domingo, 16 de mayo de 2010

Historias de dos escenarios recuperados en la ciudad de La Plata

Leo Ringer

TEATRO LA NONNA

Siguiendo con el recorrido histórico de los teatros y las salas que este medio comenzó en su edición del viernes último, esta vez le toca el turno a dos importantes espacios culturales que, debido a circunstancias muy diferentes, necesitaron de la fuerza, voluntad y solidaridad de sus impulsores y de la gente en general para salir adelante.

Cuando el fuego lo consumió todo, la comunidad del teatro La Nonna de nuestra ciudad supuso que sería muy difícil reabrirlo. Ese martes de diciembre de 2004, un desconsiderado espectador tiró al suelo una colilla de cigarrillo, desatando un fuego que terminó siendo voraz, teniendo en cuenta que la mayoría de los materiales que componían la sala eran cartones, maderas, y telas.

Todo se consumió en poco tiempo. Sin embargo, como su director, Leo Ringer, dijo más de una vez, el episodio sirvió para mostrar el lado solidario de gran cantidad de platenses, que brindaron apoyo emocional y material para acelerar la reconstrucción del lugar. La inauguración formal fue a finales de 2007, aunque la sala principal ya funcionaba desde pocos meses después del incendio.

La casona, ubicada en la esquina de 3 y 47, había sido el hogar de María Teresa La Serna, la abuela de Ringer ­de ahí el nombre del teatro-, y fue allí donde la mujer crió a sus cuatro hijos, todos ellos casados años más tarde con artistas.

Aunque funcionaba desde 1972 como “Leolandia”, teatro para chicos, con el nombre La Nonna abrió sus puertas en 1991, con Pipo Pescador e Iris Marga como padrinos. Para la ocasión, hubo suelta de globos, de palomas, y fuegos artificiales.

El teatro tiene cinco pisos, tres salas, y un Museo del Teatro, en donde se exhiben trajes, calzados y accesorios de figuras de la escena nacional como Lidia Lamaison, Violeta Rivas, Iris Marga, Linda Peretz, Pipo Pescador, Georgina Barbarrosa, Nora Cárpena, Carlos Perciavalle, Natalia Oreiro, Mirtha Legrand, Edda Díaz, Susana Giménez y Moria Casán, entre otras. También hay un espacio de fotografía, y otro para fiestas infantiles.


SALA "ARMANDO DISCEPOLO"


Sacco & Vanzetti - Sala Armando Discépolo (Fotografía Fernando Massobrio)

Por medio de un juicio de expropiación, el Teatro de la Comedia de la Provincia había perdido su querida sala Pablo Podestá, en 47 entre 7 y 8. Fue en 1967, y durante los primeros días de la década de 1970 y hasta la dictadura, la Comedia deambuló por diferentes salas hasta que, bien entrado el gobierno de facto, se quedaron sin lugar, y la parte técnica comenzó a funcionar en un galpón frente al Mercado de Frutas y Verduras de La Plata. Allí también instalaron un humilde escenario para que los actores puedan ensayar.

Los trabajos y las presentaciones fueron creciendo cada vez más a lo largo de los ‘90, hasta que, en el año 2000, se convirtió en “El Galpón de la Comedia”. Sin embargo, la necesidad de tener una sede seguía apremiando a los empleados de la Comedia, quienes pusieron manos a la obra para concretar el sueño de la sala propia, que perseguían desde hacía 25 años.

Así, pronto se consiguió el local de calle 12 entre 62 y 63 que, por entonces, pertenecía a la Dirección General de Escuelas, y estaba en estado de abandono. Un lustro después, el 10 de julio de 1998, se inauguraba la Sala Armando Discépolo, con la presentación de la obra El Organito, del dramaturgo que le da nombre.

Siete años después de su apertura, la sala tuvo que cerrar, producto del endurecimiento de los controles en sitios que convocan público que tuvo lugar luego de la tragedia de Cromañón. Así, durante otros tres años, el teatro permaneció cerrado, mientras se hacían en su interior las refacciones necesarias para ser habilitado nuevamente.

Mientras tanto, la Comedia funcionó en la Sala Astor Piazzolla, además de recorrer distintos lugares de la provincia de Buenos Aires. Una vez más, era necesario poner manos a la obra para volver a tener el lugar propio y tan esperado.

La reapertura definitiva, en 2008, contó con la presencia de autoridades provinciales y locales, el productor teatral Carlos Rottemberg; y los actores Rubén Stella, Juan Palomino, Amelia Bence y Linda Peretz. Esa vez, el estreno también lo tuvo a Discépolo como protagonista, con su obra Babilonia (una hora entre criados), dirigida por Norberto Barruti.

Lo que no mata fortalece

Las experiencias malas no son necesariamente negativas -al menos cuando pasa el momento del “shock” inicial- y la mayoría de las veces entrañan, como mínimo, aprendizajes muy valiosos que les servirán a los protagonistas para toda la vida.

Entre muchos otros ejemplos más, La Nonna y la Sala Discépolo son dos casos en que lo terrible da lugar a los mejores descenlaces.

Fuente: Hoy

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