2017

La muerte de Lito Cruz: adiós a un actor de los que ya no quedan

ESPECTÁCULOS | UNA NOTICIA QUE DUELE

Intérprete, director, docente, funcionario público. El multifacético berissense, con seis décadas de trayectoria, murió ayer a los 76 años, dejando una galería de personajes inolvidables en el cine, el teatro y la televisión


La noticia de la muerte de Lito Cruz, ayer, a los 76 años, nos golpeó con fuerza por la cercanía que el multifacético artista mantenía con los platenses por el hecho de haber nacido en Berisso, ciudad vecina de la que siempre fue un simbólico referente. Actor, director, docente y funcionario público por y para la cultura, fue encontrado muerto en su departamento porteño por su hija Micaela, quien aseguró que “murió mientras dormía”.

Nacido en 1941 como Oscar Alberto Cruz en Berisso, de chico convivió con las estampas del bar portuario de su padre en la calle Nueva York donde recalaban marinos e inmigrantes que venían de las guerras y la miseria de países remotos.

Allí trabajó de mozo entre parroquianos teatrales, también trabajadores de los frigoríficos cercanos, gente que llegaba del anarquismo, del marxismo y del socialismo, laboristas que acunaban el peronismo del 45.

En ese bar conoció a Federico Luppi, lo atendió como mozo y Luppi le contó que era actor y que le gustaba algo que se llamaba teatro independiente y Lito Cruz sintió que el teatro había entrado en él para siempre. Con Luppi comenzó a trabajar, a comprender hasta dónde podía llegar el teatro cuando llegaba al espectador.

Años después, en 1961 se traslada a Buenos Aires, donde estudia arquitectura y a la vez teatro, para iniciar sus primeros trabajos profesionales en los escenarios. En 1965 viajó a Chile para perfeccionar sus estudios en lo que él considera la mejor escuela de formación teatral de América latina (Instituto de Teatro Universitario de Chile) y tres años después regresó a la Argentina para profundizar su carrera como actor.

En 1969 fundó, junto con Augusto Fernandes, el grupo ETEBA (Equipo de Teatro Experimental de Bs. As.), con el que tuvo su primer protagónico relevante en el obra “La leyenda de Pedro”, basada en el Peer Gynt de Ibsen.

Como docente, se desempeñó en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático y en 1978 fundó su propio estudio (declarado de Interés Cultural por la Legislatura porteña), formando a varias generaciones de actores y directores. Por el estudio pasaron importantes docentes nacionales e internacionales como Augusto Fernandes, Carlos Moreno, David Di Nápoli, Peter Brook, Nikita Mijalkov, y actores como Christopher Walken, José Sacristán, Barry Primus, Anna Strasberg y Robert de Niro.

“A De Niro lo conocí cuando vino a la Argentina a hacer una publicidad sobre la vida del boxeador que representó en ‘Toro Salvaje’. Yo lo admiraba siempre por la capacidad de invisibilidad actoral que tiene, es decir, de desaparecer él y dejarse tomar por el texto y el personaje. El se interesó mucho por eso que le dije a través de una carta y vino a mi estudio de teatro y se mostró generoso, habló para los alumnos. Después nos vimos algunas veces más”, le contó a EL DÍA, sobre su relación con una de las figuras más emblemáticas de la industria hollywoodenseComo actor, protagonizó en teatro obras como “Ha llegado un inspector”, “Madera de reyes”, “El pupilo quiere ser tutor”, “El tiempo y los Conway”, “Juan Moreira”, “Hughie”, “Guayaquil... El encuentro”, “Sueños de milongueros” o “Todos eran mis hijos”. Como director puso su firma a los espectáculos “Chau”, “Misterix”; “Guayaquil... El encuentro”, “Pedir demasiado”, “Así de perras”, “Queridas mías” o “Alegato de un mamarracho inconcluso”.

También deja su huella en el cine, con participaciones en “Los taitas”, en 1968, filme que marcó su debut, y otros como “Don Segundo Sombra” (1969), “La isla” (1979), “Sur” (1987), “Sotto voce” (1996), “El sueño de los héroes” (1997), “La revolución es un sueño eterno” (2012), “Betibú” (2014) y, más recientemente, en “Los inocentes” (2016).

La pantalla chica también fue un formato en el que manifestó su vocación artística. Debutó en 1991 con su aparición en “Alta Comedia”, ciclo de unitarios de Canal 9 y luego siguió su carrera con grandes producciones como “Tiempo Final” (2000), “Malandras” (2003), “Epitafios” (2004), “Botines” (2005), “Mujeres asesinas” (2005), “Para vestir Santos” (2010) y “El Elegido” (2011), que le valió un Martín Fierro como mejor actor, entre otros éxitos. Su último trabajo en tele fue este año en “Siete vuelos”, programa que se emitió por la TV Pública.

En el rol de funcionario, se desempeñó como director del Teatro de la Ribera, fue titular de la Dirección Nacional de Teatro, Director del Instituto Nacional de Teatro, Director de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires, presidente del Consejo Provincial de Teatro Independiente, director del Teatro Coliseo Podestá, entre otros cargos.

En 2007, la Asociación Argentina de Actores y el Senado de la Nación le entregaron el Premio Podestá a la Trayectoria Honorable.

Su último paso artístico por la Ciudad -en la que tenía infinidad de amigos y colegas- fue en agosto pasado. En el Coliseo Podestá, junto a Claribel Medina, realizó una función de la comedia “Mi querido mentiroso”, con la que continuaba girando por el país hasta que un escándalo de índole privado llevó a la producción a bajarla de la cartelera.

Desde el círculo íntimo del actor, que era fanático de Racing -club que en mayo de este año lo distinguió como socio honorífico-, aseguran que las denuncias públicas de violencia de género que le realizó su ex pareja, Patricia Perrota, y que el rechazó anunciando que llevaría el tema a la Justicia, lo habrían sumido en una profunda crisis anímica.

Viudo de un matrimonio de 45 años, con dos hijas y cuatro nietos, sus restos serán velados hoy en la empresa Zuccotti Hnos., Córdoba 5080.

Fuente: EL DIA

viernes, 15 de diciembre de 2017

“Montaraz”: una obra sensorial, que habla desde los cuerpos

ESPECTÁCULOS | TEATRO

Con dramaturgia y dirección de Braian Kobla, se ofrecerá hoy a las 20 gratis en el Centro Universitario de Arte

15 de Diciembre de 2017 | Edición impresa

ESCENA DE “MONTARAZ”

Tras su exitoso estreno en el marco del festival escénico Aúra, “Montaraz”, con dramaturgia y dirección de Braian Kobla, volverá a escena con una función gratuita en el Centro de Arte Universitario de la UNLP, 48 entre 6 y 7, hoy a las 20.

Protagonizada por Denisse Van Der Ploeg, Natalia Maldini, Julieta Ranno, Anabelén Recabarren, Eliana Giommi, la pieza cuenta con música en vivo a cargo de Francisco Raposeiras y Andrés Dillón; escenografía y vestuario de Sol Santacá; y asistencia de dirección de Rafael Gigena.

Según aseguró el director, “la compañía fue compuesta de la manera más heterogénea posible. Hay actrices, bailarinas, actrices que bailan, bailarinas que actúan, bailarinas que cantan, músicas. De todas estas variables me interesaba poder construir un lenguaje que dé cuenta de todas estas particularidades. Generar una unidad que traccione hacia un mismo lugar y un mismo pulso”.

En relación a la propuesta, Kobla manifestó que “nos propusimos propusimos encontrar una obra que tenga una extensión de tiempo acotada, pero una intensidad muy alta, casi deportiva”.

Y sobre la concepción, explicó: “En esta obra, la dramaturgia asumió el rol de partitura musical o rítmica. La textualidad devino de los cuerpos de las intérpretes”.

“Montaraz”, así, “propone dislocar algunas operaciones que aparecen a la hora de percibir el relato de una obra. El relato en general está puesto en la palabra, en el discurso. En este caso decidimos componer un relato que no solo sea percibido a través de la palabra, sino también a través de canciones, estados actorales, secuencias coreográficas, loops de textos, proezas físicas”.

La idea, así, se concentró en “proponer una experiencia sensorial en donde el espectador construya sentido a través de mecanismos ligados a lo emocional, a lo instintivo y no a lo racional. Poder capturarlos por medio de intensidades y que puedan percibir los latidos, el pulso de la obra”.

 Fuente: EL DIA

jueves, 14 de diciembre de 2017

Lo que el teatro nos dejó

BALANCE 2017

14 de Diciembre de 2017 Publicado en edición impresa Diario El Día

NICO STRATICO (DERECHA) JUNTO A ROBERTO CONTE EN "EL PRINCIPE AZUL", DE 2016

El “Cirque du Soleil” tocó este año una fibra íntima con su “Séptimo Día”. Los canadienses se pusieron generosamente al servicio de un merecido homenaje a la emblemática banda “Soda Stereo”, otorgándoles protagonismo absoluto, para beneplácito de los miles de fans de todas las edades, que colmaron la capacidad del Luna Park, noche tras noche. Una fiesta colectiva y emotiva.

Juan Leyrado estrenó “El elogio de la risa” en el Multiteatro, pieza escrita y dirigida por Gastón Marioni, que luego recalara en el Coliseo Podestá. En este unipersonal, el actor encarna a un personaje que hace un balance de su vida junto a “Susan”, su Musa inspiradora, compañera inseparable. Picardía, ternura, humor, reflexión: un texto que permite el lucimiento de un actorazo.

Otro actorazo (compañero de Leyrado en “Los Mosqueteros del Rey”), Miguel Angel Solá, junto a Paula Cancio, protagonizaron en el Teatro de la Comedia, “Doble o Nada”, de Sabina Berman, dirigidos por Quique Quintanilla. Feroz duelo que gira en torno al manejo (y al abuso) del poder en las relaciones laborales y personales: la ambición desmedida, la manipulación, la discriminación, la envidia, el sexo. Un combo explosivo y una Master Class de teatro.

Marisé Monteiro presentó su “Varón, pa´querte mucho” en el Tándem Bar, del Centro Cultural San Martín, bajo la dirección de Nacho Medina, protagonizada por los hermanos gemelos Ariel y Pablo Juin, dos bailarines excepcionales que integran el elenco de “Sugar”. Provocativa y divertida propuesta, con músicos y cantantes en vivo, en una historia de amor prohibido entre dos tangueros de antaño.

En el Teatro Municipal Coliseo Podestá disfrutamos de un exitazo de taquilla imparable: “El otro lado de la cama”, de David Serrano, con dirección musical de Martín Bianchedi y dirección general de Manuel González Gil. Nico Vázquez, Jimena Accardi, el platense Benjamín Rojas, Sofía Pachano, Sofía González Gil y Francisco Ruiz Barlett, en un musical arrollador, que tiene cuerda para rato.

Otro musical, esta vez para niños: “Canciones para mirar”, dirigido por Gastón Marioni y Damián Mahler. Conmovedor reencuentro con la poética de María Elena Walsh, un clásico que sigue deleitando a varias generaciones.

“Bajo Terapia”: impecable tragicomedia de Matías del Federico, dirigida por Daniel Veronese, con un elenco homogéneo y compacto, que sobrevuela tema sórdidos sin volverse solemne ni trágica El humor como medio para hablar de cosas serias.

“Le prénom”, de Matthieu Delaporte y Alexander de la Patilliére, dirigida en gira por Selva Alemán. Interesante pieza, malograda por una sobreactuación que la vuelve inverosímil. Griterío, corridas, innecesario uso de amplificación, velocidad desenfrenada que se confunde con ritmo. Un éxito digno de mejor causa.

“Casa Valentina”, de Harvey Fierstein, con un José María Muscari que es mucho mejor director
que actor, y dos trabajos descollantes: la glamorosa “Gloria” de Diego Ramos, y la desopilante
“Gogó”, de Roly Serrano. Una mirada “voyeurista” al mundo de los “cross dressers”.

“Todas las rayuelas”, de Carlos La Casa, dirigida por Andrés Bazzalo. Otro animal de teatro, Hugo Arana, junto al notable Esteban Meloni, en una pieza que destila ternura y picardía.

“El pequeño poni”, de Paco Bezerra, dirigida por Nelson Valente. Una pareja contundente: Melina Petriella y Alejandro Awada, y un doloroso alegato contra el bullying escolar. Capo lavoro de ambos.

En la ex - Las Tablas, hoy Escenario 40, vimos unas cuantas propuestas locales. “El nombre”, de la descomunal dramaturga Grisela Gambaro. Medular y conmovedora labor de la actriz Mirta Azzano, dirigida por Paula Boero, La pérdida de la propia identidad, tema tan afín a nuestra historia, lamentablemente.

Otra obra que gira en torno a la identidad perdida es “El día menos esperado”, de Gabriel Ade, dirigida por Fabián Martín, e interpretada por el autor, Leandro Aun y Andrea Roma. Esta última se luce componiendo a una mujer que lucha denodadamente por recordar quién es, qué le sucedió, por qué está donde está, y quiénes son esos hombres que supuestamente la mantienen cautiva.

“Final del juicio”, de otro gran dramaturgo, Tito Cossa, dirigida por Paula Boero, con un elenco integrado por Fabián Martin, Gustavo Sara Espiell y Adrián Di Pietro. Un hombre común, del montón, sometido a un juicio (¿Final?), inmerso en una atmósfera kafkiana. Excelente trabajo de
Di Pietro, en la piel de ese pobre tipo, atrapado sin salida.

“Hasta el velorio que viene”, de Hugo Daniel Marcos, dirigida por Gastón Beltramini. Disparatada
comedia, muy al estilo de “Esperando la carroza”, que divierte con buenas armas.

“La extravagancia”, de Rafael Spregelburd, protagonizada por Andrea Hamamé, bajo la dirección
de Olga Anzolini. Gran trabajo de la actriz, que se multiplica en un trío de hermanas muy particular, enmarcada en una sofisticada y compleja puesta en escena.

En el Taller de Teatro de la Universidad vimos al tandilense Germán Romero, homenajeando al actor, guionista y director Alejandro Urdapilleta, en su espectáculo unipersonal “Pure de Alejandro”, dirigido por Gustavo Lazarte. Histriónico, verborrágico, efectivo, Romero se adueña de la escena con gran versatilidad y solvencia

En la Sala Armando Discepolo de la Comedia de la Provincia disfrutamos de una joya: “Decadencia” de Steven Berkoff, dirigida por Rubén Szuchmacher, brillantemente interpretada por Ingrid Pelicori y Horacio Peña. Otra memorable “Master Class”.

Shakespeare no podía faltar a la cita en esta temporada. Fabio Prado González se puso en la piel de un inolvidable “Yago” en “Otelo”, Saverio Sala de Teatro, dirigido por Nicolás Prado, y acompañado por Omar Sánchez, Florencia Zubieta, Roberto “Mono” Aceto, María Eugenia Massaro y Nicanor Perón.

Visita ilustre en la Sala 420. Nada menos que Eugenio Barba y Julia Verley, del Odin Teatret, dando cátedra con enorme fundamento y experiencia del rol del actor. Un deleite que coincidió con una fecha emblemática: el Día Mundial del Teatro.

En La Nonna, dos actores de raza, Claudio Rissi y Osvaldo Santoro, presentaron “Kilómetro Limbo”, pieza de Pedro Gundesen, dirigida por Luis Romero. Un “tour de forcé”, lacerante por momentos, divertido en otros. Plato fuerte.

En Teatro Estudio vimos “Mapa del Tiempo”, escrita e interpretada por Cristian Palacios, dirigida por Daniela Martín. Una dantesca cosmogonía que remite a los orígenes del universo y al final de los tiempos. Un paisaje desolador, poblado de fantasmas, en el que resuenan ecos de guerras apocalípticas, catástrofes y destrucción.

El Esférico presentó “Tras los pasos de Jekyll & Hyde”. Noelia Almassio, Emilio Berasain y Martín Eliseo Mendivil le ponen el cuerpo a una nueva travesura teatral, divirtiendo y divirtiéndose, como lo han hecho con sus anteriores propuestas.

Tras su estreno en CABA, hizo temporada en Teatro Estudio “La vagina enlutada”, pieza de Walter Ghedin adaptada y dirigida por Gastón Marioni. Judith Gabbani, Ana Padilla, Mónica Salvador, Jessica Schultz y Cecilia Tognola: cinco amigas varadas en una estación de ferrocarril de un pueblo de provincia, tras asistir al velorio del marido de una amiga en común. Un cocktail logrado, con justas dosis de humor, suspenso y dramatismo.

El ya legendario grupo platense “Ridiculum Vitae” divirtió con sus “Ridículas EquivocaNciones”. Nicolás Ciocchini, Pablo de la Fuente, Diego Larraggione y Juan Pablo Piscitelli siguen haciendo humor y música, dos terrenos en los que se manejan como pato en el agua.

Unas líneas finales para despedir a un gran actor que emprendió una gira: Nico Strático, querido como pocos y extrañado por muchosdió una gira: Nico Strático, querido como pocos y extrañado por muchos.

martes, 12 de diciembre de 2017

Temporada 2018- Teatro Argentino La Plata


Estrenos y funciones en la ciudad de Buenos Aires, Mar del Plata y Avellaneda
TEMPORADA ARTÍSTICA 2018 del TEATRO ARGENTINO

El Teatro Argentino de La Plata, dependiente del Ministerio de Gestión Cultural de la Provincia de Buenos Aires, presenta su temporada 2018 teniendo en cuenta los trabajos de puesta en valor y refacciones que se están llevando adelante desde 2016. El año próximo, en la Sala Alberto Ginastera, la principal por su tamaño, se realizará la renovación y reparación de los artefactos escenotécnicos del escenario, el reemplazo y acondicionamiento de las butacas y de la infraestructura en general de ese ámbito. Por tal motivo, los espectáculos de mayores dimensiones se realizarán fuera de sede: en el Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata; en el Teatro Coliseo, la Usina del Arte, el CCK y el Anfiteatro de Parque Centenario de la ciudad de Buenos Aires; en el Teatro Roma de Avellaneda y en el Teatro Tronador de Mar del Plata. 

De todas formas, la actividad en el Teatro Argentino continuará con normalidad en las salas de ensayo y en las Salas Astor Piazzolla, del TACEC (Centro de Experimentación y Creación) y de la TA-E (Escuela y Espacio de Arte y Oficios para el Espectáculo Contemporáneo).

Fuente: Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino

sábado, 9 de diciembre de 2017

Museo José Juan Podestá: un recorrido por la historia de La Plata

lA CIUDAD  HISTORIAS PLATENSES

El Teatro Podestá, es el edificio donde se desarrolló la primera manifestación artística de la ciudad. En su interior un museo que revive un siglo de historia

VALERIA NATALIA SÁNCHEZ

“PEPINO EL 88”, CREADO POR EL PÚBLICO. / GONZALO MAINOLDI

El 15 de abril de 1884 se instalaron los poderes públicos de la Provincia de Buenos Aires en la ciudad de La Plata y en medio de grandes festejos, Dardo Rocha organizó un banquete. Invitó a José “Pepe” Podestá, que aún vivía en Buenos Aires, para que realice su show de clown con el reconocido personaje de “Pepino el 88”.

José llegó a La Plata y no consiguió donde hospedarse, los pocos hoteles estaban ocupados. Caracterizado por su espíritu aventurero durmió a la intemperie en la Plaza de La Estación, hoy Plaza San Martín. Al día siguiente, cuando Don Pepe se cruzó a Dardo Rocha le mencionó dónde había pasado la noche y con la perspicacia que lo caracterizaba le dijo: “Tuve la suerte de ser el primer vago de su ciudad”.

La escena de la Plaza fue rescatada por Nicolás Colombo, autor del Libro “Misterios en la ciudad de La Plata”. Dos años más tarde, Don Pepe, su hermano y su socio Scotti, que ya tenían una carpa situada en 51 y 10, compran el edificio del actual Teatro Coliseo Podestá. Lo inauguran el 19 de noviembre de 1886 con el nombre de “Politeama Olimpo”. Así empieza la historia de la familia Podestá, casi desde el nacimiento de La Plata.

Un viaje al pasado

La vieja casa de la familia Podestá fue reconvertida en una suerte de museo. Aunque es difícil delimitar cuándo termina y empieza el Teatro, José Podestá junto a su mujer, hijos y nietos vivieron en el mismo lugar donde trabajaron. Cada pared, ventana o mueble restaurado es, para quienes han cuidado estos años del museo, la más eficiente prueba de lo que pasaba allí.

Así es una visita guiada del Museo Podestá: En el ingreso, un hall con piso de madera, fotos en blanco y negro de artistas reconocidos que pasaron por el Teatro, una vitrina de vidrio con joyas de la actriz Eva Franco y libretos de teatro de la época. A la izquierda, está la primera sala, que era el dormitorio de la familia, dedicada a las pocas piezas que se lograron restaurar de lo que quedó de la casa.

Un inodoro original, las rejas de las ventanas que daban a la calle 47, otra vitrina con papeles de golosinas y entradas de la época que se encontraron tiradas en el piso del teatro y una silla Luis XVI sacada de los palcos. Lo que para algunos fueron solo objetos de una simple casa abandonada e incendiada, hoy, luego de ser restaurados uno por uno, permite viajar en el tiempo y vivir la historia en primera persona.

Alberto Leonforte, Arquitecto y actual director del museo, estuvo desde el inicio de la remodelación: “El teatro y la casa de los Podestá estuvo una década abandonada. En ese entonces se incendió. El museo nace de una necesidad de exponer todos los objetos que se recolectaron dentro del edificio, si bien estaba devastado y no tenía mobiliario, habían quedado cosas como pedazos de sillas, butacas, papeles”.

Pepe era el cuarto de nueve hijos de Pedro Podestá y María Torterolo, inmigrantes genoveses que se radicaron en Montevideo. Fue en ese lugar donde los hermanos Podestá desde chicos comenzaron a practicar malabares y piruetas en la playa hasta terminar conformando la compañía de circo Scotti-Podestá.

Su éxito se afirma y se agranda cuando cruzan el Río de la Plata y se instalan en Buenos Aires. Una función, el payaso de la compañía faltó y Pepe salió a escena. En el apuro, su madre le cosió un traje con sábanas viejas y le colocó parches negros y redondos con cuatro círculos en negro en la espalda. Se hizo tan famoso que la gente lo reconocía como el payaso que tenía un 88, hasta su bautismo definitivo como “Pepino el 88”, creado por el público.

La reconstrucción de Pepino está expuesta en el museo. En lo que antes era el comedor de la casa, ahora un maniquí con la cara de Pepino y una escoba en la mano, viste el famoso traje. El mismo, es una réplica exacta del traje original que está expuesto en el Cervantes.

La sala se recorre rápido, tres baúles que se pudieron recuperar, afiches de la época utilizados por el teatro para publicitar sus espectáculos, un juego de té de seis piezas con una bandeja de cobre y molduras originales, son algunos los objetos que se encuentran. Un rompecabezas en el que faltan piezas. Por suerte, Alberto con su amor inigualable hacia el museo, ayuda a la reconstrucción de la historia: “Pepe Podestá era el pilar de la familia y era una persona maravillosa. Su nieta Martha Morando, que falleció hace dos meses, me hablaba de él como que su abuelo era lo máximo. Además se sabe que Don Pepe tenía un alma caritativa, siempre hospedaba a los artistas que no tenían en dónde dormir”.

Cumplí con el afán de toda mi vida, tener un teatro propio, todos mis desvelos fueron esclavos de ese deseo” Don Pepe Podestá

El museo nace de una necesidad de exponer todos los objetos que se recolectaron dentro del edificio” Alberto Leonforte, Arquitecto y actual director del museo

Otro personaje de Don Pepe que aparece en la habitación es el Juan Moreira ubicado al final de la sala, sin duda, uno de los más emblemáticos. Su nacimiento fue así: Una tarde, Eduardo Gutiérrez, autor de la novela “Juan Moreira” llamó a Pepe para arreglar su folletín en pantomima. La noche de inauguración, Don Pepe creyó que lo iban a matar. Para su sorpresa, el personaje fue un éxito. “Moreira estaba en el alma del pueblo. Yo le puse todo mi criollismo, mi corazón, mi espíritu, mi amor a la pampa. Desde entonces, el culto al coraje criollo tuvo un símbolo. ¡Cuántas veces el público se identificó con el drama del gaucho! perseguido por las injusticias”, contó Don Pepe en un reportaje realizado en 1931. Al tiempo, el personaje suma palabras a sus gestos y en 1885 con su presentación inauguró lo que se conoce como teatro rioplatense.

Susana Macris, Licenciada en Artes Plásticas y escultura tiene fotos de cuando construyeron el maniquí de Juan Moreira. A sus setenta años, con la nostalgia en sus ojos y una sonrisa recuerda: “Las caras de los dos personajes las modelé de acuerdo a fotos antiguas. Todo se trabajó en detalle, éramos seis personas que nos pasábamos el día ahí. La idea era rescatar el original de todo. Reconstruimos baúles, molduras antiguas que luego se usaron para restaurar las paredes del teatro, sillas… Fue una experiencia increíble”.

El Picadero: un tesoro de La Plata

“Cincuenta años viviendo en esta ciudad y nunca me había enterado de esto”, afirma Jorge que con asombro y cautela baja las escaleras que lo llevan al picadero original de Pepino y Juan Moreira. El picadero, era la pista de arena en donde se realizaban los espectáculos de circos. Bajar es parte de la visita del museo y aunque hay gente que fue buscando conocerlo, muchos todavía se sorprenden.

El Teatro Podestá es uno de los pocos que conserva esa parte de la historia. Se ingresa por un túnel que está ubicado al comienzo de la sala del Teatro. Al bajar, te encontrás con la pista de arena hecha de una mampostería que forma el círculo del escenario. Allí, funcionaba el circo compuesto por artistas y animales en donde, del techo de cielo raso, se colgaban los trapecios: ahí ocurría la magia circense.

Lo curioso, es que antes de la última remodelación, el piso se sacaba para realizar las funciones, quedando al descubierto el picadero. En la planta baja había gradas de madera que convergen a él. En 1920 Don Pepe saca las gradas y construye los palcos transformándolo definitivamente en un teatro de prosa. A su vez, le cambia el nombre de “Politeama Olimpo” a “Coliseo Podestá” en memoria de su padre. Con criques que servían para nivelar el piso y sacando las butacas se realizaron en el teatro los grandes bailes de la época. Todavía hoy, eso se puede ver.

El actual Director del Coliseo Podestá, Gastón Marioni reflexiona al respecto: “El picadero es un viaje a la historia en la cultura popular. Somos privilegiados de tener en el Coliseo la piedra fundacional del teatro argentino”.

El nacimiento del museo

La primera vez que Alberto abrió las puertas del teatro se encontró con un edificio abandonado, con humedad, quemado y objetos que parecían no tener ningún tipo de valor. Era 1981 y cumplía funciones como empleado municipal; tenía fascinación por el edificio Podestá. En esos años la Municipalidad se hace cargo y él le pide a la directora colaborar con su restauración. Al día de hoy, Alberto es considerado un pilar en esta historia: “Yo empecé a ir, tomaba medidas y hacía los planos. Un día llego y escucho un estruendo, se había caído un techo. Pero ni eso me detuvo”.

En el proceso de restauración se propuso un objetivo, hoy logrado: “Como consideraba que todo lo que estaba adentro era histórico, decidí que la gente que trabaja acá tenía que guardar todo. Fuimos guardando objetos en los baños del segundo piso”. Para el año 1983, todavía con el edificio en ruinas, Alberto realizó una pequeña muestra de las cosas que había y ese fue el puntapié para que finalmente, en 1991, se inaugurara el museo.

La historia del Museo comienza con la historia de la restauración del Teatro: en la década del 70 la familia Podestá, heredera de media manzana, decide que no puede mantener más el edificio y se va, dejando el teatro completamente abandonado. Para el año 1981, entre idas y vueltas y el temor de que el edificio sea demolido, se realizó una movida con la consiga “Salven al Coliseo”. Lo adquiere la Municipalidad de La Plata y allí comienza su restauración. En 1986 las autoridades deciden restaurarlo por administración, es decir que los mismo empleados trabajaron en ellos. Con los planos que ya había trazado Alberto, en cinco meses se restaura casi todo y desde ese día nunca más se cerró.

Para Alberto, todo lo que se logró fueron sus “sueños cumplidos”. Don Pepe Podestá sentía parecido: “Cumplí con el afán de toda mi vida, tener un teatro propio, todos mis desvelos, mis trabajos y mis ahorros fueron esclavos de ese deseo”.

El museo, situado en calle 10, entre 46 y 47, reabrirá sus puertas en 2018. Este año las visitas se llevaron a cabo de martes a domingo de 10:00 a 13:00.

Fuente: EL DIA

martes, 5 de diciembre de 2017

Braian Kobla: joven fruto del talento platense

ESPECTÁCULOS | TEATRO

A punto de estrenar un nuevo espectáculo, la obra del dramaturgo y director cosecha reconocimientos a nivel iberoamericano


EL DRAMATURGO, DIRECTOR Y DOCENTE TEATRAL PLATENSE COSECHA FRUTOS DE SU TRABAJO

Todavía no llega a los 30 años y sus logros en el teatro, la disciplina en la que se desempeña como dramaturgo, director y docente, han trascendido la escena platense independiente, en la se mueve desde hace años con firmeza. A punto de estrenar “Montaraz”, su nuevo espectáculo que verá la luz en el marco del Aúra, Braian Kobla celebra la elección del teatro como modo de vida con reconocimientos a nivel nacional e iberoamericano bajo el brazo.

Egresado de las carreras Profesorado y Licenciatura en artes escénicas en la Escuela de Teatro La Plata, Braian es autor y director de obras como “Yo fui Sofía” (2010); “Ofelia se ahoga” (2011); “The Good” (2015); y “No hay nada más hermoso que acariciar algo quieto” (2018).

“The Good”, que recorrió la cartelera local durante dos temporadas, fue seleccionada por la editorial Sur Surreal, para ser parte del tomo II de la colección Poéticas Profanas.

Aquella pieza, que formó parte de la Biblioteca digital de CREADOR.ES (Madrid, España) durante el año 2014, es, según contó el autor, “una metáfora de la vida misma, en la que todo, en algún momento, tiende a ir hacia un mismo lugar para que algo suceda”.

En diálogo con EL DIA, Braian dijo que “ser editado es un estímulo muy grande, más aún, si lo que se edita es una obra de teatro y no una novela”. En la misma línea, agregó: “Dentro del circuito editorial los dramaturgos tienen muy pocas posibilidades de ser editados. Cualquier lector o editorial mira con más amor a una obra narrativa o a la poesía que a una obra de teatro. Pero ahora que me toca ser editado se me activaron algunos pensamientos en relación a qué significa esto: tengo una relación muy fuerte con la literatura. Leo muchísimo y todas mis obras son resonancias de lecturas previas. Escribo a través de otros autores. Los uso como plataforma y para sentirme un poco más cerca de ellos y de sus obras. Entonces editar es una especie de sueño nerd, una comunión con ellos, pero que a su vez juzgaba bastante”.

Por otro lado, su pieza “No hay nada más hermoso que acariciar algo quieto” -que también ganó la beca Individual del Fondo Nacional de las Artes- acaba de ser elegida ganadora en el concurso Joven Dramaturgia Iberoamericana de la Biblioteca Nacional de España, formando parte del catálogo digital de dramaturgos emergentes de la escena iberoamericana sub 30.

Según Kobla, la obra se desarrolla en la habitación de una vivienda a la cual llegarán una vez que desde la compañía se le facilite la dirección de la misma. La idea es construir una experiencia y un lenguaje determinado que dé cuenta de las especificidades de ese espacio en particular.

“La obra nos presenta a un posible prototipo de hombre moderno de la urbe. Un hombre que nunca está en su casa, vive en tránsito. Un individuo que corre detrás de los acontecimientos para que estos no lo pasen por encima”, remarcó.

Y explicó que “la propuesta dramatúrgica está construida sobre esta idea de Hombre moderno: Un hombre que organiza su vida acorde a su ritmo laboral, que está al servicio del sistema y que alimenta a sus afectos de manera virtual con su Smartphone encendido las veinticuatro horas al día. Podría ser el arquetipo de hombre contemporáneo de clase media con un trabajo administrativo en el Microcentro de su ciudad”.

Sobre la concepción, indicó que la experiencia está enfocada en que el espectador esté dentro de la ficción sin ningún tipo de intermediarios.

“En cada una de mis obras sostengo un interés en no negar la presencia de esas personas que están compartiendo un mismo tiempo y espacio con la ficción. Sea en una sala o un espacio real como en este caso. Sino más bien incluirlas y utilizarlas en post del lenguaje”, agregó el director.

“No hay nada más hermoso que acariciar algo quieto” -que estará protagonizada por Federico Aimetta y Matías Mingrino; y que contará con diseño de locación y vestuario de Sol Santacá; y asistencia de dirección de Rafael Gigena-, realizará funciones regulares a partir del año entrante.

Además, su obra “Montaraz” -una coproducción de PAR (Programa de apoyo para la Realización artística) de la UNLP y Aúra Festival de artes escénicas-, tendrá su estreno el viernes a las 22.30 en el Galpón de La Grieta, 18 y 71, con las actuaciones de Denisse Van Der Ploeg, Julieta Ranno, Natalia Maldini, Anabelén Recabarren, Eliana Giommi, y la participación de dos músicos en vivo: Francisco Raposeiras y Andrés Dillon.

“Hay actrices, bailarinas, actrices que bailan, bailarinas que actúan, bailarinas que cantan, músicas. De todas estas variables me interesaba poder construir un lenguaje que de cuenta de todas estas particularidades. Generar una unidad que traccione hacia un mismo lugar y un mismo pulso. Nos propusimos encontrar una obra que tenga una extensión de tiempo acotada, pero una intensidad muy alta. Casi deportiva”, anticipó Kobla.

En “Montaraz”, la dramaturgia asumió el rol de partitura musical o rítmica, y la textualidad devino de los cuerpos de las intérpretes.

“La obra propone componer un relato que no solo sea percibido a través de la palabra, sino también a través de canciones, estados actorales, secuencias coreográficas, loops de textos, proezas físicas. Proponer una experiencia sensorial en donde el espectador construya sentido a través de mecanismos ligados a lo emocional, a lo instintivo y no a lo racional. Poder capturarlos por medio de intensidades y que puedan percibir los latidos, el pulso de la obra”, concluyó el autor.

Fuente: EL DIA

Una celebración de teatro: un ciclo mostrará obras gratis durante toda la semana

  ESPECTÁCULOS | LA CARTELERA LOCAL “El teatro argentino celebra su público” realizará más de 650 funciones en todo el país. En La Plata, ob...