martes, 25 de marzo de 2025

Magnicidio

 

Por María del Rosario Goñi

Calígula. Dramaturgia de Albert Camus. Dirección de Gastón Marioni. Con Nicolás Montenegro, Carolina Cremonte, Sebastián Liscia, Ramiro Pedini, Franco Santoro, entre otros. Crédito de imágenes: gentileza de obra

En Teatro Estudio de las Artes. Calle 3 N 386 e/ 39 y 40 La Plata. Funciones: viernes 28 y sábado 30 de marzo de 2025, 22,30 y 20,30 horas respectivamente.

El drama Calígula fue la primera pieza de teatro escrita por Albert Camus en 1937. Sin embargo, fue estrenada recién en 1945, tras el colapso social, político y económico como consecuencia de la Segunda Gran Guerra. Es una obra pionera en la producción del autor denominado el ‘ciclo del absurdo’ y por ello explora el destino trágico del ser humano en un contexto adverso y opresivo. Camus, al dramatizar estos eventos, no solo denuncia el despotismo de Estado sino que aboga en el deseo desesperado de encontrar sentido a un mundo que parece haberlo perdido. De este modo, la obra inmortaliza la angustia colectiva en tiempos aciagos.

Tomando este texto como punto de partida, Gastón Marioni reinterpreta el clásico de Camus y resignifica la historia en clave contemporánea nacional. Cayo Julio César Germánico conocido como Calígula fue el tercer emperador romano. A partir de la muerte de su hermana y amante, Drusila, se transforma en un tirano cruel y despiadado en la conducción del Imperio. En aras de sus delirios descabellados, el dictador condujo a su pueblo a la extrema pobreza y lo sometió a un terror sin límites mediante persecuciones y asesinatos caprichosos. En esta versión, el conflicto reside en la intolerancia de un mandatario que no escucha las necesidades de su pueblo y así produce ecos que resuenan con los debates contemporáneos de índole nacional en torno a la justicia por la distribución de la riqueza, una reflexión profunda por los impactos sociales que producen las decisiones de líderes políticos y el deseo frustrado del pueblo de caras a un sistema que no admite réplicas.

El elenco actoral, por cierto numeroso, se reacomoda en diversos roles conforme las necesidades que el texto dramático impone. Un vigoroso Calígula (Nicolás Montenegro) se apodera del escenario con un aura de violencia que torna imposible apartar las miradas. El protagonista sostiene la tensión dramática con estratégicos matices solo para mostrar la perturbación de un atormentado gobernante. Destaca en su carácter opositor, Quereas de la mano de Sebastián Liscia, quien imprime valores de justicia y razonabilidad a un tiempo que ha perdido la cordura. El joven criado, poeta y amante de Calígula (Escipión), en el cuerpo de Ramiro Pedini profundiza el tormento de quien ama y repudia con la misma intensidad. Un viejo patricio (Franco Santoro) será quien se acomode a las circunstancias conforme sus propios intereses de clase. Mientras que un manto trágico invade la escena mediante el canto de la actriz Carolina Cremonte con presagios de muerte y desdicha.

La dirección a cargo de Gastón Marioni convierte el escenario en un campo de batalla. Vastos recursos escénicos dotan la puesta con sobrado dinamismo visual. El parloteo del pueblo preocupado emulado por brazos revestidos en medias o la fusión con el género clown, con colaboración de Augusta Bermúdez, satiriza con acciones payasescas el absurdo que promueve un texto soberbio. Este trabajo coral refuerza la complejidad de la obra: temor y poder, lealtad y traición, libertad y represión se entrelazan en cada interacción. El vestuario a cargo de Martina Cohen Imach destaca por su estética de la decadencia.

Calígula, en tanto obra artística, se convierte en espejo crítico que cuestiona un sentido del tiempo en el que la decadencia se reconoce de inmediato en lo salvaje, lo intolerante y lo indiferente. Así, el absurdo es, asimismo, lo inadmisible, lo que no podemos comprender y lo que no podemos justificar. En una coyuntura política que no admite el disenso, que castiga a quienes piensan distinto, la pieza teatral se construye como una invitación a la sabiduría en la elección popular como remedio para desafiar las estructuras opresivas que mengüen la dignidad personal.


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