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lunes, 3 de junio de 2002

Un "Mago de Oz" demasiado veloz

Por IRENE BIANCHI

"El Mago de Oz", de Franck Baum, por Ayelén Godoy, Nazareno Iñíguez, Leandro Romero, Javier Ruiz de Galarreta, Lucas Inama y Florencia Baraboglia. Asistencia de dirección: María Luz Althabe. Música original: Eduardo Rezzano. Adaptación, coreografía y dirección: Gastón Marioni. Pasaje Dardo Rocha.

El escritor neoyorkino Frank Lyman Baum (1856-1919) fue un hombre polifacético: comerciante, granjero, editor de un periódico y director teatral. Así como García Márquez inventó una ciudad imaginaria -"Macondo"-, Baum ideó el "Reino de Oz", un país poblado de personajes mágicos que se embarcan en toda suerte de aventuras, mundo sobre el cual Baum escribió la friolera de 14 libros, el más famoso de los cuales indudablemente "El Mago de Oz", titulado originalmente "From Kansas to Fairyland" (1900). En 1939, veinte años después de la muerte de su autor, la Metro Goldwin Mayer hizo un film memorable que le valió un Oscar a la no menos memorable Judy Garland.

La historia es harto conocida: Dorothy vive con su tío Enrique, su tía Emma y su perrito Totó en una granja en las grandes praderas de Kansas, donde todo es seco, árido, gris y ventoso. De pronto, un tornado levanta la casa por los aires y la hace aterrizar en el País de los Munchines, ocasionando el accidental deceso de la perversa Bruja del Este, hazaña que convierte a la inocente Dorothy en heroína involuntaria.

Lo cierto es que la niña sólo quiere volver a Kansas, pero antes deberá sortear un sinnúmero de obstáculos, además de darle una mano a un trío de singulares personajes que conoce en su camino a la Ciudad Esmeralda: un Espantapájaros que anda necesitando un cerebro; un Hombre de Hojalata un tanto oxidado que aspira a recibir un corazón, y un León cobarde en busca de valor. El Gran Mago de Oz es el único que puede concederles estos dones, y lograr que Dorothy regrese a su hogar sana y salva.

Gastón Marioni adaptó el texto de Baum en una versión libre que respeta los lineamientos generales del relato, pero omite la figura del Gran Mago de Oz (a quien se reduce a una voz en off), lo cual es una lástima, ya que los chicos no se enteran que el tan mentado Mago resulta ser un hombrecito insignificante, bastante farsante él, que no le da a los personajes nada que ellos no tuvieran ya dentro de sí mismos. Además, el ritmo que Marioni imprime a su puesta es demasiado vertiginoso lo cual -sumado a cierta distorsión y excesivo volumen del sonido- dificulta el seguimiento de la historia.

Donde la propuesta sí acierta es en las frescas y graciosas caracterizaciones, en las que la suma del vestuario, el maquillaje y la interpretación dan como resultado una galería de personajes muy coloridos y pintorescos, que atrapan la atención de los chicos. El elenco destila idoneidad y simpatía, y sin duda se luciría mucho más aún si los actores no tuvieran que actuar en cámara rápida, contrarreloj.

Fuente: http://www.eldia.com.ar/ediciones/20020603/espectaculos4.asp

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