sábado, 14 de julio de 2012

Se ofrece en la Sala Piazzolla del Teatro Argentino el cuento musical “Pedro y el lobo” de Prokofiev

Este sábado 14 de julio, a las 15, y el domingo 15, a las 17, en la Sala “Astor Piazzolla” del Teatro Argentino de La Plata, dependiente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, como parte de la programación de las Vacaciones de Invierno, se ofrecerá el cuento musical “Pedro y el lobo” de Sergei Prokofiev.

11-07-2012 - 16:35 | Gacetillas


Dirigirá Bernardo Teruggi, intervendrá como relator Claudio Gallardou y participarán la Camerata Académica y, como músicos invitados, los integrantes de la Orquesta Estable Salvador Guido, Pablo Nalli y Luis Ariel Martino (cornos), Jorge Delgado (trompeta), Salvador Lorenzo (trombón) y Ramiro Dogliolo (timbales y percusión).

Las entradas generales tendrán un valor de $ 20, con un cincuenta por ciento de descuento para jubilados, pensionados y estudiantes. Estarán disponibles en las boleterías del Teatro, de martes a domingos, de 10 a 20, o a través de TuEntrada.com, Tel. 5533-5533 (Capital Federal).

El más paradigmático de los cuentos musicales infantiles

“Pedro y el lobo”, cuento musical para narrador y orquesta, Op. 67, fue escrito por Sergei Prokofiev (1891-1953) en menos de quince días, cuando transcurría 1936. Ese año, Natalia Saz, directora del Teatro Infantil de Moscú, le encomendó una obra pensada especialmente para estimular en los niños el gusto por la música y para familiarizarlos con los sonidos de los diferentes instrumentos que componen una orquesta. El compositor adaptó con ese fin un cuento tradicional ruso que narra como el joven Pedro, con la ayuda de un intrépido pajarito, logra atrapar a un lobo que tiene a todos atemorizados. El estreno se produjo el 2 de mayo de 1936, con la dirección musical del mismo Prokofiev, Natalia Saz como narradora y la participación de la Orquesta Filarmónica de Moscú. En la obra, cada personaje, además de contar con un motivo musical (leitmotiv) característico, es asumido por un instrumento o grupo de instrumentos distintos. Así, las cuerdas representan a Pedro, el fagot al abuelo, la flauta traversa al pájaro, el oboe al pato, el clarinete al gato, los cornos al lobo y los timbales a los cazadores. Demostrando por qué se lo considera uno de los más grandes compositores del siglo XX, Prokofiev no se limitó a escribir una pieza sencilla para niños sino que creó una auténtica obra maestra. Y no fue así sólo por sus notables virtudes didácticas sino también porque logró que palabra y música se fusionaran hasta producir un resultado prodigioso. Por méritos propios, “Pedro y el lobo”, el trabajo que prácticamente inauguró un género, se transformó en referencia insoslayable para los compositores posteriores y acabó convirtiéndose en el cuento musical infantil más interpretado, adaptado y grabado de toda la historia.

La historia narra que en un pueblo de Rusia, donde todos estaban aterrorizados por un lobo que se guarecía en el bosque, vivía un joven pionero llamado Pedro. Habitaba en la casa de su abuelo que trabajaba como leñador. Un día Pedro salió y dejó abierta la puerta del jardín. Apareció un pájaro dispuesto a acompañarlo. Por la puerta entreabierta un pato divisó un estanque y decidió entrar a nadar en él. Al verlo el pájaro le preguntó: “¿Qué clase de ave eres tú que no puedes volar?”. Y el palmípedo le replicó: “¿Y qué clase de ave eres tú que no puedes nadar?”. Irrumpió entonces un gato algo perezoso que sólo estaba pendiente de la posibilidad de engullirse al pájaro. En un instante de descuido, logró atrapar al ave, pero no se la pudo comer. El abuelo de Pedro le dijo a su nieto: “No debes estar afuera porque no es seguro. ¿No escuchaste que anda un lobo suelto?”. Y añadió: “¿Sabes algo sobre los lobos”. “Sé que son muy tenebrosos”, respondió Pedro, quien agregó que él era muy valiente, no tenía miedo y se consideraba capaz de atrapar al lobo. Entonces el abuelo lo llevó de una oreja adentro de la casa y cerró la puerta. Pedro, frustrado, miraba hacia afuera a través de un hueco hasta que, no sin susto, divisó al lobo. El gato trató de treparse a un árbol. Pedro, sorprendido, le dijo al pato que escapase. Pero el pato salió del agua y, dada su torpeza y lentitud de movimientos, fue comido por el lobo. Entre tanto el gato, distraído, sólo se fijaba en el pájaro. Pedro salió por un hueco del tejado con una cuerda y se montó en la rama de un árbol cercano. El pájaro cayó accidentalmente en el hocico del lobo que sin embargo no se lo pudo tragar. Pedro preparó la cuerda y la bajó cuidadosamente hasta que consiguió enlazarlo. El lobo intentó liberarse sin éxito hasta que Pedro, tirando con todas sus fuerzas y temiendo que pudiese soltarse, logró cansarlo. En eso llegaron tres cazadores. Se acercaron sigilosamente y comprobaron que Pedro había atrapado al lobo. Entonces llevaron a la bestia al pueblo y todos celebraron felices el fin del terror. Y hasta el pato, vivito y coleando, logró salir de la panza del lobo, cuac…, cuac…

Fuente. http://www.ic.gba.gov.ar/prensa/noticia.php?idnoticia=23322

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