lunes, 7 de abril de 2014

“Sherlock Holmes: El Sabueso de los Baskerville”

 Teatro - Crítica 

POR IRENE BIANCHI

“Sherlock Holmes: El Sabueso de los Baskerville”, de Guillermo Yanícola, por el Grupo El Esférico. Intérpretes: Emilio Berasain, Martín Eliseo Mendivil. Asistencia: Noelia Almassio. Realización de escenografía y objetos: Ana Lía Bértola, Liliana Cáceres. Diseño y realización de vestuario: Magalí Salvatore. Confección de pelucas y postizos: Sofía Urtea. Selección musical: Tomás Picó. Operación técnica: Nicolás Manuel Pérez, Noelia Almassio. Producción ejecutiva: Martín Mendivil. Producción general: El Esférico. Dirección general: Ana Clara González. Prensa: Mula Comunicación. Teatro Estudio, calle 3 entre 39 y 40, viernes a las 22.

El afamado detective Sherlock Holmes (Mendivil), se siente “viejo, cachuzo, acabado”. Su fiel asistente y amigo, el Dr. Watson (Berasain), intenta sacarlo de su abulia recordándole los aciertos más resonantes, a fin de levantarle su alicaído ánimo. Y así ambos reviven el caso de los Baskerville y la maldición del pantano. Una familia adinerada, una misteriosa muerte, una bestia asesina, la puja por una abultada herencia: sabrosos ingredientes de un enigma digno de este par de exitosos investigadores.

Guillermo Yanícola toma el conocido cuento del escritor y médico escocés Arthur Conan Doyle (1859-1930), y lo transforma en una pieza teatral en la que el suspenso y el humor se entremezclan en justas dosis. Fiel al texto original – argumento, fechas, nombres y lugares- el autor se vale de la dupla para encarnar a todos los otros personajes: Sir Henry Baskerville, Jack Stapleton, su supuesta hermana, Miss Beryl Stapleton; el mayordomo Barrymore y su esposa; el convicto Selden; la Srta. Laura Lyons.

Esto es precisamente lo atractivo de la propuesta de El Esférico: el desdoblamiento de Mendivil y Berasain en múltiples personajes, ayudados por el vestuario y los accesorios (pelucas, postizos, sombreros), más una notable versatilidad actoral en cuanto al lenguaje gestual, corporal, y la impostación de la voz. Es una tarea maratónica: sólo 2 actores pueblan el escenario de tantísimos hombres y mujeres. Un desafío del que salen más que airosos.

La puesta de Ana Clara González es ágil y muy dinámica, rica en matices. El ritmo no decae. Alterna con equilibrio los climas, provocando en el atento público risas y estremecimiento a la par. Esto resultaría imposible sin la ductilidad y gracia de ambos actores, quienes hasta se dan el lujo de bailar en escena.

Mención especial merecen los objetos, la utilería, por lo ingeniosos y bellos, como así también el cuidado vestuario de época y la funcional escenografía.

Parafraseando a Mario Benedetti: en el escenario, codo a codo, son mucho más que dos.

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