domingo, 3 de noviembre de 1996

Sopa de gemelos, "La comedia de las equivocaciones"

ARTES Y ESPECTÁCULOS
EL DIA, Tercera Sección, La Plata, Domingo 3 de Noviembre de 1996

Obra de William Shakespeare, interpretada por la promoción 1996 de la Escuela de Teatro: Jorge Caballero, Ernesto Meza, Juana González, María Laura Laxague y Rosana Vignoni. Producción General: 3º año formación actoral, 3º año maquillaje, 4º año escenografía; música: Daniel Gismondi, escenografía: Liliana Cáceres; vestuario: Silvia Conturvi; puesta de luces: Soledad Torres. Adaptación y dirección general: Yirair Mossián.

Catorce de las treinta y siete obras de William Shakespeare (1564-1616) pertenecen al género de la comedia. "The Comedy of Errors" (1592) figura entre las primeras que escribió, junto a "La Fierecilla Domada" (1593), "Los Dos Hidalgos de Verona" (1594), y "Trabajos de Amor Perdidos" (1594).

Algunas de sus comedias podrían ser definidas como "divertimentos" escénicos, en tanto otras rozan el género de capa y espada, y otras, aún, el cuento de hadas teatralizado o la pieza de enredos y equívocos, siempre de acuerdo al gusto de la época pero también sobreponiéndose a él, en una dualidad creadora que sólo los grandes escritores asumen plenamente, para citar a Luis Gregorich en su artículo: "Las comedias de Shakespeare: el escenario de la vida".

Como bien señala Raúl Castagnino en su prólogo a las obras del gran dramaturgo isabelino: "En el nutrido repertorio shakespiriano no ha de buscarse preocupación por la originalidad de los asuntos. Acude en busca de ellos a repositorios reconocibles: viejas crónicas anglosajonas, leyendas nórdicas, sagas, Plutarco, historiadores latinos. Salta a la vista, en cambio, la inconfundible individualidad de la reelaboración dramática de tales fuentes". Coincide Mario Praz, en su documentada historia de la literatura inglesa, cuando dice que hay en Shakespeare poca originalidad en la invención de las tramas, lo que contrasta fuertemente con el extraordinariamente rico y original tratamiento que reciben esas tramas, pertenecientes en su totalidad a la tradición de la literatura universal o de la historia oral o escrita.

"La Comedia de las Equivocaciones", por ejemplo, está claramente inspirada en "Los Mellizos" de Plauto (la única de sus obras traducidas al inglés para ese entonces), aunque también existan resonancias de "Anfitrión", de este mismo autor latino.

A la pareja de mellizos de la comedia antigua -Antífolo de Efeso y Antífolo de Siracusa-, y como para complicar un poco más las cosas, Shakespeare agregó otra pareja de gemelos: Dromio de Efeso y Dromio de Siracusa, criados de los anteriores, lo cual provoca un paroxismo de confusión.

Aunque la obra resulte algo tosca en relación a las posteriores, ya aparecen elementos y rasgos de estilo que se tornarán más complejos y desarrollados con el correr del tiempo.

Una apretada síntesis argumental: Antífolo de Siracusa vaga por el mundo junto a su fiel sirviente Dromio, en busca de un hermano gemelo de quien fue separado al nacer. Encontrarlo es vital para poder encontrarse a sí mismo. Luego de mucho andar, llegan a Efeso, sin saber que allí vive su otra mitad, Antífolo de Efeso, casado con Adriana, y cuyo criado es nada más y nada menos que el sosías del Dromio de Siracusa. Los recién llegados no salen de su asombro al comprobar el trato familiar que les prodigan los lugareños, como si los conocieran de toda la vida. Los celos enfermizos de Adriana, quien -en complicidad con su hermana Luciana- trata de no perderle pisada a su marido, son el detonante para que todo se enmarañe de tal modo, que nadie sabe quién es quién con tanto doble dando vuelta.

Yirair Mossian realizó una ágil adaptación de esta comedia, agilidad que también supo imprimir a su puesta en escena y a la marcación actoral. La ambientación es funcional y adecuada. Hay algunos anacronismos, sin embargo, que sacan de clima: la maraca de plástico y las medias de nylon que usan las mujeres, que bien podrían reemplazarse por elementos de la época.

Los actores y actrices se entregan con visible entusiasmo, y parecen divertirse tanto como el nutrido público que festeja todos los disparates y malentendidos que se suscitan.

IRENE BIANCHI

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