ESPECTÁCULOS | DESTACADO DE LA CARTELERA
Glenda Pocai escribió y protagoniza un unipersonal que navega por la obra de Marosa Di Giorgia y Clarice Lispector
María Virginia Bruno
En su debut en la dramaturgia, la actriz Glenda Pocai (30) acaba de estrenar en la cartelera platense “Como un jardín eterno”, unipersonal que también protagoniza y que, bajo la dirección de Rocío Passarelli, se presenta como un viaje de fantasía entre el mundo surreal, érotico y la naturaleza, donde se cuelan textos de Marosa di Giorgio y Clarice Lispector.
Aunque tiene dos experiencias en el unipersonal, un formato al que considera como “el acto más revolucionario de todos”, Glenda desmarca del resto a “Como un jardín eterno” , una obra que “significa bastante” en su trayectoria artística por varias características.
No sólo por la duración más extensa y el formato “obra” sino, sobre todo, por cómo la encuentra este presente, consolidada como actriz, tomándose la carrera “profesionalmente”, una palabra que no le termina de convencer pero así lo siente, por verse “trabajando más en lo fino”, en cada detalle, con el peso de la responsabilidad a flor de piel.
Como tantos otros proyectos, la semilla de su obra “nace en medio de la pandemia por el deseo y la abstinencia de salir a actuar a las tablas”, dijo en diálogo con EL DIA.
Encerrada en su habitación, parada frente al espejo, se encontró pensando y diciéndose, que ya había sido suficiente, que era tiempo de “empezar a probar y a escribir” porque entendió que “la única manera que tenía de actuar en ese momento, era actuar sola”.
Glenda, que también es locutora y que escribe poesía desde que recuerda, debuta en este material como dramaturga, un terreno que le resultó interesante de explorar, en tanto, por primera vez, se encontró “escribiendo algo que después iba a actuar” porque, aseguró, no se imaginó otro cuerpo haciéndose carne en estos textos rotos.
“Como un jardín eterno”, nombre que apareció con el proceso avanzado, en medio de una de las tantas jornadas de improvisación alrededor del material, comenzó siendo un puñado de poemas en los que Pocai se propuso trasladar al papel algunas imágenes de Marosa di Giorgio, una de las tantas poetas que le gustan.
La actriz reveló que siempre que encuentra afinidad con algún autor hace el ejercicio de tratar de escribir familiarmente, es decir, tratando de representar “algo de su mundo poético”, y en eso estaba con la escritora uruguaya cuando se topó con un libro de Clarice Lispector, “Agua viva”, que le hizo sentir que ya había encontrado el rumbo. “Ahí vi la escena. Dije ‘esto es muy teatral’”.
En ese momento, los poemas dejaron de ser poemas y empezaron a ser las puntas de su primer material dramatúrgico, un material fragmentado que tiene una estética muy plástica y fotográfica, casi como “una contemplación de una obra de arte”.
Un taller de pintura que realizó durante la cuarentena le sirvió para probar con colores en flores y delinear una puesta poética que tiene mucho de surrealismo, de erotismo, de fantasía pero también de plantas, muchas plantas, a lo Marosa.
Si bien la obra presenta toda una parte “muy bella”, dado por la magia y las formas tan sensuales y oníricas que la naturaleza aporta, también hay “una parte de locura, súper retorcida, algo oscuro solapado sobre el brillo que tienen las flores”.
Entre azules aterciopelados y magentas, la pieza muestra a una “actriz y dramaturga que está buscando las imágenes y las palabras para poder componer y escribir una obra”; una actriz en medio de una crisis creativa que va develando el mecanismo de actuación, “porque sale y entra todo el tiempo, buscando las imágenes perfectas, pero se arrepiente y borra y vuelve a empezar”.
En el escenario, una actriz y dramaturga en crisis busca las palabras perfectas para escribir su obra
Es su personaje, aseguró Pocai, una “actriz que está luchando mano a mano con ella misma”, enfrentándose a su “monstruo, su bestia, que le traba la sintaxis” y no la deja escribir.
Y es, también, un poco (bastante) ella y otros tantos artistas que, como su personaje, sintieron que sus casas fueron sus cuerpos, caparazones que les permitieron vivir aislados del aislamiento.
Glenda, que es una de las protagonistas de “Alma y Nervio” -la obra dirigida por Fernanda Pintos que ofrecerá este viernes su última función en la ex Fábrica CITA-, espera que el público que visite su jardín se quede quizás con la parte poética, lúdica y fantástica que lo caracteriza, aunque también le interesa que se deje atravesar por “la libertad de esta persona, esta actriz, que, aunque no encuentra las palabras, puede crear igual”.
Con vestuario de Consuelo Fuertes e iluminación y objetos de Anabella Muñoz Candia, “Como un jardín eterno”, ofrecerá sus dos últimas funciones este domingo 21 de noviembre y el domingo 5 de diciembre a las 21 en La Caipo, 9 entre 58 y 59. Entradas por Alternativa Teatral.
Fuente: Diario El Dia de La Plata</span></div>
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