miércoles, 30 de abril de 2014

Norma Pons: Del teatro de revista a García Lorca

MIÉRCOLES, 30 DE ABRIL DE 2014

CULTURA › A LOS 71 AÑOS, MURIO AYER LA ACTRIZ NORMA PONS

La noche anterior a su muerte había tenido una breve aparición en el regreso de Marcelo Tinelli en ShowMatch. Desde hacía varios años había logrado lo que fue su aspiración primera: instalarse en un rol destacado como actriz de teatro, cine y televisión.

Por Karina Micheletto

Norma Pons en la época de oro de la revista (Imagen: Télam)
La actriz Norma Pons murió ayer a los 71 años, en un momento de gran actividad en su carrera. La noche anterior a su muerte había aparecido con una breve actuación en el regreso de Marcelo Tinelli en ShowMatch, programa en el que iba a participar compitiendo en el certamen de danza Bailando por un sueño. Tras encarnar en la época de oro de la revista argentina la figura de la “primera vedette”, desde hacía ya varios años había logrado lo que decía había sido su aspiración primera: instalarse en un rol destacado como actriz de teatro, cine y televisión, con una intensa actividad y papeles disímiles. El año pasado había sido premiada con el Estrella de Mar de Oro en Mar del Plata, por su rol protagónico en La casa de Bernarda Alba, bajo la dirección de José María Muscari. Había vivido ese reconocimiento como una meta cumplida.

“Se hizo justicia y ahora estoy tranquila”, había declarado tras el premio. Sentía que el reconocimiento tan buscado, esa figura de actriz “de clásico”, “de carácter”, había llegado tarde, pero agradecía que hubiera llegado. “Siento que Lorca escribió para mí, él es parte de mi ser. Mis maestros me dicen que soy una actriz lorquiana, que ésa es la cuerda que yo manejo, yo he trabajado la línea de Lorca sin darme cuenta”, declaraba tras el premio. “Me identifico con Lorca en la vida –se definía–. Siempre me he tenido que manejar sola. Soy una mujer soltera. No formé una familia. Nunca le pedí nada a nadie. Sólo he pedido trabajo. Golpeé muchas puertas; algunas se abrieron, otras no. Pero nunca dejé de luchar por mi vocación y por mi trabajo, por lo que yo creo. Hay algo de masculino en mi carácter; tengo un carácter muy fuerte, que no pongo en práctica”. Sus palabras sonaban a una definición bastante justa para una artista que se presentó siempre, ante todo, como una trabajadora.

Había nacido como Norma Delia Orizi en Rosario, donde tuvo una primera experiencia artística en el radioteatro, junto a su hermana menor, Mimí. Siempre con su hermana, dejó Rosario apenas terminó el colegio de monjas, para “probar suerte” en Buenos Aires. “Fue en el ’65. La que quería triunfar era yo; Mimí más bien me siguió. Recién llegadas, fuimos a Canal 13, para conocerlo. Cuando entramos, se paró todo el canal. Eramos dos niñas tan lindas, tan jóvenes y altas, que un ejecutivo nos pidió una foto. Y le dimos nuestras fotos carnet. A la semana, la llamaron a Mimí y empezó con Pepe Biondi, Luis Sandrini, Marrone... Y a mí no me llamaban. Yo decía: ¡pero Mimí, si la artista soy yo!”, repasaba con humor sus comienzos en una entrevista concedida junto a su hermana, a quien siempre quedó ligada en el ámbito profesional. De allí, a debutar ella también en el Maipo, siendo todavía una chica, fue cuestión de días.

Tras formar parte del más destacado grupo de vedettes de la época de oro de la revista argentina (“los primeros culos que salieron al escenario fueron el mío y el de mi hermana Mimí”, decía ella), Pons había trabajado mucho para llegar, finalmente, a asumir el rol de actriz. “Se me tendría que haber reconocido veinte años antes, pero no me abrieron las puertas de los teatros, por mi carrera de vedette. No me perdonaron mis raíces. Lo que no saben es que una mujer que hizo revista puede hacer todo en el cine, en el teatro y en la televisión”, decía, comparando la suya con otras carreras como las de Tita Merello, Iris Marga o Gloria Guzmán.

De aquella época en la que instaló su nombre junto al de José Marrone, recordaba: “Cortábamos la calle Corrientes. Las vedettes éramos el misterio; Zulma Faiad era impresionante. Me di cuenta de que en los ’70, los años de la represión, permitían nada más que este tipo de aglomeración”. Su debut en el cine fue en 1968 con Mannequín... alta tensión. En la televisión, su rol más recordado surgió en los ’90 junto a Antonio Gasalla, a quien acompañó durante casi dos décadas en ciclos como Gasalla en libertad y El mundo de Gasalla, con personajes que se volvieron icónicos, como el de la empleada pública.

Había estudiado teatro junto a Agustín Alezzo y el punto de inflexión en su reconocimiento en este ámbito (“lo que me catapultó para que me respetaran, para que creyeran que podía hacer cosas más comprometidas”, decía ella) fue Cocinando con Elisa, dirigida por Villanueva Cosse y presentada en el Teatro del Pueblo, en 1997. Obras como 8 mujeres, Cash o el protagónico de La casa de Bernarda Alba también sellaron este perfil. “Yo hago La casa de Bernarda Alba para que actúe Norma Pons, porque es genial ensayar, verla gestar un rol, vivir el teatro a su lado”, la halagaba Muscari en una carta pública. Durante el verano, Pons había sufrido una descompensación que generó el reto del director: “Norma tiene un enfisema y no se cuida. Yo le pido todo el tiempo que deje de fumar, pero ella no da bola. Espero que esto la ayude a reaccionar. La amo”, le decía. La carta amorosa continuaba: “Pons es un planeta. Un planeta propio. Sólo una ex vedette muy grande, muy colosal, muy genial, puede haber sido el gran soporte de un grande como Antonio Gasalla durante muchos años. Para, luego, mutar de vedette a comediante, y de ladera de cómico a actriz de carácter. Sólo Norma Pons deja boquiabierto a Jorge Rial en una hora de reportaje al mediodía en Intrusos y a la noche conmociona hasta las lágrimas al público culto del Teatro Regina. Sólo ella puede arrancar risas en la platea, haciendo respetuosamente a Lorca, y a la vez lograr que el público llore de pie ovacionándola. Sólo ella lo logra, porque Norma Pons es la más perfecta síntesis de actriz que conozco”.

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