domingo, 10 de agosto de 2014

El porno platense

TENDENCIAS

César Jones es el primer platense en filmar porno en nuestra ciudad. Una industria que en Argentina, recién se está levantando.

Por JOSE SUPERA
Escritor

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Qué es ese ojo, que mira los cuerpos de otras vidas de otros mundos, los cuerpos que mezclan la carne y las excreciones, la cópula. Qué ese ojo, que mira turbado y excitado a la vez, con culpa y con ganas, porque al ojo lo entrenaron, diciéndole esto sí y lo otro no. Qué es ese ojo, que mira alejado, como fantasma de placer. Qué mira ese ojo.

Porno mira.

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Y en esta ciudad cruzada, en diagonal, hay alguien que filma porno. Y lo hace de manera profesional y sistemática.

El director de porno platense César Jones sentado en una sala finita, larga, asfixiante. No hay luz exterior. Puedo sentir su respiración. Estoy sentado en un sillón y él en otro. Hace unos segundos apagó la estufa a cuarzo. En un tercer sillón el guión de su próxima película.

Estante con libros, películas porno, revistas. Tiene algunos premios de la industria. Ya me contó que hizo la carrera de Comunicación Audiovisual en la UNLP. También que fue el primer platense en filmar porno en la ciudad con esa película XXX que sacó en el 2000 y se llamaba Las fantasías del señor Vivace. Ya me contó que ahora filma su 16° película. Pero me quedo con una frase de él, por eso empiezo la nota acá, en mi mente, diciéndome que la nota debe empezar así, con César Jones que larga esta máxima: “La pornografía perturba y molesta porque pone en escena al animal que somos”.

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Pero qué es lo que busca Jones en el fondo: es sólo mostrar lo que sale de nuestros cuerpos encendidos, como negocio; o es además una expresión cultural, con un ojo de por medio que no es el ojo humano sino el anónimo lente de una cámara, el registro que queda para la posteridad, un retrato moderno del acto primitivo. “A veces, creo que no sé exactamente lo que busco con las películas. Si tuviera que trazar una analogía antropológica, sería como investigaciones explícitas de tenor exploratorio, como exploraciones de campo; más que ir a buscar algo definido voy a pisar territorio desconocido en lo erótico. Las películas que hice son cambiantes, pero no en el sentido de una cierta histeria, no veo ese cambio permanente como una carencia sino como una búsqueda hacia delante, hacia donde me lleva la flecha del deseo”.

Cómo es todo el tema a la hora de filmar.

“Tardamos entre una y dos semanas. La filmación la hago muy íntimamente, cuando rodamos lo hacemos con un equipo reducido porque son pocos los actores y actrices con experiencia que pueden llegar a no molestarse por un set de filmación muy poblado. Los meses anteriores al rodaje tenemos varias reuniones con los actores, la idea es que no tengan contacto sexual entre ellos, para que el deseo vaya in crescendo y se haga carne el día de la filmación. A veces después de conocer a los actores, y según sus potenciales, después escribo el guión con las prácticas sexuales: me sirve el placer del actor. Como realizador concibo los largometrajes con una narración esmerada, en las medidas de las posibilidades del género. Trato de diferenciarme de esos guiones de películas porno que le adosan un argumento a la escena sexual, como un ornamento. Tiene que haber un porqué, y no sólo en aras de una lógica narrativa, sino para labrar la historia en un suelo eróticamente más fértil”.

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“Sos Augusto Tellman, me preguntó una voz del otro lado de la línea. Y así empezó todo. Si te tengo que contar como metí en el mundo del porno te diría que fue así, casi de casualidad. Un día vi un film nacional porno que me gustó mucho, me pareció distinto al resto por lo cuidado de sus escenas y la trama. Allí empecé a indagar más de la productora que lo había filmado (LPSEXX) y vi en el sitio web que había un apartado que decía Casting. 

Envié mi currículum y al poco tiempo me olvidé. Tres años después me llamaron a mi celular. Ahora tengo filmado Zorra y Visiones de un Erotómano, ambas con César Jones. Para mí laburar en porno, es una gran experiencia de disfrute de todo tipo, no me refiero solo al ‘acto’, sino todo lo que lo rodea o compone: no quiero reducir la experiencia del porno a lo sexual, que es lo más importante, claro; pero la cuestión es que laburar en porno me dio la posibilidad de experimentar nuevas ‘experiencias antropológicas’ (como diría César Jones) que no sólo me permitieron conocer personas cálidas con las cuales me divertí mucho, sino también -en ese proceso- poder conocerme a mí mismo y disfrutar de ello. 

De mi cuerpo se exige obviamente un determinado cuidado e higiene. Nada que no exija la vida misma. Las jornadas de filmaciones en general son de 7 u 8 hs en las que primero tienden a grabarse las escenas no sexuales y recién sobre el fin de la jornada se trabaja directamente sobre la escena explícita. Son jornadas distendidas, en las cuales uno puede también ir dialogando o comiendo algún refrigerio. Esto hace que se pueda trabajar con muy buen clima. Siempre imagino que en algún momento puede pasar que me reconozcan en la calle. Pero la mayoría de la gente que conozco no lo sabe, sólo un grupo reducido de amigos. Por una cuestión laboral decidí no extenderlo más. A mí me encantaría que todo el mundo lo sepa pero lamentablemente vivimos aún en una sociedad en la que la palabra ‘porno’ esboza risas. Basta con ver el tratamiento desde los medios de comunicación en general para con el porno; aparece en los apartados bizarros, como si -de repente- nadie consumiera porno en su intimidad. Estas cuestiones hacen que lo mantenga en un determinado círculo de allegados”.

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Victoria Luna es una de las primeras actrices porno de nuestra ciudad. Empezó en el medio porque un día vio una peli nacional que le pareció muy mala y se dijo “yo puedo hacerlo mejor”. Así fue como se postuló a un casting de una película condicionada. Mandó fotos. A la semana la llamaron. Quedó seleccionada en esa primera reunión.

Le pregunto que es trabajar con el otro, sentir la piel.

“La piel del otro encierra una persona adentro. Leve detalle que la persona que mayormente no conozco, ni me conoce, tendrá que tener una escena de sexo conmigo a la hora y el día señalados, con unas cuantas personas en el set, también desconocidas. Es complicado, no cualquiera lo haría en estas circunstancias. Mi compañero es entonces para mí en esos momentos previos a quien doy mi calidez, le tiro la mejor onda, le dejo sentir mis miedos y, recién después, acerco la tibieza de mi piel”.

Qué hay en la mochila de Victoria Luna.

“Mi experiencia abarca haber trabajado con varios directores que me convocaron en varias de sus películas. Pibas jóvenes hay, pero no hay muchas milfs (maduras) en Argentina. Mayormente hice películas, no videos. En las pelis tenés guión, historia y compañeros varios, locación lejana, viaje, iluminadores, maquilladores, gente de sonido, vestuario, etc. He trabajado con César Jones, Victor Maytland, Tony Panero, y hasta con directores del exterior. Trabajé para Naughty America, que es una reconocida productora de USA. Pero en Argentina no se puede vivir de esto. Estoy segura que ninguna actriz con la asiduidad de las filmaciones de las películas porno aquí, debe dedicarse a tener otros trabajos. Eso no pasa en Europa o Estados Unidos, son estrellas respetadas que se dedican a cine para adultos y películas condicionadas. Muchas de ellas son empresarias y productoras respetadas; es una actividad, legal, legislada y hasta reconocida socialmente”.

Qué pasa con su entorno. ¿Saben?

“Se enteraron, no les gustó. Estamos en pañales en muchos aspectos, muchos prejuicios y rara moralidad. Las actrices porno les parecen personas promiscuas, ligadas a la droga, al alcohol, a la noche y los burdeles, pero no es así. Se siente el prejuicio de la gente. Yo tengo una vida lejos de todos esos malos conceptos y, aún así, puedo hacer una peli porno porque tengo ganas. Y punto”

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