Dos ciudades para un fracaso 2002 © copyright Primer Plano Film Group
Fernando López
LA NACION
"Gerente en dos ciudades" (Idem, Argentina/2002, color). Dirección: Diego Soffici. Con Adrián Airala, Dolores Fonzi, Lorenzo Quinteros, Carolina Fal, Carlos Catania, Miguel Flores, Malena Bravo, María Rosa Pfeifer. Guión: Diego Soffici, libremente basado en una novela de Carlos María Gómez. Fotografía: Raúl Martínez Clemen. Música: Horacio Corral. Edición: Darío Tedesco. Presentada por Primer Plano Film Group. Duración: 120 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: mala
La curiosidad que puede despertar en el espectador una película producida y rodada en Santa Fe se esfuma pronto. Apenas han transcurrido pocos minutos de la proyección de "Gerente en dos ciudades" cuando ya el guión empieza a dar señales de una fragilidad que más tarde se revelará como franca inconsistencia. La oscura historia del hombre que mantiene una doble vida (a uno y otro lado del río) y a quien la adicción al juego conduce a un vertiginoso derrumbe económico y moral está planteada en términos elementales, sobre una inexistente construcción dramática, con una puesta en escena que revela inexperiencia y un grupo de actores librados a sus fuerzas (que no siempre son muchas) para lidiar con diálogos obvios y personajes atrapados en el estereotipo.
Desnudo y llorando
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Deudas
Pronto se sabrá también que en este caso la realidad ha ignorado el dicho: al protagonista no sólo no le va del todo bien en el amor sino que las deudas que ha ido acumulando en el juego lo han llevado a utilizar fondos del banco que ahora no puede reponer. En vano recurre a su padre, un militar adinerado, despótico y de oscuro pasado: no conseguirá de él ni un centavo y para colmo el reencuentro no hará sino avivar viejos y profundos rencores.
Este es sólo el comienzo del naufragio personal del gerente, que acosado por las circunstancias pierde todo escrúpulo y desencadena una serie de calamidades que lo hunden cada vez más y que llenan la historia de episodios violentos, gestos desesperados, policías, matones y asesinatos. En ocasiones, el crescendo dramático y el suspenso desembocan en algún involuntario efecto cómico. Entretanto, el color litoraleño apenas se traduce en algunas imágenes de las dos capitales y en la alusión a especialidades locales, como el surubí o la pasión futbolera por Colón.
La producción contó con el apoyo del Incaa después de ganar en 1999 el premio opera prima (categoría interior).
Fuente: LA NACION
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