domingo, 22 de abril de 2007

El más puro bel canto, en Norma

Escena final de la inmortal creación de Bellini, con María Pía Piscitelli y Carlos Duarte

Domingo 22 de abril de 2007 | Publicado en edición impresa LA NACION

Presentación de Norma , ópera en dos actos de Vincenzo Bellini, con libreto de Felice Romani sobre Norma ou l infanticide , de Louis-Alexandre Soumet, con el Coro (dirección: Sergio Giai) y la Orquesta Estable del Teatro Argentino con la dirección general de Antonio María Russo. Dirección escénica, diseño escenográfico e iluminación, Roberto Oswald; diseño de vestuario, Aníbal Lápiz. Cantantes: María Pía Piscitelli, Carlos Duarte, María Luján Mirabelli, Carlos Esquivel, Pablo Skrt y María Inés Franco. En la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino de La Plata.

Nuestra opinión: excelente

La apertura de la temporada lírica oficial con un título como Norma constituye sin duda un desafío que pocos teatros líricos se atreven a afrontar a menos que cuenten con los elementos que aseguren un éxito rotundo. La dirección artística del Argentino ha decidido asumirlo, y lo ha hecho con la dignidad del belcantista de la primera mitad del siglo XIX. No es difícil advertir las razones de ello: un plantel de voces más que idóneas, un manejo de la escena que mantiene las líneas del drama lírico sin descuidar la riqueza simbólica de los elementos elegidos para su representación, y una batuta lúcida para sostener la inspiración melódica cifrada en la partitura.

Esta feliz conjunción no sería completa si sus intérpretes no tradujeran los gestos teatrales -evitando excesos, por cierto-, y principalmente el excelente texto dramático de Felice Romani inspirado en Soumet (asequible gracias a la versión traducida en el sobretitulado), con una recitación efectiva, por la que se cuelan las líneas de la tragedia lírica recogida por los admiradores de la antigüedad clásica, como Racine, en el siglo XVII francés.

La concepción escénica ha sobrepasado la idea de que el extraordinario lirismo de Norma lo es todo, confiado principalmente a las voces protagónicas y a la labor de una orquesta que debe allanarse en todo momento a la intencionalidad encerrada en largas frases melódicas con el solo sostén de la orquesta. Sin desmedro de que estos últimos requisitos hayan sido cumplidos hasta el mínimo detalle de la partitura por la Estable, conducida imaginativamente por Antonio María Russo con óptimo rendimiento, la admirable puesta de Roberto Oswald puso de relieve -armónicamente- en cada escena toda la densidad expresiva y la fuerza dramática que potencialmente encierran. Decorados, vestuarios e iluminación fueron concomitantes con estos requisitos.

Desde la místicas implicaciones de la ceremonia druida del comienzo, con el árbol simbólico en el centro de la escena -que entre sus múltiples sentidos encierra el de evolución psicológica y también el de sacrificio- hasta los escenarios despojados del segundo acto, con escalinatas y piedras que presidían arduos cuestionamientos de intenso contenido emocional, todo se conjuga con los caracteres en juego. Primero, y especialmente, el de una protagonista de excepcionales condiciones, aquí en un momento importante en su relevante carrera. María Pía Piscitelli posee no sólo una excelente línea de canto, perfecto manejo de la voz, de noble pureza lírica y rica en matices emocionales -su "casta diva" fue impecable-; añade a ello una admirable presencia escénica.

Las ponderables dotes vocales del tenor Carlos Duarte, su vigor expresivo y dramatismo cobraron nuevamente vigencia, tanto en arduas intervenciones solísticas como en dúos y tríos. Los exigentes requisitos vocales y expresivos de Adalgisa fueron asumidos con solvencia por María Luján Mirabelli, con buen rendimiento vocal y actoral, sin que las notas agudas de su registro -a veces, algo ríspidas- alteraran su desempeño. Fue notable su dramatismo en el dúo con Norma en el acto segundo. Asimismo Carlos Esquivel con buen timbre, fue muy convincente, excepto en la escena inicial pues su voz quedó superada por la orquesta. El coro tuvo gran lucimiento. Pablo Skrt y María Inés Franco, con buena voz, estuvieron a la altura de sus papeles de apoyo.

Héctor Coda

Fuente: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=902375

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