sábado, 14 de junio de 2014

EL ALTILLO DEL SUR 30 años de teatro independiente

El grupo teatral dirigido por César Palumbo y Malena Cadelli mantiene el espíritu de sus orígenes 

CÉSAR PALUMBO Y MALENA CADELLI

POR MARIA VIRGINIA BRUNO

Cuando la Democracia estaba dando sus primeros pasos, trayendo claridad después de años de vivir los días como noches, El Altillo del Sur iniciaba su carrera en la Ciudad.

Como un camino de hormigas, esforzado y permanente, este grupo de teatro logró sobrevivir al embate de los años, adaptándose a los cambios pero manteniendo el perfil artístico que siempre los caracterizó: la independencia en el sentido más amplio, el creer que en el teatro como una herramienta para la vida, que ayude a las personas a convertirse en mejores seres humanos.

Fundado por su director César Palumbo en 1984, y secundado por Malena Cadelli desde el 90, El Altillo del Sur pasó por dos sedes (Club y Biblioteca del Banco Provincia) hasta instalarse definitivamente en su propio lugar en 2001, 1 casi esquina 67. Una antigua casa familiar, herencia de una tía, en la que el matrimonio de artistas locales vivía hasta que un día, iluminados por el deseo de tener un teatro en el que poder desarrollar más plenamente su actividad, decidieron tirar paredes y comenzar a materializar su sueño.

Demasiada estructura no necesitaban, su sello costumbrista lo hizo mucho más fácil. “Nosotros somos muy del trabajo como lo que Grotowsky define como el teatro de la pobreza. Primero por una realidad de pobreza, literalmente, y después porque entendemos que cuanto más aséptico sea el trabajo, se traduce mejor”, explicó Malena Cadelli, en diálogo con EL DIA.

En esta misma línea, el director amplió esta definición y destacó las posibilidades que esta concepción conlleva. “Para nosotros el teatro es el actor, que es el que transforma.

Obviamente que como dice nuestro padrino Roberto Cossa (la madrina es Erika Wallner) sin autor no hay teatro, es cierto, pero el actor es el último de la cadena, el que pone el cuerpo y nosotros le damos mucha importancia a eso, más que a las estructuras escénicas. Estamos convencidos de que el teatro es el actor y funciona bien para lo que hacemos nosotros”.

En sus programaciones anuales autores nacionales como Roberto Cossa, Griselda Gambaro, Patricia Suárez o Roberto Arlt son los grandes protagonistas. También textos propios, como los que se ponen a consideración en el clásico ciclo “Juicio por Jurados” o el infantil “Una plaza y mil historias”, de César Palumbo. Y los temas que se tratan, básicamente, tienen que ver con un gusto personal que surge por una necesidad de preservar nuestra identidad.

“Tratamos de trabajar con obras que a nosotros nos conmueven, que puedan despertar en el público un cierto sentido, que les pase algo. Si no vas a tener algún reconocimiento económico, tenés que hacer algo que te guste pero también pensamos en el espectador, que se pueda sentir reflejado, que lo haga pensar”, destacó Palumbo, remarcando una costumbre que no decae con el paso de los años: los debates después de cada función.

Tanto en el grupo como en los talleres que en la casa teatral se dictan hay algo que no se negocia. “Nosotros creemos en el teatro para la vida, lo que pregonamos es que el teatro te haga mejor persona, que lo que jugás o aprendés ahí te sirva afuera, te ayude a plantarte mejor en la vida. En el teatro independiente uno se las rebusca como puede y por esa libertad se traduce en el hecho creativo, en trabajar lo que ha uno lo motiva, darte el gusto de hacer teatro, sentir lo que se vibra cuando se actúa o cuando se ve”, aseguró Malena.

A la hora de hacer un balance de estos primeros treinta años, Palumbo ve la botella en la mitad. “Lo veo bien, como toda sociedad, con sus conflictos pero encaminándose. Cada problema que te pone la contingencia social, política y cultural enfrente te lleva a una reflexión y a buscar soluciones. Nosotros somos partes y vemos entre todos, con el mismo grupo, donde está el problema, si decidimos enfrentarlo, dejarlo pasar, movernos. Creo que se trata de eso, se ir adaptándose a los cambios pero sin perder el espíritu, y en eso estamos. Por eso, personalmente, te diría que han sido tres décadas muy positivas y que la botella está de la mitad para arriba”.

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