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miércoles, 22 de diciembre de 2004

Como el drama y la comedia

El dolor por lo perdido y el deseo de volver

LA SALA INTENTARA RESURGIR DE SUS CENIZAS

La Nonna es más que un teatro. Es una escuela teatral y fue una suerte de museo, ya que tuvo elementos del Select, del Belgrano, del Roca y del Argentino. Ayer las llamas lo devoraron todo. Y aquellos que se sienten parte, llegaron hasta la esquina de 3 y 47, en la que reinaron los recuerdos

Por Germán Escobar
De la Redacción de Hoy

Ya habían pasado varias horas desde el comienzo del fin, y ese inconfundible aroma -mezcla de humo y destrucción- aún se percibía con lacerante facilidad. Era llamativo: por uno de los ventanales de la planta alta de la ahora endeble construcción asomaba una lámina que -aunque sólo en parte- había logrado sobrevivir a las llamas. Estaba pegada de adentro para que pudiera verse de afuera, y tenía las dos carátulas del teatro. De la comedia -la que ríe- no quedaba prácticamente nada, pero el drama dejaba ver su mueca. Toda una señal.

La tarde caía plomiza sobre una ciudad que destilaba angustia. Y la céntrica esquina de 3 y 47 estaba repleta de niños, adolescentes y adultos. Todos miraban hacia la vereda de enfrente, con la cabeza levantada.

Por la mañana lloraron, y a la tarde los embargó la emoción. No es para menos; de una u otra forma todos y cada uno de ellos están vinculados a La Nonna, la sala que ayer ardió en llamas. Los más chicos son alumnos de la escuela teatral, otros son actores y los demás, simplemente, parte de un público que alguna vez se dejó llevar por la mágica fantasía de una obra, y ahora se acercó, solidario y agradecido.

La emoción en escena

Leo Ringer, el director, recibió el cariño de todos ellos y el abrazo de la comunidad. Las muestras de solidaridad se multiplicaron por decenas e incluyeron un par de llamados que llegaron desde Francia e Inglaterra.

“Empresarios que se enteraron de esta desgracia, por la internet”, cuenta Norma Mancuso (67). Norma es la tía de Leo y la boletera de la sala. Desde una silla playera que colocó en la calle -cortada para evitar riesgos- contempla lo que alguna vez fue su casa materna. Está consternada y dice que el teatro “se llama así por mamá, que falleció hace 23 años”.

La Nonna se llamaba María Teresa y, llamativamente, su retrato es una de las pocas cosas que logró escapar a las llamas. “Lo llevamos a la casa de mi hermana”, cuenta. La hermana es la que confecciona los trajes que se usan en las funciones. No está en la esquina, porque “la emoción puede ser muy fuerte”. Leo tiene los ojos brillosos. Quizás esté a punto de llorar, pero no lo hace; prefiere mirar hacia adelante como le enseñó esta familia que de la nada construyó todo. Luego ensaya un rápido repaso de lo que perdió en el incendio: el número de uno de los palcos del viejo Teatro Argentino -víctima también de un siniestrocortinas del palco presidencial del Colón, el último traje que usó Iris Marga, objetos que pertenecieron al tano Darío Vittori, y prendas que usaron Susana Gimenez y Moria Casán. “Todo quedó reducido a cenizas”, lamenta.

Rol de museo

Sentado en otra silla está el tío Mario Mancuso (72). El y otros hacen ver que, hasta ayer, la sala fue algo así como un museo viviente de los viejos cines de La Plata. Es que tenía un exhibidor del Select, butacas del Belgrano, telones del Roca, la cámara negra del 8 y la taquilla del Astro, según el repaso colectivo.

El golpe lo sufrieron todos; también los que representan a la nueva generación de actores: son los chicos de la Escuela de Teatro. Ellos no tienen sillas y están sentados en el cordón. Mariano Gómez (12) hace siete años que se sumó al grupo al que considera “una gran familia”; por eso está serio y expectante. Gracias a sus maestros aprendió a moverse y perdió la timidez. Tuvo que hacerlo para lograr el papel protagónico que le asignaron, por ejemplo, en El Jorobado de Notre Dame.

Está confundido, pero esperanzado; quizás porque escuchó la expresión de deseo que durante toda la tarde flotó en esa esquina, cual Fantasma de la Opera: “Sea como fuere, en marzo levantamos de nuevo el telón”.

Es llamativo: al lado de aquella ventana hay otra con una lámina exactamente igual, sólo que en ella sobrevivió la carátula que ríe. Entonces, la comedia da la otra señal: la optimista, la que confirma que el show va a continuar.

El apoyo espontáneo de la comunidad

El siniestro que sufrió ayer la sala de 3 y 47, conmovió a la sociedad platense en su conjunto, y el Municipio no estuvo ajeno a ese dolor. De hecho, exaltó las virtudes del teatro La Nonna como patrimonio de la ciudad y -en un comunicado que hizo llegar a este diario- dijo: “El incendio que interrumpe sus actividades no sólo destruye sus salones, sus cortinados, su escenografía y sus vestuarios. Se lleva, también con él un pedazo importante de la historia y el patrimonio cultural de todos los platenses”.

Concluye que “la ciudad, sus vecinos y sus instituciones han dado, a lo largo de la historia, numerosas muestras de su compromiso solidario y responsable con la recuperación de su patrimonio cultural. Ante la tristeza que nos produce este episodio, renovamos el compromiso de la Municipalidad en la defensa del mantenimiento de los lugares que, como La Nonna, cristalizan
una forma de entender y trabajar la cultura platense”.

A su vez, representantes del arte y la expresión, trabajarán por la recuperación del teatro y, para ello, organizarán eventos destinados a juntar fondos.

Así, el hombre más identificado con el teatro municipal platense Coliseo Podestá, “Pipe” Hercovich, manifestó que “todos los que nos decimos amantes de la cultura tenemos que estar, más que nunca, cerca de Leo” (Ringer). La recuperación ya está en marcha.

Para muchos es el segundo hogar

Ringer, el propietario de La Nonna, miraba hacia arriba las paredes humeantes y se dejaba llevar por los recuerdos, todos ellos gratos. De repente sintió que alguien le tiraba del pantalón; bajó la vista y se encontró con un pequeño que le entregó un papel bien dobladito y,
antes de correr junto a sus mayores, le dijo: “por favor, leelo”.

“Leo -decía esa carta-: si necesitás mi ayuda, mis brazos están abiertos, mi teléfono es... y vivió en....”, era otra de las tantas muestras de solidaridad que lo conmovieron en una tarde llena de sensaciones extremas.

Junto a él, Celina Cascella (18) repasaba las alegrías que vivió en esa sala. “Cursé en la escuela de teatro y fui una de las primeras en terminar”, dijo y contó que ahora forma parte de un grupo de personas que, desde La Nonna, busca “llevar la magia del teatro a toda la comunidad”.

La escuela forma una parte importante de su vida; entre otras cosas porque cuando se acercó a ella apenas tenía 11 años y fue ahí donde descubrió su vocación. Ahora está parada junto a uno de los coches en los que llegaron los bomberos. Y, sin salir de su consternación, habla en presente sobre una escuela que ya no está. O, en rigor de verdad, que por ahora no tiene espacio físico. “A la escuela viene gente de cualquier edad: desdechiquitos hasta abuelos”, cuenta.

“Los más chicos lo que hacen esjugar, pero se van formando y sin darse cuenta comienzan a expresarse y a ensayar distintos movimientos”, contó esta adolescente que dijo haber encontrado en La Nonna su segundo hogar.

Fuente: http://pdf.diariohoy.net/2004/12/22/pdf/u08-tu.pdf

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