martes, 7 de octubre de 2003

Buena puesta de "Luisa Miller"

LA OPERA DE VERDI TRANSMITIO SU VITALIDAD EN EL TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA

07.10.2003 | Ficha técnica: "Luisa Miller", ópera en tres actos. Libro: Salvatore Cammarano. Música: Giuseppe Verdi. Cantantes: Mónica Ferracani, Antonio Grieco, Enrique Gibert Mellá, Laura Cáceres, Hernán Iturralde, Oreste Chlopecki, Alejandra Herrera y Carlos Iaquinta. Escenografía y vestuario: Jorge Ferrari. Iluminación: Nicolás Trovato. Regie: Daniel Suárez Marzal. Coro (Eduviges Picone) y Orquesta Estables del Teatro Argentino (Carlos Vieu). Teatro Argentino de La Plata

A caballo entre el primero ("I Due Foscari", "Attila"), y el segundo período verdianos ("Il Trovatore", "La Traviata"), "Luisa Miller" es una ópera de transición, plena de vitalidad, de fuerza dramática y de una fluidez melódica y formal que permite entrever con claridad todo lo que vendría después. Basada en "Kabale und Liebe" ("Intriga y amor"), la célebre pieza teatral de Friedrich von Schiller, transportada al Tirol y adaptada para la escena lírica por Salvatore Cammarano, el Colón la ofreció por primera vez en 1968 (con Flaviano Labó cantando "Quando le sere al placido", Rossi Lemeni, MacNeil y Bruno Bartoletti), mientras que el Argentino la estrenó recién el año pasado y la repuso ahora, en una versión que con sus más y sus menos, fue seria y tuvo general dignidad. Estuvo en esta ocasión en el podio el maestro Carlos Vieu, quien sin perjuicio de cierta debilidad global (técnica y sonora) en las cuerdas de la orquesta del teatro platense, concertó con seguridad, y condujo con encuadre en los cánones estilísticos de una apropiada tradición. Eduviges Picone preparó a su vez al coro del coliseo bonaerense, organismo de muy correcto desempeño canoro, aunque algo impreciso en los ataques de masas separadas.

UNA PUESTA ATINADA

Con ostensible economía de recursos, Daniel Suárez Marzal realizó una puesta sumamente atinada, que concentró con acierto los rasgos esenciales de la acción, al tiempo que Jorge Ferrari plasmó un vestuario agradable y un marco escenográfico decididamente bonito, iluminado con encomiable sentido estético por Nicolás Trovato. En el elenco de solistas vocales, el barítono Enrique Gibert (Miller) desplegó un canto elocuente y firme, sostenido por un registro absolutamente parejo en toda su extensión, mientras que la contralto Laura Cáceres (Duquesa de Ostheim) lució un metal de excelente cuerpo y coloración y notas pastosas. El bajo Oreste Chlopecki (Wurm) mostró por su lado interesante definición tímbrica y caudal limitado, de afinación inestable, y el bajo-barítono Hernán Iturralde (Conde Walter), sin desmedro de su adecuada línea expositiva, pareció incómodo en una tesitura y una parte que van sin duda más allá de sus posibilidades. En cuanto a Antonio Grieco (Rodolfo), se trata de un verdadero "tenore de fianco", a quien las autoridades del teatro nunca debieron haberle asignado un cometido que no le corresponde.

UNA MENCION ESPECIAL

Merece sin duda un párrafo aparte la labor de Mónica Ferracani (protagonista), porque marcó entre otras cosas el reencuentro de esta artista consigo misma. Víctima de un lamentable accidente doméstico que incidió en su carrera, nuestra compatriota tuvo una actuación realmente espléndida, en un papel vigoroso y extenso, de severas exigencias vocales. Agil en los fragmentos de coloratura, pulcra en las escalas descendentes, homogénea en la intensidad y el color, la soprano porteña manejó las gradaciones con criteriosa flexibilidad, y tal vez antes que otra cosa, puso siempre en evidencia una expresión muy cálida y comunicativa.

Carlos Ernesto Ure

Fuente: http://www.laprensa.com.ar/299281-Buena-puesta-de-Luisa-Miller.note.aspx

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