martes, 19 de agosto de 2014

La actuación a la gorra y al aire libre gana terreno en la Ciudad

YA FORMAN PARTE DE LA CARTELERA ESTABLE PLATENSE

Doctor Cerebro, Los Muñocos y el grupo Séptido, son las propuestas que llevan varios años en cartel

DR. CEREBRO, LA OBRA QUE YA LLEVA VEINTE AÑOS EN LA PLAZA ITALIA, SE RENUEVA AÑO TRAS AÑO Y RECIBE UNA BUENA RESPUESTA DEL PÚBLICO

Las presentaciones de artistas callejeros y a la gorra hoy son apreciadas por el público, y con los años se han establecido firmemente en la agenda cultural de los fines de semana de la Ciudad.

Punto de encuentro para muchos universitarios durante cada fin de semana, Plaza Italia atrae mucha gente con su feria artesanal y espacios verdes. A esta escenografía se le suma el armatoste que pertenece a “Dr. Cerebro”, el personaje la obra que Federico Marotta encarna desde hace casi 20 años.

Personificando al excéntrico científico con antiparras exageradamente grandes y su delantal verde, Marotta convoca junto a su asistente una multitud todos los fines de semana.

Una combinación de piruetas acrobáticas con elementos de “clown” más un humor un poco picante, más orientado a los adultos que a los niños, le han granjeado un público estable cada vez que se “levanta el telón”.

Marotta, de 38 años, confiesa que al momento de elaborar sus chistes, piensa en lo que le divertiría a el si estuviese en el público, ya que cree que los más chiquitos se enganchan con las piruetas y las actuaciones acrobáticas, y que son los adultos los que aprecian y disfrutan más el contenido verbal.

EL CIRCO

Otro gran exponente que ha evolucionado las artes circenses en las calles, es el grupo de acrobacia aérea Séptido, que hace siete años entretiene a su público, rotando fin de por medio entre Meridiano V y Parque Saavedra, en la biblioteca popular “Del otro lado del árbol”. Los integrantes del grupo, que se conocieron en una escuela de acrobacia aérea de Meridiano V, decidieron hace salir a la calle a mostrar un poco de que se trataba lo que hacían.

Algunos con experiencia en “clown” (una disciplina que cada vez atrae más entusiastas), otros en escenografía, gimnasia artística y otras áreas, armaron su primer show, “Tren a cuerda”, que durante 3 años se ganó la admiración del público con una presentación que incluía acrobacias aéreas, telas, trapecio y piruetas con fuego.

Su segundo espectáculo, “Circo Varado” los ha consolidado como una opción atractiva para disfrutar cada fin de semana, a veces con un público de hasta 600 personas, cuenta Matías Streitenberg, que junto a su hermana y amigos, trabajan continuamente para mejorar el show y poder realizar las exigentes piruetas que forman parte de la presentación.

“Los shows callejeros han mejorado muchísimo, y la gente ha tomado conciencia de que es un trabajo, y que eso hay que respetarlo” cuenta Matías, y comparte su sensación de que cuando pasa la gorra entre el público, siente eso, el respeto de la gente por el esfuerzo que el y el grupo hacen.

En su show, “Circo Varado”, los artistas representan una familia de 5 hermanos, los Varado, artistas de circo que han quedado varados en la estación de tren, porque este nunca llegó. “Y el mensaje es hacer lo que se puede con lo que se tiene” dice Streitenberg, que admite que la calle puede a veces “ser dura”, pero “lo económico queda en segundo plano, lo disfrutamos muchísimo”.

OBRA PARTICIPATIVA

Efectivamente, la vocación y el disfrute parece ser lo que motiva a estos artistas callejeros que intentan sembrar sonrisas y cosechar lo justo para seguir. “No es solamente un entretenimiento, tiene que ver con la ternura y cosas más profundas” dice Adriana Ferré, que junto a Gustavo Gerardo González forman el dúo detrás de la obra Muñocos, que con títeres gigantes representan la historia de un día en el campo del abuelo Cholo, un relato lleno de mensajes sobre el ciclo de la vida, la importancia de cuidar el medio ambiente y sobre todo, el amor.

Declarada de interés educativo, hace 12 años que la pareja representa su obra en colegios, jardines de infantes, centros culturales y Plaza Moreno, entre otros. Gustavo, músico de profesión, es el artífice no sólo de la producción musical de la obra, sino también del diseño y construcción de los varios miembros inanimados del elenco, algunos más altos que una persona.

Inanimados hasta tanto cobran vida, cuando Gustavo y Adriana se sumergen a entretener al público, saludando, bailando y charlando con los chicos que “quedan cautivados porque es muy participativa la obra y están inmersos en la representación”. Gustavo dice que la respuesta de los mas jóvenes es impresionante y que el afecto que le brindan le da una “energía impresionante”.

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