jueves, 7 de marzo de 2013

Celeste Cid se confiesa

07 MARZO 2013

La actriz protagonizó una nueva producción para una firma de ropa y transita un gran momento profesional y personal

Foto: Fernando Carrera





El piso 34 de una torre en Puerto Madero es el lugar elegido para la producción de fotos. Puertas adentro, más de veinte personas –entre peinadores, maquilladores, estilistas, fotógrafos y agentes de marketing– esperan a Celeste Cid (29) para empezar con la campaña otoño-invierno 2013 de Allô Martínez. Los inmensos ventanales del living circular dejan ver las postales más emblemáticas de Buenos Aires. La Casa Rosada, los edificios del microcentro, los diques, la cancha de Boca y el cielo nublado parecen invadir el ambiente. La ciudad funciona como una perfecta escenografía. A las tres de la tarde en punto llega Celeste, saluda a todos con un beso y se pone en manos de los especialistas. La protagonista de Sos mi hombre está viviendo un momento especial, de mucha calma, que se nota en su mirada: sus ojos tienen un brillo único y su sonrisa no pide permiso para volverse protagonista.

–¿Cómo vivís el rol de modelo?

–Me divierte, aunque, al mismo tiempo, me lo tomo muy en serio. Básicamente, siento que cualquier prenda que me ponga me tiene que representar de algún modo. Soy consciente de que no tengo un cuerpo de modelo… ¡Mido un metro sesenta y uno! [Se ríe]. Siempre trato de sentirme cómoda con lo que llevo puesto. A veces me pasa que veo un vestido bellísimo en un desfile y después, cuando me lo pruebo, refleja otra realidad: definitivamente, me doy cuenta de que no es para mí. Es difícil encontrar prendas que te gusten, sean líndísimas, accesibles y encima te queden bien. Pero cuando finalmente sucede, te sentís una bomba. O, por lo menos, la mujer que sos y querés que el resto del mundo vea.

–¿Por qué aceptaste ser la cara de Allô Martínez?

–Soy una verdadera fanática de su ropa. Me gustan mucho sus telas. La colección pasada, por ejemplo, usaron plisados muy originales que a mí me encantan. Los diseños son delicados, elegantes y aportan un toque rocker con el que me siento identificada.

–A la hora de elegir tus outfits, ¿cuánto influye tu estado de ánimo?

–Muchísimo. Mi humor se ve reflejado en lo que llevo puesto. Cada prenda que elijo me define, refleja un momento. Cuando estoy mal o enroscada, en vez de elegir colores oscuros, me voy al rojo, a las flores, las rayas… ¡cualquier cosa! Todo junto y mezclado, como para mostrar ese caos interior. En la actuación pasa algo similar. Hace poco tenía que hacer una escena en la que mi personaje iba vestido muy formal, con rodete, todo muy rígido, y tenía que preguntar: "¿Qué pasó?". Esa simple pregunta tuvo una carga completamente distinta si la hubiese dicho con el pelo suelto y una pollera larga. Woody Allen decía que el 50 por ciento de los personajes tiene que ver con el vestuario. Y es absolutamente cierto.

–¿Tenés alguna prenda fetiche?

–Me vuelven loca los zapatos. Y también las prendas con lunares, rayas, los floreados... Los monos se convirtieron en mi salvación. Con una sola pieza ya estás vestida.

–¿Cuáles son tus colores favoritos?

–[Piensa]. Tengo épocas... Me gustan los saturados, los pasteles, los morados. De repente, también me divierte combinar colores, como el fucsia con el naranja o el rojo con el fucsia.

–¿Te considerás una mujer a la que le gusta producirse?

–Mi hijo André me dice todo el tiempo que soy coqueta. El otro día me estaba retocando las pestañas y me dijo: "¿Para qué te arreglás tanto si estamos los dos solos?"

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