sábado, 31 de diciembre de 2016

Lo que el escenario nos dejó

“Cantando sobre la mesa” en el Coliseo Podestá 

TIEMPO DE BALANCES

Un repaso por la actividad teatral de esta temporada

Por Irene Bianchi
DIARIO EL DIA

Cruzando la 32, disfrutamos este año de bellísimos espectáculos. El inefable “Cirque du Soleil” quitó literalmente el aliento con “Kooza”, un show de altísimo riesgo e indescriptible impacto visual. Otro que nos hizo volar fue “Peter Pan”, en versión de Marisé Monteiro, protagonizada por Fernando Dente y Natalie Pérez, dirigida por Ariel del Mastro: un tanque taquillero de las vacaciones de invierno en el Gran Rex. Al cumplirse este año 400 años de la muerte de William Shakespeare y de Miguel de Cervantes, Patricio Orozco ideó una pieza que liga a ambos autores, “Cardenio”, luciéndose en el marco de un bello teatro puesto en valor en Villa Urquiza: el 25 de Mayo (donde cuenta la leyenda que cantó el mismísimo Zorzal Criollo). Otro marco de lujo para un actor ídem fue el Teatro Colón, donde nada menos que Al Pacino dialogó amablemente con Iván de Pineda, contando detalles sobre su vida y su método “sui generis” a la hora de componer. No actuó, es cierto, pero no era eso lo prometido. En el Complejo La Plaza nos sentamos a la mesa de “Dinner”, inquietante pieza de Moira Buffini, dirigida por Valeria Ambrosio, con un notable trabajo de Willy Lemos, y el debut actoral de Alejandro Veroutis.

Aquí cerquita, en Gral Belgrano, asistimos al Primer Encuentro Nacional de Teatro de Cámara, organizado por José Lugones y Claudia Berthoud en el Centro Cultural “El Suplicante”. La obra que cosechó más premios fue “Ensayo para una renuncia”, protagonizada por un actor de El Bolsón, Gerardo Schwartzman.

En nuestro Teatro Municipal Coliseo Podestá los platos más fuertes fueron tres: “Hoy El Diario de Adán y Eva”, de Mark Twain, dirigida por Manuel González Gil, con Miguel Angel Solá y la española Paula Cancio. Tan magnética como hace 20 años. “Ni con perros ni con chicos”, un producto de Fernando Albinarrate: deliciosa comedia musical que gira en torno al legendario Charles Laughton, con un sobresaliente Omar Callichio. “Los Monstruos”, escrita y dirigida por Emiliano Dionisi, con música y letras de Martín Rodríguez, y los descomunales trabajos de Natalia Cociuffo y Mariano Chiesa. También volvió la simpática y verborrágica Pilar Sordo, que convocó a multitudes femeninas, desafiándonos a “Ser Feliz”. Dentro del Plan Nacional de Giras del teatro Nacional Cervantes, se presentó “Los Corderos”, escrita y dirigida por Daniel Veronese, con una infalible María Onetto, actriz verosímil si las hay. El polifacético licenciado Gabriel Rolón buceó el inconsciente colectivo con sus “Historias de Diván”, con un destacado trabajo del actor platense Alejo García Pintos. Una propuesta absolutamente olvidable, a pesar del excelente elenco, fue “Jugadores”, de Pau Miró. Dos actorazos, Rodrigo de la Serna y Pompeyo Audivert, ofrecieron “El Farmer”, interesante adaptación de la novela de Andrés Rivera sobre un personaje amado y odiado como Rosas. Patricia Etchegoyen, Silvina Bosco y Viviana Saccone son las tres de “Tres”, comedia livianita sobre las familias monoparentales tan típicas de los tiempos que corren. Y la primera producción integral del Coliseo Podestá, que hará temporada de verano en el Teatro Auditórium de Mar del Plata, es “Cantando sobre la mesa”, un clásico infantil del recordado Hugo Midón, con música original de Carlos Gianni, dirección musical de Hernán Matorra, puesta en escena y dirección general de Gstón Marioni.

En la Sala Armando Discépolo de la Comedia de la Provincia vimos: “Poeta en Nueva York”, un “tour de force” de Gustavo Parodi, dirigido por Mariano Dossena, que le pone el cuerpo a la poética de Lorca. Diego Biancotto estrenó “Re-Animé”, una nueva travesura en blanco y negro que prescinde de la palabra hablada, para apostar al rico lenguaje gestual y corporal de Estanislao Pedernera y Lisandro Amado, siempre desafiando al espectador a decodificar el mensaje. En otra propuesta que liga a Shakespeare y Carvantes, Sebastián Pajoni pergeñó “El Viejo Otelo”, fusión de “El Viejo Celoso” y “Otelo”, protagonizado por Carlos “el Chuzo” Juárez, quien lamentablemente “partiera de gira” tiempo después. Tatiana Santana dirigió una pieza de Ariadna Asturzzi, “Con el alma aferrada”, con un elenco integrado por Santiago Otero Ramos, Mabel Campos, Ricardo “Mono” Ibarlín y la graciosísima Anabella Degásperi. Roberto Arlt se hizo presente en “Arlt x 3”: 3 piezas breves. “La juerga de los Polichinelas”, “Prueba de Amor” y “Un hombre sensible”, dirigidas respectivamente por Marcelo Xicarts, Marta Riveros y Claudio Rodrigo. Otra propuesta de la Comedia de la Provincia fue un ciclo de unipersonales organizado durante la breve gestión del actor platense Jorge D’Elía. El último de dichos monólogos, “Fenómeno”, de y por Eduardo Calvo, no estuvo a la altura del resto.

El Teatro Estudio abrió la temporada con “Alfonsina habita en mí”, unipersonal interpretado por Yanina Zanier Quintas, acompañada musicalmente por Santiago Epele, escrito por la actriz junto a Emilio Berasain y Martín Mendivil: acrobática recreación del imaginario de la Storni, que toma como punto de partida la casa que el destino quiso que poetisa y actriz habitaran. Emiliano Dionisi y Julia Gárriz deslumbraron con su “Romeo y Julieta de bolsillo”, maratón shakesperiana, llena de ingenio y humor, en la que esta formidable dupla se multiplica en innumerables personajes. María Inés Portillo y Mariela Marconi dieron varias “Vueltas entre Hierbas Naturales”: amable comedia escrita por la primera, dos miradas sobre el universo femenino, opuestos complementarios, dirigida por Adrián Di Bastiano.

La Portillo también presentó “Diagonando Cuentos”, en Espacio Arte Vivo: una serie de relatos, algunos de ellos propios, y una cálida referencia a su San Juan natal.

En “La Nonna” vimos “Patova”, de Alfredo Megna, unipersonal a cargo de José “Pepe” Monje, dirigido por Eduardo Lamoglia. Enorme compromiso físico y emocional de un actor con grandes recursos. Y “Mujeres de Ceniza”, comedia pasatista de Martín Guerra y Sergio Marcos, en la que Luisa Albinoni se lleva los laureles.

La Sala 420 presentó dos espectáculos de alto impacto. “Electra”, otra singular creación de los portugueses de la “Compañía Do Capito” (de quienes habíamos visto un formidable “Edipo”). Alarde imaginativo encarnado por los actores Nadia Santos, Jorge Cruz y Tiago Vegas. “El Sueño de los Elefantes”, experiencia sensorial a ojos cerrados, tremendamente movilizadora, con Alejo Duek, Josefina Casco, Matías Tozzola, Manuel Vidal, Manuel Rodríguez, Paco Cabral, Francisco Acebal, Hernán Asconiga y Guido Kohn. También en la sala de la calle 42 se presentó Verónica “Pampa” González, con su “Viajera del Río”, dirigida por Gustavo vallejos (Devenir). Emocionantes historias verídicas de inmigrantes, seres frágiles que huyen de guerras, hambrunas, persecuciones, en busca de tierras acogedoras y hospitalarias (como la nuestra), donde echar raíces.

En “Las Tablas” vimos “Venecia”, bella obra de Jorge Accame, dirigida por Paula Boero, interpretada por Carmen Baistrocchi, Gladys Cadelli, Adrián Di Pietro, Fabián Martin, Nicolás Moll y Andrea Roma. Comedia dramática que culminó una exitosa primera temporada a sala llena. Un clásico de Alejandro Casona, “Los árboles mueren de pie”, adaptada y dirigida por Gastón Beltramini, con MIrta Azzano, Gustavo Sala Espiell, Carolina Mónico, Gastón Beltramini, Soledad Molina, Vilma Filippi y Walter Rodríguez Busilachi. Cuando la mentira es la verdad. “Las Tablas” también hospedó a Sebastián Richard y su creativa y sutil dramatización de textos de Lorca en “Federico, homenaje a mi mismo”.

En “El Escape”, Diego Biancotto y Mauricio Rodríguez pusieron en escena “Fahrenheit, la otra historia”, excelente propuesta que ya tiene en su haber una gira por el Líbano, y proyectada otra europea el año entrante.

En “El Bombín” vimos “Cruising”, arriesgada pieza de Julián Arenas, que aborda un tema sórdido con humor; obra coral con historias que se enlazan y se entrecruzan.

En “El Escudo”, Omar Sánchez compartió una descarnada lectura de la realidad en “Sol Quieto”, con un elenco de actores-acróbatas-bailarines, en una perturbadora puesta coreográfica.

Dos animales de teatro, Roberto Conte y Nico Stratico, dirigidos una vez más por Norberto Barruti, ofrecieron en el Taller de la Universidad una conmovedora historia de amor trunco, “Príncipe Azul”, de Eugenio Griffero, recibiendo un merecidísimo aplauso de pie tras cada función.

En un año fatídico para la música (perdimos a Prince, Bowie, Cohen, Michael, Salgán, Mores), tuvimos el privilegio de recibir en el Estadio Unico de La Plata a bandas emblemáticas: Paul Mc Cartney, The Rolling Stones, Coldplay, Aerosmith. Un festín.

Hubo otro actor platense que se fue de gira, cuyo nombre es sinónimo de los orígenes del teatro independiente en la ciudad. Juan Carlos De Barry, “alma mater” de La Lechuza, sala que sigue viva gracias a la docente y actriz Laura Clide, su hija.

Una temporada rica, variada, con producciones locales cada año más logradas. ¡Chapeau!

jueves, 22 de diciembre de 2016

De la tragicomedia al sainete, un año para todos los géneros

Ricardo Bartis estrenó su versión de Hedda Gabler, de Ibsen

BALANCE DE LA TEMPORADA TEATRAL 2016 EN CABA

En medio de restricciones y los tarifazos, la actividad teatral validó su espacio proponiendo y contestando. Entre las tendencias temáticas que ganaron terreno se destacan la problemática de género, la familia y la militancia en los 70.

Por Cecilia Hopkins
Pagina12 | Cultura y Espectáculos

Tragedia y drama, comedia y tragicomedia, grotesco, sainete y hasta comedia bizarra, todos los géneros teatrales parecieron aportar sus particularidades a lo largo de todo el año, en los diferentes escenarios donde se hicieron públicos los devenires políticos del país. Pero como siempre ocurre, el teatro insiste en validar su espacio y con la terquedad que lo caracteriza continuó proponiendo y contestando. Aún a pesar de los tarifazos y de la retracción del público, dos hechos íntimamente relacionados que sufrieron grupos y salas por igual. Un estado de cosas éste que motivó estrategias de protesta como el llamado Apagón Cultural, en el mes de mayo, o las “24 horas de resistencia teatral” que organizó en septiembre el colectivo Espacios Escénicos Autónomos. Este diario consignó las experiencias teatrales de algunos artistas, muy pocos si se considera la enorme cantidad de estrenos que se concretaron durante el 2016. El repaso de algunos de ellos da pistas acerca de las inquietudes de, al menos, una porción de la escena porteña.

Año a año aumenta la cantidad de obras que, en las más diversas claves estéticas abordan problemáticas de género. Escrita por Natalia Villamil, dirigida por Ana Alvarado, Sola no eres nadie narró la historia de una chica trans que realiza un viaje de reconocimiento personal que la libera del círculo de prejuicios que la condena. Sobre cuerpos en pugna entre lo masculino y lo femenino, Gurisa, de Toto Castiñeiras, creó una galería de personajes en estado de desesperación. Martín Flores Cárdenas, en su versión de Otelo, de Shakespeare, puso el foco sobre la esposa asesinada por los celos del moro. Por su parte, Emiliano Delucchi dirigió Segundo Tiempo, de Ricardo Halac, quien realizó una revisión dramatúrgica con el objeto de poner al día los temas vinculados a la violencia contra la mujer. El director Hugo Urquijo estrenó Doña Rosita la soltera, de Lorca, en adaptación realizada junto a Graciela Dufau, a la búsqueda de un nuevo perfil de la novia abandonada. Por otra parte, El grado cero del insomnio representó para Emilio García Wehbi “una excusa para hablar de la negación de la condición de lo femenino en el arte, la cultura y la política”. Patricio Abadi con su obra Frida reivindicó la importancia de la voz femenina en la historia del arte y, sobre el concepto de belleza, La suerte de la fea, de Mauricio Kartun,  con dirección de  Paula Ransenberg, se refirió a los traumas femeninos sobre el propio aspecto. Marcelo Savignone en Mis tres hermanas. Sombra y reflejo, potenció el universo femenino y le encontró resonancias políticas inesperadas. La lucha de una mujer por lograr sus objetivos fue el tema central de El diccionario, obra del granadino Manuel Calzada, con dirección de Oscar Barney-Finn, sobre la vida de la bibliotecaria y lexicógrafa española María Moliner.

La familia es un tema que desde hace años inspira a muchos teatristas, Así, el director Jorge Azurmendi eligió Independencia, del norteamericano Lee Blessing, y En boca cerrada, de Juan Carlos Badillo, para realizar sendos retratos de estructuras familiares que impiden el desarrollo de sus integrantes. La misma Alvarado, en su puesta de Münchhausen, de Lucila Vilanova, eligió tomar el aspecto clínico de la obra para convertirlo en metáfora de una familia en problemas. Otro texto, El nombre de la luna, de María Emilia Franchignoni,  también inspirado en un síndrome psicológico, se refirió a la situación de jóvenes que buscan aislarse como respuesta a la rigidez de la educación recibida. En otra cuerda expresiva, en Todas las canciones de amor, de Santiago Loza, con dirección de Alejandro Tantanian y actuación de Marilú Marini, una mujer intenta cambiar la relación que mantiene con su hijo mientras espera su llegada del exterior. Obra con la que se reabrió el Teatro de la Ribera, El andador, de Norberto Airoldi con dirección de Andrés Bazzalo, abordó el tema de las expectativas femeninas en la pareja para referirse a los cambios producidos entre la época en que la obra fue escrita, los años ‘60, y el presente. Acerca de los ancianos cuyas familias deciden dejar librados a sus suertes en una residencia geriátrica, en su visita al Teatro Cervantes, la compañía española La zaranda presentó El grito en el cielo, espectáculo que, según la costumbre del grupo andaluz, también se propuso ligar lo risible con un lirismo cruel y surreal.

Aún cuando las obras estuvieron ambientadas en el pasado y en territorios indeterminados, muchos espectáculos buscaron referirse a problemáticas nacionales del presente. Augusto Fernándes estrenó 1938. Un asunto criminal, obra de su autoría sobre el nazismo que reflejó una crisis del pensamiento que, según su comparación, remite a la actualidad. Con dirección de Enrique Dacal subió a escena Los yugoslavos, del español Juan Mayorga, acerca de la soledad que se vive en las grandes ciudades. Un hombre equivocado, de Roberto Cossa, con dirección de Villanueva Cosse alertó sobre los absurdos de la burocracia.  Desde una estética onírica y cinematográfica, Osvaldo Peluffo dirigió Cámara lenta, de Eduardo Pavlovsky, una metáfora de la Argentina. En Nerium Park, del catalán Joseph María Miró, con dirección de Corina Fiorillo, una pareja busca sobrevivir a una realidad social de ajustes y recortes. En Conurbano, creación del Teatro Sanitario de Operaciones, la geografía bonaerense fue el centro de una reflexión visual sobre los cambios económicos y políticos. En El pescado sin vender, el actor y director Norberto Gonzalo propuso un conjunto de reflexiones sobre el pasado y la actualidad del país. 

Y sobre la crisis de 2001, Clara, con dramaturgia y dirección de Sofía Wilhelmi, desarrolló una trama ligada al thriller, con toques de telenovela y drama.

También aumentan año a año los espectáculos basados en historias de militantes de los ‘70. El director Héctor Levy-Daniel estrenó La fundación, de Susana Torres Molina, obra situada en tiempos de la última dictadura, en una supuesta organización cristiana encargada de entregar bebés en adopción. En 25 millones de argentinos, el autor, actor y director Lisandro Fiks se refirió a la lucha armada sobre el fondo del Mundial’78, elaborando una metáfora de la polarización ideológica de aquella época. Con dirección de Andrés Bazzalo, Los sirvientes, obra de Adriana Tursi, narró las últimas horas de Juan Domingo Perón, pero desde el punto de vista del personal de servicio de la quinta de Olivos. El familiar, obra de Oscar Vázquez, con dirección de Gabriel Fernández Chapo, abordó desde una perspectiva histórica las desapariciones de militantes en el norte argentino. Y Lautaro Perotti, en Cronología de las bestias, se refirió a historias de apropiación de bebés durante la última dictadura cívico-militar.

Entre los espectáculos basados en material narrativo o lírico, Francisco Lumerman dirigió No daré hijos, daré versos, obra de Marianella Morena, sobre la poeta uruguaya Delmira Agustini. Pablo Mascareño estrenó Alucinado suceso de lo desconocido, obra inspirada en el mundo literario de Dostoiesvki. Otros espectáculos fueron estructurados en base a historias de personalidades de la literatura. Como Mil Federicos, de Mariana Mazover, recorrido intencionadamente arbitrario por la vida y obra de García Lorca, interpretado por Hernán Lewkovicz. O Beckett y el mundo de las abejas, obra de Rubén Pires que bajo su propia dirección estrenó sobre la novela La apicultura según Samuel Beckett, del francés Martin Page. Y como homenaje a un escritor de culto nacido en Buenos Aires, Carlos Correas, la voluntad de vivir, de Bernardo Carey, fue estrenada bajo la dirección de Daniel Marcove.

Diego Lerman, Marcelo Pitrola y María Merlino crearon una versión libre de La dama del mar, del noruego Henrik Ibsen. Del mismo autor, el actor y director Ricardo Bartis estrenó su versión de Hedda Gabler, para referirse a una clase social en decadencia.  Por su parte, el actor y director Juan Manuel Correa estrenó Antígona, de Sófocles según la traducción de Elisa Carnelli y Alberto Ure. La puesta trasladó la acción a una rave donde el rey de Tebas da a conocer sus decretos para terminar con el caos de la polis. Con su versión de Tartufo, de Molière, el director Hugo Alvarez buscó referirse al momento sociopolítico actual al retratar al protagonista como un encantador de serpientes que engaña a quienes eligen creer en sus promesas. Por su parte, Francisco Civit dirigió una versión de Ricardo III en la que 13 actores encarnaron al protagonista, el despótico personaje de Shakespeare, con la idea de subrayar que todos son cómplices de las iniquidades del poder.