martes, 7 de marzo de 2006

Nacha Guevara & Dolores Fonzi: Angeles sin alas

REVISTA GENTE | 07/03/06 | Sección Diosas | Edición N° 2120

  “Los hombres se sienten amenazados por las mujeres audaces”


Protagonizaron los desnudos más importantes del 2005. A los 65 años, Nacha Guevara descubrió en El graduado su cuerpo sobre el escenario. Y Dolores Fonzi, con tan sólo 27, se convirtió en la primera conejita argentina del nuevo milenio. Juntas –y sin ropa– para GENTE, se definen como dos mujeres audaces. Y disparan: “Es más fácil desnudarse ante mil personas que en la intimidad”.





Nacha Guevara (65) y Dolores Fonzi (27) fueron amantes. Compartieron cama en la ficción de Disputas. “Imposible olvidarlo”, coinciden. Fue la primera escena que grabaron juntas.

Dolores: Fue todo muy trash. Grabamos en un hotel del Abasto, con Adrián Caetano. Lo más curioso es que en aquella escena no se vio nada, pero fue tan sugestiva que muchos la recuerdan aún hoy. Sin dudas, fue mucho más fuerte que cualquier otro desnudo que haya protagonizado.

Nacha: Eran las siete de la mañana. Teníamos que hacer una escena de cama frente a dieciséis personas que no conocíamos. Yo le dije a Dolores: “Me voy a tener que tomar un whisky para enfrentar esta escena”. Y ella me contestó: “Yo también”. Brindamos juntas y recién entonces empezamos a grabar. ¿Acaso pensás que puedo llegar a un set, decir “buenas tardes” y sacarme la ropa como si nada?

Nacha Guevara alguna vez reflejó en Playboy. Fue “un sueño hecho realidad”, de acuerdo al título de tapa. Luego protagonizó un generoso desnudo en la revista Interviú. “60 años no es nada”, concluyeron los editores españoles. Y, durante el 2005 descubrió su cuerpo para interpretar a una exquisita Mrs. Robinson en El graduado. Mientras tanto, Dolores Fonzi descubrió su escote en la filmación de Plata quemada. Luego mostró lo más profundo de su espalda en una película rosarina cuyo título ya no recuerda. Y el año pasado se convirtió en la primera conejita argentina del nuevo milenio.

Hace minutos, Nacha Guevara y Dolores Fonzi protagonizaron una producción fotográfica en el estudio Machado-Cicala. Por primera vez posaron juntas para GENTE. Y desnudas. Continúa la entrevista. Dolores habla de los desnudos y los pudores: “Hay algo de vergüenza. Yo acepté convencida hacer la tapa de Playboy, pero cuando tuve que sacarme la ropa sentí un poco de pudor. Esa primera barrera es bastante fuerte”, define.

–Las imaginaba más desinhibidas…

Nacha: Soy una mujer muy tímida. Doy muchas vueltas antes de hacer algo así. Me pongo muy insegura, digo que sí y después me arrepiento… Pero una vez que las fotos están dentro de la cámara, ya nada me perturba. Ni lo que digan ni lo que callen.

–¿De dónde surgen esas inseguridades?

Nacha: Todos las tenemos. Cualquier producción puede resultar una cosa muy bella o un mamarracho. Y más aún las que incluyen desnudos. Es necesario que estén las personas indicadas: fotógrafo, productor, maquillador, peinador… Es un trabajo muy delicado. Hasta que no está el equipo que pretendo, no me decido.

–¿También tuvo en cuenta que iba a posar junto a una chica más joven que usted, como Dolores?

Nacha: Se me cruzó por la cabeza. Es evidente que tengo muchísimos años más que ella. Dolores es una chica preciosa. Pero confiaba mucho en lo que podíamos lograr juntas. Además, con Dolores tenemos la familiaridad suficiente para sentirnos cómodas frente a cámaras. Lo pensé y dije: “Hagámoslo igual, porque puede ser bueno para el programa y para nosotras dos”.

–Le agradezco su sinceridad. Pensé que iba a contestar que no reparaba en ese detalle.

Nacha: ¿Cómo no me va a importar? Yo no soy una persona de plástico que vive en una irrealidad. ¡No me tiro besos cada vez que me miro al espejo! Pero mi ojo está entrenado para encontrar las cosas que no están bien, y arreglarlas. Se dónde está la belleza.

–Dicen que todas las mujeres tienen complejos con su cuerpo.

Nacha: ¡Todas! Incluso las más jovencitas. O no nos gusta cómo tenemos la panza, o los brazos, o las piernas…

Dolores: Es así. Pero en el momento en que aceptás pararte frente a cámara, cualquier complejo pasa a segundo plano. Además, después queda en manos del fotógrafo poder perfeccionar lo que haga falta a través del photoshop.

–Deduzco que estos complejos no las inhiben de posar desnudas.

Dolores: Cero. No me importa demasiado.

Nacha: Es parte de nuestro trabajo. Un buen actor puede aparecer bello o sexy aunque no lo sea. O, como dice De Niro: “Los buenos actores pueden salir a la calle sin que nadie los reconozca. Pueden actuar de anónimos”. Un buen actor tiene el privilegio de hacerte creer cosas que no son.

–Dolores, ¿la sorprendió el llamado de Playboy?

Dolores: Sí, mucho. Nunca imaginé que me iban a elegir para su primera tapa. Por lo general, las chicas Playboy tienen muchas curvas, medidas grandes… Y, voy a decir una obviedad, pero yo no tengo un cuerpo exuberante. Creo que al llamarme a mí asumieron un riesgo. Tal vez en Playboy hoy enfrenten el desafío de mostrar desnudos femeninos apartándose de la desnudez barata que hoy aparece en todos lados.

–Hasta hace poco, eran muy pocas las actrices que se animaban a quitarse la ropa frente a cámaras.

Nacha: ¡Ahora se animan todas! Las mujeres ya no le tienen miedo a los desnudos. Aunque hay formas de hacerlo… 

Dolores: Hoy le piden a cualquiera que se desnude. ¡Si aparecen todas en bolas todo el tiempo! Aunque este fenómeno logró que hoy sea menos chocante ver a una mujer sin ropa.
Nacha: Yo no busco provocar ni lo hago para hacerme la sexy. Me interesa divertirme, sacar una buena experiencia del momento. Y que sea lo más armonioso y bello posible.

–¿Qué les produce recibir convocatorias para este tipo de producciones?

Nacha: Es raro, ¿no? A esta edad, en este momento de mi vida. ¿Una caricia al ego? Si muchas veces llaman a cualquiera… Y eso ponélo, por favor.

Dolores: Siempre que posás para una foto, vestida o desnuda, te volvés el centro de atención. Sos el objeto mirado y eso te hace sentir bien. Pero cuando termina la producción me quiero ir a mi casa. ¡Tampoco soy la mina que juega a ser sexy todo el tiempo!

Nacha: Es imposible hacerse la sexy. Es como el sentido del humor, como el glamour: se tiene o no se tiene. Nadie te puede enseñar a ser sexy. Pero yo me desentiendo del tema. Las fotos tal vez resulten sexys, pero no es mi objetivo.

–El año pasado se habló mucho de su desnudo en El graduado, Nacha.

Nacha: Hablaron mucho al principio, pero después la actuación le ganó al desnudo. Yo sé lo que genera una actriz sin ropa sobre el escenario, aunque a veces me sorprende: ¡estamos en el siglo XXI! No es algo tan misterioso: todos hemos visto a alguien desnudo. El graduado fue una experiencia muy liberadora. Fue en vivo, durante casi un año… Pero te voy a decir algo: es mucho más fácil desnudarse frente a mil personas que frente a una sola. En el escenario estás protegida, con la luz que corresponde y conocés cada movimiento. Es más fácil eso que tener intimidad ante alguien. No tengas dudas: exponerse ante una sola persona es más traumático.

Dolores: Cuando actuás, tu cuerpo ya no te pertenece.

–Usted sabe que la mayoría de los hombres somos bastante más primitivos y no entendemos estas sutilezas…

Dolores: Sinceramente, poco importa. Yo hago la foto, pero después no me hago cargo de lo que sucede. Aunque la respuesta en la calle fue muy buena. Y las mujeres me tiraron la mejor onda. Están las que nunca se animarían a algo así y las que se enorgullecen porque una se animó. Quizá, como tengo un cuerpo más normal, casi referencial, muchas piensen: “Yo también podría estar ahí”.

–¿Qué pasa con sus hombres luego de estos desnudos?

Dolores: No tengo novio. Y papá no vio mis fotos en Playboy. ¿Por qué? No tengo ni idea, jamás hablamos del tema. Mamá las aprobó y a mis hermanos les gustaron. No fue una movida tan grande. Cuando les conté que iba a hacer Playboy, se imaginaron que iba a aparecer como una conejita. Fue un shock: “¿Qué vas a hacer? ¡Estás loca!”. Pero cuando vieron las fotos se calmaron.

Nacha: Como no tengo pareja, nadie me hace reproches. Pero las cosas que he hecho han sido muy cuidadas y no me avergüenzan. No es que escondo las fotos debajo de la cama para no verlas nunca más.

–¿Cuáles son sus límites frente a un desnudo?

Dolores: No se trata de cuánto se ve, sino de la actitud que ponés en la foto. Lo importante es saber qué es lo que una quiere transmitir.

–Luego de haber sido amantes en Disputas, ahora serán madre e hija en la ficción de El tiempo no para…
Dolores: (Interrumpe) Y vamos a disputarnos el corazón del mismo hombre. ¿Si es creíble? Yo me re-creo la historia. Ya no hay una edad que limite el amor o la pasión.

Nacha: Mirá, cuando hicimos El graduado las diferencias de edades se extremaron muchísimo. Benjamín daba muy baby… Pero cuando salía del teatro me encontraba muchas parejas así. Las edades hoy están muy desdibujadas.

–¿Me equivoco si las presento como dos mujeres audaces?

Dolores: Soy una chica audaz. ¡Pero no por sacarme la ropa para una foto! Montar una productora sola, a los 27 años, fue un paso mucho más audaz que desnudarme.
Nacha: Desnudarse no es nada del otro mundo. Hoy vivir es una audacia. Y todas las mujeres somos audaces.

–Por último, ¿los hombres toleran a una mujer audaz a su lado?

Dolores: No todos. Hay que encontrar al tipo indicado. El riesgo no es para todos.
Nacha: Los roles cambiaron después de los 50. Nosotros pertenecemos a generaciones de transición que están buscando una nueva forma de relacionarse. Hay que reacomodar los roles. Los hombres hoy se sienten amenazados por las mujeres audaces, pero la mujer también tiene que evaluar hasta dónde es feliz estando tan expuesta. Yo supongo que en el futuro los dos sexos van a asumir sus partes femeninas y masculinas. Y cuando esto ocurra, las relaciones van a dejar de ser una batalla.

por Jorge Martínez Carricart
fotos: Estudio Machado-Cicala
producción: Gabriela Díaz y Estefanía Allende
(agradecimientos Nacha Guevara: peinó Joaquín Persson con productos Kerastase
y maquilló Irene Paré de Buenos Aires Make Up. 
Agradecimientos Dolores Fonzi: maquilló Victoria 
Santillán y peinó Sergio Lamensa. Agradecemos a Miguel Romano, Claude Benard, 
Susila Tantrik y Luna Garzón)

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