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sábado, 26 de mayo de 2001

"Un Angel en patitas": descalzos en el cielo

26 de Mayo de 2001

"Un Angel en patitas"; de Eduardo Gudiño Kieffer, por Carlos Ayala, Jimena Coria, Verónica Ugarte y Diego Mendoza Peña. Diseño de escenografía y vestuario, sonido e iluminación: Noel Lami, Margarita Antonini, Mariana Saenz, Realización de vestuario: Victoria Alvarez Barretto. Maquillaje: Fernando Schiffini. Fotografía: Cecilia Mendoza Peña. Realización de efectos: Gonzalo García. Música original: Alejandro Dinamarca. Adaptación y dirección: Diego Biancotto. Sala 420.

"Angel" no hace mucho honor a su nombre: es un angelito bastante desobediente que hace renegar al "Enviado del Sol", quien lo persigue por toda la bóveda celeste, intentando sin ningún éxito que el escurridizo ser alado se calce de una buena vez. Sucede que a Angel le encanta andar "en patitas", quizás porque en el cielo no hay pinches, ni latas, ni vidrios rotos ni alambres oxidados...

Pero el reglamento es el reglamento: si Angel no se pone sus sandalias, el Enviado del Sol lo mandará en penitencia a un planeta lejano, a quemarse las pestañas estudiando.

Afortunadamente, Angel cuenta con una aliada: la "Enviada de la Luna", que defiende a su protegido, desafiando la ira del vocero del Astro Rey.

Otro berretín de Angel es convertirse en terrícola, en un chico común y corriente, que pueda jugar al fútbol y corretear por ahí, eso sí: descalzo (ante todo, la coherencia). Renunciaría con gusto a la inmortalidad y a la inmunidad angelicales por un picadito con amigos.

"Cósmica", una "criatura" venida de otra galaxia, lo ayudará a cumplir su cometido: durante un eclipse y aprovechando la oscuridad, Angel se transmuta en un pibe de barrio, y ahora será su pobre mamá quien reniegue para que Angel se ponga las zapatillas de una buena vez...

Tal la adaptación de este texto de Gudiño Kieffer que hiciera Diego Biancotto, responsable asimismo de la dirección de "Un Angel en patitas".

La puesta en escena es ágil y logra mantener el interés. Los personajes están bien delineados: el Enviado del Sol (Ayala) es fogoso e iracundo; la Enviada de la Luna (Coria), lunática y maternal; Cósmica (Ugarte), pintoresca y cómplice; Angel (Mendoza Peña) dulce y travieso, como todo niño que se precie de tal.

La ambientación y el vestuario denotan ingenio y creatividad. La música subraya y refuerza los climas, y la proyección de diapositivas resulta un buen broche para la historia.

La irrupción en escena de un puñado de "angelitos en patitas" hacia el final: un toque simpático y tierno como la obra.

Irene Bianchi

Fuente: http://www.eldia.com.ar/ediciones/20010526/espectaculos3.asp

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