domingo, 28 de febrero de 2010

De las tablas de La Plata a los sets de Buenos Aires


Surgida de la cuna del teatro, el presente de Julieta Vallina promete un futuro de grandes productos artísticos respaldados por un pasado de mucho trabajo y formación. De los escenarios independientes platenses a los sets de Telefe.

Textos: María Elina Silvestri
marias@diariohoy.net

Una ciudad se desvanece. La inmensidad que resulta tentadora y alberga un mundo de posibilidades, de pronto se convierte en un cubo asfixiante. No porque ya le quede chica, al contrario.

Pueden caber en ella todos los recuerdos de una infancia frente al televisor o en la butaca de un cine al que acompaña a su padre, crítico de cine, a desmenuzar sin piedad un lenguaje que marcó su vocación de actriz.

La ciudad se desvanece y resulta diminuta cuando otras ciudades, otros mundos de oportunidades, aparecen por la puerta de lo cotidiano para romper con las estructuras y plantear nuevos desafíos.

La ciudad se vuelve ausente, como en esa obra de Ricardo Piglia que en el teatro La Fabriquera abrió las puertas de nuevas “ciudades” para Julieta Vallina. Nuevas ciudades que esperaban ser descubiertas, construidas, enmarcadas en un espacio que puede ser tan inmenso o tan pequeño como aquel que cada uno aprenda a moldear a su paso.

Todo suma “Mi primer laburo importante fue Monteverdi método bélico, que fue un espectáculo que yo hice como actriz invitada del grupo Periférico Objeto. Daniel Veronese me había visto en Eterna, dirigida por Laura Valencia, y que era una adaptación de “La ciudad ausente”, de Ricardo Piglia. Lo estrenamos también en Bélgica. Fue la primera vez que viajé a Europa. Era una ópera contemporánea, una mezcla de actores, músicos y cantantes que interpretaban temas de Monteverdi y del barroco y fue una experiencia muy potente digamos”, cuenta Julieta con la nostalgia de quien guarda, retenido en la memoria, aquel preciso instante en que todo cambia.


Otro puente se lo tendió Belén, un personaje que le permitió saltar de las tablas al set de televisión de la mano de una ficción que sacudió las telarañas de una conciencia social adormecida, siempre expectante por aquel sacudón que la devuelva a la vigilia.

El teatro le dio la continuidad laboral necesaria para mantenerse en el circuito laboral y encontrar que, desde el foro, unos ojos atentos la miran más allá del personaje. “A pesar de que había hecho muchos castings para tele, la oportunidad llegó de la mano del guionista de Vidas Robadas, de Marcelo Caamaño. Fue muy bueno el proyecto de Vidas Robadas desde el comienzo”.

El repentismo de improvisar, muy diferente a los tiempos de ensayo y pulido del teatro le aportó una nueva dinámica a la profesión que tuvo, en Soledad Silveyra, el mecanismo de relojería exacto para poder internalizar los nuevos compases del lenguaje televisivo.

“Soy muy crítica conmigo misma. La última vez, la última participación que tuve en Botineras, empiezo a sentir que no estoy tan preocupada por lo técnico, sino que puedo soltarme más. En el teatro siento como mucha seguridad porque también tuve oportunidad de hacer muchos espectáculos, entonces uno empieza a sentir como que es su casa, su lugar conocido. Pero igual, en esta última experiencia ya me sentía mucho más suelta y eso está bueno. Me parece que cuanto más uno haga, más acumula”, dice.

ADN cultural Julieta Vallina es hija de Carlos, crítico de cine y docente cinematográfico. Será, acaso, por esa influencia cultural que su decisión de dedicarse a las artes no causó revuelo ni resistencia en su familia.

“Yo creo que lo que da la familia es cierto bagaje cultural. Yo tuve el deseo de ser actriz a partir de la cantidad de cine que ví desde chica, que era el resultado de acompañarlo a él tantas veces al cine porque él tenía que hacer crítica. Veíamos, también, mucho cine en casa y mucho cine arte, siendo muy chica.

Y creo que eso fue una gran influencia para mí. De hecho, cuando estaba terminando el secundario e internamente decidí que quería ser actriz, mi deseo tenía mucho más que ver con hacer cine porque no había visto mucho teatro en mi vida, porque no íbamos mucho al teatro”.

Cursadas apelmazadas durante las mañanas en la carrera de Plástica en la Facultad de Bellas Artes de La Plata y, por las tardes, clases de Formación Actoral en la Escuela de Teatro de la Universidad. “Finalmente, era más fuerte el deseo de ser actriz, ¿no? Pero me encanta la plástica. Me encantaría en algún momento volver a retomar eso porque me parece fascinante. Es más, de vez en cuando, dibujo, pinto“ confiesa.

Aquella que fue y ya no será “No, nostalgia no”, dice convencida de no añorar las pieles que alguna vez supo vestir y que le permitieron vivir varias vidas en su corta vida. “Tengo algunos personajes que me dieron muchas satisfacciones. Uno es el de Eterna, el espectáculo en que me vio Daniel Veronese. Fue muy fuerte esa obra porque tuvimos una elaboración de cuatro años, de mucho ensayo y mucha investigación.

Y tengo obras que recuerdo con muchísimo cariño, como Mujeres soñaron caballos y Un hombre que se ahoga, la versión de Tres hermanas de Chejov, en donde estaban intercambiados los sexos de los personajes. La Plata, domingo 28 de febrero de 2010 19

Los personajes femeninos los hacían los varones y los masculinos, las mujeres. Y a mí me tocó el personaje de Andrei, el hermano de las tres hermanas y fue como muy querido porque es de esos personajes que uno siente que entiende más o que le sale más fácilmente”.

Julieta destila cordialidad. De esa que se aprende en las calles de ciudades pequeñas, con tardes de veredas al sol en las que lo único que se diluye es el tiempo, y lo que quedan son los recuerdos y las compañías.

Lo único que perdura, cuando la ciudad se desvanece, es lo que uno haya hecho con esa vida. “Me parece que cuanto más uno haga, más acumula”.

Breve Julieta Está casada con el actor Guillermo Arengo, que el año pasado protagonizó al hermano de Julio Chávez en Tratame Bien. Tiene una hija, Adela, de 4 años. Participó de la obra Raíces hasta noviembre. Actualmente, se está preparando para el estreno de “El pasado es un animal grotesco”, con texto y dirección de Mariano Pensotti, en la Sala Sarmiento del Complejo Teatral San Martín.

Fuente: Hoy

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