martes, 24 de junio de 2014

Volver a empezar

“MILAGROS DEL CORAZON”

Por Irene Bianchi

VIRGINIA LAGO Y HÉCTOR GIÓVINE, EN UNA ESCENA DE “MILAGROS DEL CORAZÓN”, OBRA OFRECIDA EL VIERNES EN EL TEATRO LA NONNA

Virginia Lago es una actriz deliciosa. La hemos seguido fielmente a lo largo de su vasta trayectoria, siempre formando parte de proyectos de calidad, siempre coherente en sus elecciones, entregada en cuerpo y alma a tantísimas obras memorables. La vimos en “Pigmalión”, de George Bernardo Shaw; “La Piaf”, de Pam Gems; “Violeta viene a nacer”, de Rodolfo Araceli; “Filomena Marturano”, de Eduardo De Filippo; “Las Chicas del Calendario”, de Tim Firth; “La mujer del domingo”, de Ted Willis; “Ay, Carmela” de José Sanchis Sinisterra; “Una enemiga del pueblo”, de Henrik Ibsen; “Vivir en vos”, de María Elena Walsh; “Las Mosqueteros del Rey” y “Porteñas”, de Manuel González Gil.

Dirigida una vez más por Manuel González Gil, esta versátil e incansable actriz trajo sus “Milagros del Corazón” al Teatro La Nonna, en compañía de otro gran actor y compañero de vida, Héctor Giovine. La pieza, del autor ruso Alexei Arbuzovz, gira en torno al vínculo amoroso que se va gestando entre el “Dr. Nikol”, director de un sanatorio en el que está internada “Lidia Vasil”. Es simple y profunda a la vez.

Ambos traen “heridas de guerra”. El es viudo hace años, con una hija que vive lejos, sólo dedicado a su trabajo. Se ha vuelto bastante mañoso y huraño, sin haber podido reconstruir su vida sentimental. Ella, muy etérea y chejoviana, vive en su mundo de fantasía. Por momentos parece una niña, con pajaritos (y flores) en la cabeza. Dos personajes antagónicos y contrastantes, que se irán acercando y complementando de a poco. Dos náufragos que logran llegar a tierra firme.

Los personajes son creíbles, lo cual genera una inmediata empatía con el público. La química entre ambos actores es más que notoria: se adivinan el pensamiento, la mirada. Su conexión es verdadera y contundente.

La puesta es ágil y toca todas las cuerdas, provocando en el espectador risa, ternura y emoción. Entre escena y escena, vemos fotografías de ambos actores, a lo largo de sus prolíficas trayectorias. La inspirada música de Martín Bianchedi y el hermoso y variado vestuario de Pablo Battaglia, “visten” la obra a la perfección.

“Milagros del corazón”: nunca es tarde, cuando la dicha es buena.

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