martes, 30 de julio de 2019

Adiós a Roberto Conte: el químico que le dedicó su vida al teatro

ESPECTÁCULOS | PESAR EN LA COLONIA ARTÍSTICA LOCAL

Con más de sesenta años de profesión, entre la docencia, la interpretación y la dirección, falleció ayer, a los 90 años

ACTOR, DOCENTE Y DIRECTOR, ROBERTO CONTE FALLECIÓ AYER A LOS 90 / ARCHIVO

Un aplauso, maestro. Así, seguramente, le hubiera gustado que lo despidan a Roberto Conte, fallecido ayer a los 90 años, porque su vida, se cansó de decir, fue el teatro, una pasión que solía definir como “una enfermedad sin cura” y que llevaría adelante hasta sus últimos días, como ocurrió.

Actor, docente y director teatral, Roberto Conte recibió el año pasado la distinción de Personalidad Destacada de la Cultural Platense por su reconocida trayectoria en el ámbito teatral, con más de sesenta años, tanto abajo como arriba de los escenarios.

Conte, que durante las últimas tres décadas fue el director del grupo de teatro del Colegio de Abogados, en donde ha dirigido numerosas puestas, había nacido en 1929 en Santa Fe y compartió su juventud con compañeros de ruta que se convertirían en grandes personajes de la cultura nacional. “Yo soy de la generación de Miguel Brascó, Ariel Ramírez, Fernando Birri, Paco Urondo, José Pedroni, y gente de teatro como José María Paolantonio y Carlos Páez”, le había contado a EL DIA. Además, en su militancia socialista de aquellos años, trabajó codo a codo en la Universidad de Santa Fe con quien más tarde se convertiría en un gran dirigente socialista: Guillermo Estévez Boero.

De su paso por la Universidad de Santa Fe guardaba el diploma de Doctor en Química, profesión que jamás ejerció. “Mi papá me decía: o estudiás o trabajás, porque con el teatro te vas a morir de hambre”, recordaba.

Pero en aquella ciudad llena de personalidades, un visitante signó la vida de Roberto Conte. “En medio de un clima de mucha creatividad, la gran maravilla para todos los que amamos el teatro fue la llegada Oscar Fessler para crear la Escuela de Teatro de Santa Fe, que tuvo una gran repercusión, y no brindó a muchos de nosotros la posibilidad de comprender más profundamente el teatro”, señalaba.

Al teatro llegó de casualidad y lo contaba siempre con una anécdota graciosa. “Era adolescente y vi pasar una chica preciosa y ¿qué iba a hacer? La seguí hasta que se paró e hizo una cola. Y yo también me quedé en esa fila, sin saber para qué era, hasta que me di cuenta que se anotaba en un grupo de teatro de una unidad básica peronista. Y yo era socialista, imagínese, pero me anoté igual”, relataba, con su gracia característica, una historia que tuvo un final feliz: sin el amor de la chica pero enamorado, por y para siempre, del teatro.

A mediados de los años cincuenta, la situación del país cambió y Santa Fe no se mantuvo ajena a este panorama. Aquel grupo de hijos dilectos debió buscar nuevos horizontes. Muchos de ellos lo encontraron en Buenos Aires, como Roberto Conte.

“Como había egresado de la Escuela de Teatro de Santa Fe, Fessler me invitó a sumarme como docente en el Instituto Superior de Teatro de la Universidad de Buenos Aires. Así que vendí mi casa y me fui a capital federal”, contaba, como paso previo a la llegada a nuestra ciudad.

En La Plata, convocado por Pipe Herscovich, dirigió en los 60 “Ardiente noche de verano”, el puntapié inicial de un romance con la Ciudad que lo adoptó y en la que labró una exitosa carrera que lo tuvo arriba y abajo del escenario, además de haber dirigido la Comedia de la Provincia y la Escuela de Teatro, una entidad en la que entró con una matrícula de noventa alumnos y la que dejó con más de 2000.

Aquel año, Roberto recibiría uno de los premios que más orgullo le daban. En el marco de una esperada presentación de Alberto Cortez en el Coliseo Podestá, el poeta le entregó en manos el premio Pepino de Oro, con el que se reconoció su trayectoria y labor cultural; una distinción del teatro municipal y el Club Gente de Teatro que a Roberto siempre lo emocionó.

Profundo admirador de Alfredo Alcón y Juan Carlos Gené, por haber vivido ideológicamente para el teatro y no de él, Roberto sostenía que “el amor por la actuación es más importante que la actuación” por lo que, para él, valía más ser “una buena persona que un buen actor”.

Dueño de un dinamismo y un entusiasmo envidiable, que lo llevaba a traer personalmente, y a veces escritas a mano, gacetillas detalladas sobre sus próximos estrenos, “como antes”, explicaba, la última obra de Roberto fue “Príncipe Azul”, que lo tuvo como protagonista, junto a Nico Strático, en la sala de Amigos del Taller del Teatro de la UNLP.

En una de sus últimas entrevistas con EL DIA, Roberto se refirió una vez más a su pasión por la disciplina a la que le entregó su vida. “¿Por qué sigo haciendo teatro? ¡Porque es una enfermedad! Y lo voy a seguir haciendo hasta que me cure. Y como eso no va a pasar, porque no tiene cura, lo seguiré haciendo hasta que ya no pueda más”.

Padre de Aníbal, Andrea, Pablo y Celina, y abuelo de Julieta, Nicole, Lucía y Ana, Roberto compartió los últimos 45 años con la también actriz Graciela Sautel, a quien conoció cuando era docente en la Escuela de Teatro de La Plata.

La muerte de Roberto, respetado, querido y admirado, por su entrega y su pasión por el teatro, caló hondo en la colonia artística local.

Sus restos serán velados hoy entre las 9 y 11.45 en Viuda de Boccia e hijos, 57 entre 5 y 6.

Fuente: EL DIA

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