miércoles, 24 de septiembre de 2014

La genuina ópera italiana

“LA TRAVIATA” 

Por MARIO F. VIVINO 


Música de Giuseppe Verdi. Libreto de Francesco M. Piave, basado en “La dama de las camelias” de Alejandro Dumas (h). Estreno mundial: Venecia, 6 de marzo de 1853. Orquesta Estable del Teatro Argentino, bajo la dirección de Carlos Vieu. Con la participación del Coro Estable, dirigido por Hernán Sánchez Arteaga. Régie, escenografía y vestuario: Willy Landín. Elenco: Elizabeth Blancke Biggs (violeta Valery), Darío Schmunck (Alfredo Germont), Omar Carrión (Giorgio Germont), Roxana Deviggiano (Añina), Eugenia Fuente (Flora), Sebastián Angulegui (Barón), Patricio Olivera (Gastón), Sebastián Sorrarain (Marqués). Funciones: 19, 20, 21, 26, 27 y 28 de septiembre en la Sala Alberto Ginastera del Teatro Argentino. 

Considerada un símbolo de la expresión Opera, desde su inicio real –es conocido el fracaso de su primera presentación- esta comedia dramática de Alejandro Dumas (h) a la que Verdi musicalizó de manera tan magnífica, ha recorrido el mundo y se la señala entre las tres óperas más representadas. 

Producto del romanticismo imperante a mediados del siglo XIX, pero vigente en cuanto al dolor que significa el desencanto amoroso, la enfermedad de Violeta, los celos de Alfredo y el error de Vermont, siguen repiqueteando en el devenir de los tiempos. 

Con acierto el Teatro Argentino resolvió presentar esta adecuada versión que mostró entre sus puntos salientes la correcta concertación y ensamble orquestal; la ya clásica precisión del coro –verdadero placer escucharlo en el conocido brindis “Liviamo ne lieti calici…” del primer acto y en el tan profundo concertante con que finaliza el segundo acto-. 

La debutante soprano americana Elizabeth Blanke Biggs, de poderosos medios vocales con estridentes agudos, se lució en la interpretación del rol protagónico: muy aplaudida en su impronta del primer acto: “E strano…” y “Follie…” y su doliente “Addio del pasaste” del final. Darío Schmunck de vasta y apreciada carrera en Europa, muy seguro como Alfredo, recibió amplios aplausos en “De´miei bollenti spíriti”. En un rol muy ajustado a sus medios, Omar Carrión se mostró aplomado y brilló en las dos romanzas del segundo acto con las que Verdi “corona” la labor de un barítono: “Pura sicome un angelo…” y la más conocida aún “Di Provenza…”. Destacados igualmente la larga lista e comprimarios. 

En cuanto al ballet de los toreros, pareció estar un tanto fuera de la versión: grotescos movimientos, saltos sin razón, figurantes inoportunos, no dieron realce a una escena que tiene su sentido en la trama. 

La escenografía y régie de Willy Landín, en la que se destacaron las omnipresentes camelias y la cama convertida en diversos muebles, permitió un correcto devenir actoral, y coadyuvó para que esta “descarriada” (Traviata) haya alcanzado en La plata el éxito que se merece.

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