lunes, 16 de junio de 2014

Al trapecio con un artista de circo en el corazón

MUNDOS PROPIOS · ACROBACIA AEREA

Una de las cuatro disciplinas clásicas del arte circense, la acrobacia aérea constituye hoy una propuesta elegida por muchas personas que buscan ejercitarse sin dejar por eso de pasarla bien 

JULIANA ALESSANDRO

Aunque de chica en Río Negro le encantaba practicar gimnasia artística en el club, Angeles Prada cuenta que en algún momento de su adolescencia fue dejando esa parte suya cada vez más relegada hasta sentir en algún momento que ya no la podría recuperar. De ahí que cuando hace unos años, ya en La Plata y con dos hijos, una amiga suya le propuso anotarse en un taller de acrobacia no sólo se reencontró con uno de los grandes placeres de su infancia sino con “esa artista de circo” que dice que siempre llevó en el corazón.

Una de las cuatro disciplinas clásicas del arte circense, la acrobacia aérea constituye actualmente una alternativa en la que confluyen tanto artistas que buscan complementar su formación como personas con diversas inquietudes que quieren realizar una actividad física o simplemente compartir algo que les gusta y pasarla bien. “No sólo vienen estudiantes de carreras artísticas; también viene gente de Economía, Derecho y otras áreas. 

Algunos lo eligen como una forma de hacer actividad física más entretenida y fácil de sostener que el gimnasio, y otros solamente porque les gusta. Tenemos gente de todas las edades: desde chicos de 6 años a personas de 60, pero no hay limitaciones de edad”, confirma Fernanda Alessandro.

Una de las fundadoras del Taller de Artes del Circo de las Hnas. Alessandro que funciona en el centro cultural El Núcleo, Fernanda cuenta que se formó como acróbata junto a su hermana Juliana en la Escuela Profesional de Circo de la Comedia de la Provincia, una de las primeras experiencias de su tipo a nivel local.

Si bien sus profesores provenían del circo tradicional y algunos eran artistas de circo de hasta quinta generación, su propuesta educativa apuntaba ya a lo que se conoce hoy como “el nuevo circo”, una escuela que tiene su expresión más reconocida en el Cirque du Soleil. Esa mirada integradora de las técnicas tradicionales del circo es precisamente lo que se encuentra en muchos de los talleres de acrobacia aérea que se dictan en nuestra ciudad.

Lo cierto es que si bien la acrobacia es una actividad que capta gente con diversas inquietudes y motivaciones, “la gran mayoría son mujeres”, observa Cynthia Payne, egresada también de la Escuela provincial e impulsora de la Escuela de Acrobacia Aérea del Club Sporting, quien atribuye el fenómeno a “un prejuicio masculino” más que a cualquier otra razón.

Y es que más allá de que existen ciertos trucos asociados tradicionalmente a los hombres o a las mujeres, la acrobacia aérea requiere una combinación equilibrada de la fuerza masculina con la flexibilidad de la mujer. Junto con al costado artístico y la coordinación, fuerza y flexibilidad -cuenta Cynthia- es lo que más se trabaja en su taller. De ahí que para muchos constituya una buena alternativa al gimnasio y la actividad física tradicional.

“Trabajamos con trapecios y aros, pero la mayoría se engancha más con las telas. En cualquier caso, siempre se arranca a baja altura para ir subiendo a medida que se gana complejidad, y con colchones de caída en el piso para evitar que alguien se pueda lastimar”, describe Cynthia, quien asegura que la mayor dificultad está ante todo en cada quien. “Mientras que algunas chicas que conocen su cuerpo ya se están subiendo a la semana, a otras les toma un poco más”.

Las clases, que según el taller duran entre una hora y media y dos horas, comienzan generalmente con una entrada en calor. “En el caso de los más chicos lo hacemos con malabares; y en los grandes, con abdominales, articulaciones y ejercicios de flexibilidad –cuenta

Fernanda-. Después se varía mucho de una clase a otra, pero en general el ochenta por ciento del tiempo se destina a aprender y practicar técnicas de acrobacia aérea y el resto a una elongación final”.

Además de la práctica de rutina, en la mayoría de los talleres de acrobacia aérea se trabaja para montar una muestra anual. Para muchos de los estudiantes, cuenten los docentes, es un momento largamente esperado; acaso la oportunidad de sacar ante el público “ese artista de circo” que cada uno lleva en su corazón.

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