sábado, 31 de marzo de 2012

Teatro Cervantes: la fachada prisionera

Sábado 31 de marzo de 2012 | Publicado en edición impresa

Opinión / Teatro

Por Ernesto Schoo | LA NACION

Teatro Nacional Cervantes

En 2011, el Teatro Nacional Cervantes cumplió noventa años: fue inaugurado el lunes 5 de septiembre de 1921 y la construcción comenzó en 1920; en 1918, la pareja de actores María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza (conde de Balazote y grande de España) confió a los arquitectos españoles Fernando Aranda y Emilio Repetto la erección de un teatro en la ciudad de Buenos Aires (la cual, desde 1897, cuando su primera temporada en el Odeón, los adoptó como favoritos), que fuera "no sólo una sala de espectáculos sino un monumento de belleza a la gloria del arte español".

Nuestra generosa colaboradora involuntaria, la investigadora e historiadora Beatriz Seibel, publicó en noviembre de 2010 su Historia del Teatro Nacional Cervantes , con prólogo de Claudio Gallardou y Rubens Correa, de la cual extraemos los datos para esta columna. A su vez, Seibel reproduce una "Breve historia del edificio", escrita por el arquitecto Lucas Pedro Berman, cuyos tramos principales transcribimos aquí, para difundir y ampliar el conocimiento de este edificio magnífico, cuya fachada está desde hace muchos años cubierta por una jaula de andamios que no sólo la oculta en gran parte sino que la degrada, privándonos de disfrutarla e incitándonos a preguntar: ¿es posible que el mayor y más importante de los teatros nacionales (el Colón y el San Martín pertenecen a la ciudad de Buenos Aires), permanezca para siempre en ese estado?

Escribe el arquitecto Berman: "La fachada central del edificio es una réplica de su par de la Rectoría de la Universidad de Alcalá de Henares, obra del arquitecto Rodrigo Gil de Hontañón, realizada entre 1514 y 1533, fiel a las características del Primer Renacimiento, más conocido como estilo plateresco español (?) Con especial gusto ecléctico, las columnas de la sala y el vestíbulo son réplicas de las pilastras monumentales del convento de San Marcos, de León. Las balaustradas de los palcos reproducen las rejas de la Casa Consistorial de Salamanca. Otras barandas son tramos de las rejas de la Capilla de los Reyes Católicos, en la catedral de Granada. A su vez, las verjas exteriores son similares a las de la Casa del Greco, en Toledo, y la alfombra del gran foyer, ubicado en el primer piso, reproduce una que por entonces se encontraba en la sala María Luisa del Palacio Real de Madrid".

"La decoración fue resultado de la colaboración de talleres de varias ciudades españolas. Valencia aportó damascos y azulejos; Sevilla, los azulejos y bargueños en antepechos; Lucena, candelas, velones y farolas; Ronda, puertas de palcos, copias de la Vieja Sacristía; La Bisbal, en Tarragona, losetas rojas para los pavimentos; Barcelona, la pintura del techo de la sala mayor, que reproducía, pintado sobre seda (por lo cual, literalmente se hizo humo en el incendio de 1961) el Torreón de Murcia; Madrid, tapicerías, cortinados, el telón de boca, bordado con el escudo que a Buenos Aires dio Juan de Garay" (el original sufrió daño en el incendio y fue reemplazado por uno similar, que se ve hoy). Añade Berman; "Una lección de artesanía española, cuidadosamente trasladada con detalles muy estudiados, fue la disposición de los antepalcos. Estos reproducían una antesala «a lo Felipe IV»: banco de respaldo abisagrado y cestería de hierro, bargueños de nogal y espejo con marco de madera".

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1461032-teatro-cervantes-la-fachada-prisionera

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