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viernes, 22 de julio de 2005

Qué ves cuando las ves

TEATRO: LA TENDENCIA DEL DESNUDO EN LAS PIEZAS DE TEXTO

Tres obras en cartel incluyen escenas de actrices sin ropas, que se diferencian de la moda chabacana que todo lo muestra. Cómo son y cuánto dejan ver los desnudos de Nacha Guevara, Emme y Florencia Raggi. Confesiones de mujeres al descubierto.

DESNUDO TOTAL. EMME SE ANIMO A QUITARSE LA ROPA FRENTE A LA CAMARA DE CLARIN, PARA LUCIR TAL CUAL SE LA VE EN "RITA, LA SALVAJE". (Foto: David Fernández)

Silvina Lamazares.
slamazares@clarin.com

La diferencia está, también aquí, entre mostrarse y dejarse ver. Fina y categórica división que pinta cómo está cada uno parado en la vida. Una cuestión de actitud. Actitud que, trasladada a un escenario, pinta —sin más pintura que una base de maquillaje, cuanto mucho— qué hacen de un desnudo aquellos que aceptan quedarse frente al público como Dios —o quien fuera— los trajo al mundo.

Así, en medio del destape con cuerpos al viento desde la TV o desde las tablas que sostienen a las nuevas pseudo vedettes, una tendencia marca la sutil diferencia: los desnudos que incluyen El graduado, La señorita de Tacna y Rita, la salvaje asoman protegidos por el arte de la elegancia. Pero no por eso se guardan cartas. Allí están ellas, despojadas de telas y prejuicios, de cara a una platea a la que parece, en ese preciso instante, no darle los ojos.

Si bien para Nacha Guevara, Florencia Raggi y Emme la escena en la que quedan sin ropa no es "la escena" de sus obras, el público sabe que algo diferente se descubre ahí arriba. No hay ropa interior ni parches ni mentiras: hay un cuerpo desnudo, sostenido sólo por los hilvanes del guión. El autor así lo dispuso, el director lo señala, ellas ponen el cuerpo, literalmente.

Claro que hay humos, penumbras y demás recursos que cuidan el asunto. Así y todo, un silencio como verborrágico o una respiración diferente se hacen oír en la sala. Cada uno atiende su juego: el de los ratones propios y el del prejuicio ajeno.

"No es mi tema lo que le pasa al que me ve. Yo sólo hago lo que el personaje hacía, sin condena, ni cuestionamiento ni moralina. Si yo no quisiera hacerlo, estaría juzgando lo que ella hizo", confiesa Emme, la protagonista de Rita, la salvaje (en el Maipo), que recrea la vida de una artista que transitó los escenarios de Rosario con tanta garra como desenfado.

Para los diez o doce segundos que dura el momento en que la actriz y cantante deja caer su bombacha, se unta todo el cuerpo con una base beige satinada, con un brillo perlado. "Me siento más segura así, la piel luce mejor. Pero no es un recurso para sentirme cubierta... No es un conflicto quedarme así nomás". La que dice eso de así nomás es Emme, la misma que ahora, en el estudio de Clarín, también se anima a quedarse así nomás: sólo juega a taparse con el pelo cuando el flash dispara. "El día que me convocaron sentí tanta emoción que hubiera sido ridículo detenerme en el desnudo. Y eso que mi cuerpo no es perfecto: tengo celulitis y me la banco".

Coprotagonista de La señorita de Tacna junto a Norma Aleandro —hoy se presenta en Pilar y mañana y pasado en La Plata—, Raggi interpreta a la Carlota que hace años encarnaron Camila Perissé y Katja Alemann. Y hace poco, Carolina Peleritti. Las cuatro han tenido que quedarse un rato desropadas frente al público, con poca luz, pero la suficiente como para ver lo que la obra de Mario Vargas Llosa quiere mostrar. Y ahí está ahora Raggi, subida a su metro setenta y cinco, con una bata que espera a un costado.

"No justifico el desnudo por el desnudo mismo. Pero en este caso se impone desde el libro y no lo cuestiono. No me da pudor. No tengo rollos con el cuerpo y la desnudez. Es más, creo que la desnudez es algo precioso si está bien enmarcada. Es natural. Quizás sea más antinatural tener una tirita metida en pos de un desnudo no total", considera Florencia, que cuando fue a ver a Peleritti en esta misma pieza "ni sospechaba que me podía tocar esta chance. Compartir el escenario con Norma (Aleandro) es la gloria. De las dos escenas que tengo, la que más responsabilidad me genera es la que tengo con ella. La otra, ya sin el vestido, es como un cuadro en movimiento. Es algo coreográfico para quien lo hace y bello para quien lo ve. Así está planteado".

Ninguno de los tres casos tiene un condimento de alto voltaje erótico: son momentos matizados por la sensualidad y la fantasía. Aunque la realidad se asome totalmente despojada frente al público. De todos modos, más allá de la falta de conflicto a la hora de desvestirse ante la llamada cuarta pared, coincidieron en no bastardear ni minimizar el punto: evitaron el desnudo total en los ensayos y se las ingenian para espantar mirones en zona.

Emme recién se mostró sin medias ni bombacha en uno de los últimos ensayos generales, instancia, también, a la que llegó Nacha en El graduado, la obra del Metropolitan en la que se luce como la atrevida Señora Robinson. Si bien no quiso participar de esta producción "compartida", en una entrevista "a solas" que le dio a Clarín en enero, Guevara explicó que "hay gente a la que le gusta mucho andar en bolas porque sí. A mí no me divierte. Soy muy privada... Soy mucho más recatada de lo que la gente imagina (...) El desnudo ya no me preocupa como antes. Pasó a segundo plano. Ahora que tengo a Mrs. Robinson incorporada, la que se desnuda es ella, no yo. Además, son sólo 30 segundos".

Ese medio minuto la muestra sobre la cama en la que le da cátedra de sexo al inexperto que interpreta Felipe Colombo. Ese papel fue el que catapultó a Dustin Hoffman en la emblemática película de Mike Nichols. Allí, Anne Bancroft también dejaba su piel al descubierto.

No es nuevo el desnudo, no. Es tan viejo como la humanidad misma. Sólo que no todos vuelven al punto de partida del mismo modo.


Uno de los clásicos del género

Provocadores. Polémicos. Osados. Transgresores. De todo se ha dicho en los últimos 33 años sobre los actores que le han prestado el cuerpo a La lección de anatomía, la obra de Carlos Mathus que se estrenó el 2 de diciembre del 72, y que desde entonces siempre se ganó un lugar en la cartelera porteña. Y del mundo. Y siempre, también, levantó polvareda.

Presentada por primera vez en el marco del Congreso Mundial de Medicina Psicosomática, la pieza contempla el desnudo de sus actores como metáfora para quitar el velo de conflictos sociales, culturales e ideológicos. En aquellos años, la censura no tardó en llegar y el debate sobre los riesgos del arte se instaló rápidamente en los medios. Más allá de cada una de las posturas sobre cuánto muestra o deja de mostrar el elenco, siempre quedó en claro que La lección... provoca zarandeo en las emociones.

Protagonizada en sus distintas versiones por muchos actores poco conocidos que luego, con el tiempo, cobraron notoriedad, la obra figura en las baldosas iniciales de Carlos Calvo, Daniel Fanego, Alicia Aller y Gustavo Garzón.







Un repaso cuerpo a cuerpo


Con plena luz o en tenue penumbra, con o sin plumas, con humo o sin nube artificial mediante, con argumento o porque sí, el teatro siempre le ha quitado las prendas a más de uno. Quizás, la cifra más nutrida la atesore el género de revista. Pero los otros rubros no se quedaron con el sobretodo puesto (o no siempre).

Entre los desnudos más comentados de los 70 figuran el de las hermanas Ethel y Gogó Rojo, cuando en medio del Maipo superstar —el espectáculo que hacían con Dringue Farías— aparecían sólo pintadas de dorado (mezcla a base de siliconas, aceite y polvo de oro y hierro). Luego volvieron a calzarse las plumas y hace 8 años, a los 54, una de las ellas se las volvió a quitar para sorprender con Gogó al desnudo.

Desde otro género, Soledad Silveyra también se animó a desvestirse en la intimidad de El cuarto azul (la obra que montó junto a Osvaldo Laport), con el mismo cuidado con el que lo hizo Nicolás Cabré, por caso, en El cartero. O Mario Pasik en la puesta de Doña Flor y sus dos maridos.

Más acá en el tiempo, este verano María Eugenia Ritó se desnudó en un teatro de Mar del Plata y Sofía Gala se quedó sueltita de cuerpo en Mugre, con el guiño de Fernando Peña.


Fuente: http://edant.clarin.com/diario/2005/07/22/espectaculos/c-00801.htm

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