El boom de la ópera
La programación alternativa al Colón suma público nuevo.
Por Margarita Zelarayán *
Este año, los melómanos porteños recibieron con entusiasmo la esperada reapertura del Teatro Colón. Sin embargo, el primer coliseo argentino dejó de ser la única opción en materia de ópera y de conciertos. El circuito de la música académica en Buenos Aires y sus alrededores creció a pasos agigantados, y lo más llamativo es la proliferación de funciones de ópera. "En los '80, la única oferta pasaba por el Colón", recuerda Boris Laures, conductor radial, régisseur, y uno de los impulsores del fenómeno. Hacia1998, la cantidad de óperas ofrecidas en Buenos Aires y sus alrededores apenas alcanzaba los quince títulos por año. Luego de la crisis del 2001, la cifra ascendió hasta llegar a cincuenta.
Hace poco más de una década, el Colón era un terreno prácticamente vedado para los cantantes argentinos, entre otras razones, por cuestiones de conveniencia monetaria. La paridad cambiara favorecía la contratación de grandes figuras internacionales, mientras los intérpretes locales quedaban relegados a un segundo plano. Esa falta de oportunidades llevó a muchos artistas a generar sus propios proyectos, a pulmón y sin ninguna ganancia. En la década del ’90, mientras el Teatro Argentino de La Plata funcionaba en una sala alternativa y el Teatro Roma de Avellaneda presentaba breves temporadas, la Ópera del Buen Ayre, dirigida por Eduardo Casullo, empezaba a ofrecer puestas en diferentes espacios. En 1997, la soprano Adelaida Negri creó la Casa de la Ópera y comenzó a ofrecer títulos poco frecuentados en el Teatro Avenida. Sin embargo, la falta de presupuesto en los emprendimientos privados y el desinterés en los ámbitos estatales a menudo impedían que los proyectos pudieran tener continuidad.
La intensa actividad musical de los últimos años se vio acompañada por la aparición de nuevos espacios para una oferta tan amplia. En el campo de la ópera, el Teatro Avenida está completamente afianzado, mientras que el Margarita Xirgu sirve ocasionalmente de marco para proyectos independientes. También surgieron salas nuevas, como la Manufactura Papelera, mientras algunos espacios se fueron consagrando como ámbitos para conciertos. Entre ellos, el Templo Amijai, el Salón Dorado de la Casa de la Cultura, el Museo de Arte Decorativo, la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes y La Scala de San Telmo.
Pero Buenos Aires todavía aspira a tener una auténtica sala de conciertos, preparada para ese fin, como se espera que sea el ambicioso proyecto de la Usina de la Música, iniciado hace años y aún no concretado.
Proyectos exitosos. En 1999, por iniciativa de la directora escénica Ana D’Anna y del director musical Antonio María Russo, surgió Juventus Lyrica, la primera compañía privada de ópera que logró consolidarse ofreciendo temporadas ininterrumpidas con varios títulos en el Teatro Avenida. Comenzaron sus actividades con el propósito de hacer ópera con artistas jóvenes, pero el futuro del proyecto parecía incierto. María Jaunarena, directora ejecutiva de la compañía, sostiene que “la idea de Juventus es quebrar el halo elitista que algunos le atribuyen a la ópera, desarrollar audiencia nueva, sobre todo el segmento joven, y dar oportunidades a los artistas jóvenes”.
En contra de cualquier pronóstico, la movida operística local se intensificó tras la crisis del 2001. En el 2003 se creó Buenos Aires Lírica, una compañía que se propuso ocupar un espacio que, hasta el momento, estaba vacante. “El ocaso del Colón demostró que había un trabajo por hacer”, cuenta Frank Marmorek, presidente de la asociación. Desde sus comienzos, la asociación se consolidó ofreciendo temporadas con cinco títulos en el Teatro Avenida, tomando riesgos en la elección del repertorio y presentando puestas en escena renovadoras.
Llevar adelante emprendimientos artísticos privados sin fines de lucro es una tarea ardua. La ópera es un espectáculo deficitario y la principal dificultad que afrontan las compañías privadas se relaciona siempre con la financiación de los proyectos. Marmorek y Jaunarena coinciden en que la venta de abonos no alcanza a cubrir los gastos de las producciones. Por eso, una parte importante del presupuesto proviene de sponsors, del aporte de socios particulares y, en el caso de Juventus Lyrica, de la venta de conciertos privados y eventos.
Con menos recursos y actividad más esporádica, otros esfuerzos independientes se suman a este fenómeno, como la Casa de la Ópera, Fundamús, la Compañía de las Luces, el Ensamble Lírico-Orquestal, o la más reciente Lírica Lado B. Todos comparten el mismo entusiasmo por hacer ópera y por generar oportunidades para los artistas locales.
Desde el Estado. En noviembre, cumple 120 años el Teatro Argentino de La Plata. Con una historia intensa, que sufrió una abrupta interrupción cuando se incendió su antigua sede y continuó luego en una sala alternativa, el Argentino se encuentra funcionando a toda máquina en su nuevo edificio, inaugurado en 1999. El actual director artístico de la sala, Marcelo Lombardero, cuenta que “este año se decidió tomar riesgos: hacer por primera vez una ópera rusa, una ópera barroca, y con miradas renovadoras. La elección de los títulos no es inocente, y tampoco el de las puestas. Uno le habla a la gente desde el lugar ideológico donde uno está. El arte y la ópera tienen ideología”. Como sucede en las compañías privadas, uno de los principales desafíos del Teatro Argentino es atraer nuevas audiencias. Para eso, la dirección del teatro impulsa programas de descuentos para jóvenes y se arriesga con la realización de puestas en escena innovadoras. “Yo creo que la rutina es perjudicial para la ópera”, sostiene Lombardero, “hay que dar una vuelta de rosca, hay que hablar desde hoy. Me parece que la manera de acercar a un público nuevo y joven es hablar desde nosotros, desde ahora”.
Los proyectos provenientes de teatros oficiales, como el coliseo platense o el Roma de Avellaneda, afrontan algunas dificultades similares a las de emprendimientos privados. Para todos es difícil planificar a largo plazo. En el Estado, “los vaivenes políticos y los intereses sectoriales se ponen delante de un proyecto que debería ser superador”, señala Lombardero. “El que viene pasa con una topadora con lo que se hizo antes. Creo que hay que tomar las cosas positivas, mejorarlas y sumarles la impronta personal. Deberíamos aprender de la experiencia del Teatro Municipal de Santiago de Chile, por ejemplo, donde hay continuidad y donde los compromisos se mantienen”.
Gustos. No todo es ópera en Buenos Aires. Para los amantes de la música instrumental hay una oferta permanente de conciertos de cámara y sinfónicos. A las temporadas de instituciones como el Mozarteum Argentino y Festivales Musicales, en los últimos años se sumaron varias propuestas. Entre los ciclos programados para este año se encuentran algunos impulsados por organismos estatales, como la Orquesta Sinfónica Nacional, el ciclo de cámara Música en Plural, y los conciertos en la Facultad de Derecho y en museos como el Fernández Blanco. También hay emprendimientos privados valiosos, como Nuova Harmonia, Conciertos Pilar Golf, La Bella Música o el Festival Encuentros.
La proliferación de espectáculos y de emprendimientos también derivó en mayores posibilidades para el desempeño de cantantes, directores de escena, escenógrafos y vestuaristas. Y algunos cantantes surgidos de este nuevo circuito triunfan en escenarios internacionales, como es el caso de la soprano argentina Virginia Tola y la uruguaya María José Siri.
Falta impulso para las actividades en el interior y cierta descentralización para evitar que el eje sea siempre Buenos Aires. Pero el fervor de la ópera está en pleno crecimiento y parece haber llegado para quedarse.
*Crítica de música clásica de NOTICIAS.
Fuente: http://www.revista-noticias.com.ar/comun/nota.php?art=2944&ed=1763



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