jueves, 24 de abril de 2014

Alfredo Alcón en el recuerdo

JUEVES, 24 DE ABRIL DE 2014

TEATRO › SE ENTREGARON LOS PREMIOS FLORENCIO SANCHEZ EN EL REGINA

Graciela Araujo recibe de manos de Horacio Roca el premio Florencio Sánchez a la Trayectoria. (Imagen: Gentileza Casa del Teatro)

La fiesta de la Casa del Teatro en la que se celebra la actividad escénica del año anterior estuvo dominada por los homenajes al gran actor argentino. El dramaturgo Carlos Gorostiza y y la actriz Graciela Araujo recibieron los premios a la Trayectoria.

Por Hilda Cabrera

Los premios a la trayectoria se entregan siempre al final de todo encuentro, tal vez porque la experiencia de hallarse ante quienes han sabido mantener durante años la pasión por el propio trabajo emociona y disipa temores. Con matices, esto sucede en cada encuentro organizado en La Casa del Teatro, entidad creada en 1938 para albergar a artistas sin recursos en la vejez. Su fiesta anual consiste en la entrega del premio Florencio Sánchez a la actividad teatral en el ámbito del Teatro Regina, que ocupa el mismo edificio. La estatuilla recibida el martes por los galardonados representa a un artista admirado: el montevideano autor de las hoy clásicas En familia, Barranca abajo y M’hijo el dotor. Durante la ceremonia, conducida por la actriz Claribel Medina, hubo espacio para recordar a quienes ya no están: Elena Tasisto, Carlos Moreno, Alfredo Alcón y otros compañeros y amigos mencionados en el transcurso del acto. Luego de las presentaciones de Medina y de una breve alocución del director Julio Baccaro sobre la entidad que preside, se dieron a conocer las primeras distinciones. En el poblado recinto de Santa Fe 1235, Pablo Ramírez recibió la estatuilla por su diseño de vestuario para Triste golondrina macho; Alberto Negrín por la escenografía de Amadeus, y Pedro Zambrelli por la iluminación de Antílopes.

El denominado Premio Especial de quinientos dólares que anualmente entrega la Fundación TSU Cosméticos fue para el actor y director Hugo Alvarez, quien vivió su exilio en Suecia y a su regreso logró reabrir en 2011 la Sala Corrientes Azul. En Música para teatro, el elegido fue Diego Vila (Noches romanas), quien dedicó su premio a los compañeros de elenco. Gentileza que hacia el propio elenco no olvidaron los calificados de “mejores” por el jurado. Hubo menciones para el Primer Festival de Teatro sobre Violencia de Género, que en 2013 logró convocar a 60 elencos. Cifra que entusiasmó a sus organizadoras, al punto de prometer un segundo encuentro para 2015. Otra mención fue para el Plan Federal del Teatro Nacional Cervantes, recibida por Marcelo León, quien recordó el inicio del programa en 2005, el empuje de Rosa Celentano, la cantidad de estrenos y la importancia de “sacar el teatro a la calle”. El actor Pablo Alarcón recibió a su vez una distinción, también especial, por su apoyo a la Casa del Teatro y su trabajo en Discurso de la servidumbre voluntaria, inspirado en un texto político de Ettiene de la Boessi, de 1548, crítico del desmedido poder de los gobernantes. En el rubro Autor nacional, el galardón fue para Mario Diament, por Tierra del fuego. Por ausencia (Diament vive en Estados Unidos), lo retiró la actriz Alejandra Darín. Las distinciones en Revelación fueron para Ulises Pafundi (Hablemos a calzón quitado) y Elena Boggan (Emilia).

En el rubro Unipersonal se destacó a Gustavo Pardi (Poeta de Nueva York) y Soledad Silveyra (Nada del amor me produce envidia). En Dirección, a Silvio Lang (Querido Ibsen: soy Nora, de Griselda Gambaro); y como Protagonistas de musical a Jorge Suárez y Julia Calvo, intérpretes en Manzi, la vida en orsai, musical señalado como el mejor de 2013. De los nominados extranjeros se premió a Shakespeare falsificado (Chile) y como actor y actriz de reparto a Miguel Jordán (Tierra del fuego) y Verónica Pelaccini (Amadeus). El Mejor protagónico fue para Belén Blanco (Querido Ibsen: soy Nora) y Osmar Núñez (Noches romanas), que mencionó a sus compañeros y muy especialmente a su director Oscar Barney Finn y a la actriz Virginia Innocenti, de quien dijo que, comparadas con ella, las actrices de Hollywood son de cera. Cuando llegó el turno de los elegidos por Trayectoria se convocó al dramaturgo Roberto “Tito” Cossa para entregar el premio a otra personalidad de la dramaturgia, que lo es también de la dirección y la literatura: Carlos Gorostiza. Mientras Claribel Medina leía la semblanza que había preparado el periodista y crítico Luis Mazas, Cossa guardaba silencio. La entrega fue rápida y breve, pero risueña la comunicación con el público. Ante la mención de sus 94 años, el autor de El merodeador enmascarado dio vuelta el dato. “Podrían ser 49, porque todo depende del lugar desde donde se mire.”

Broma que le permitió confesar “el sentimiento dulce y triste” que le provocaba recordar que una estatuilla como la suya estuvo en manos de Alfredo Alcón. Después de una pausa, retornó al humor y a sus 94 o 49 años parodiando –con pequeños cambios– unos versos del poeta Antonio Machado: “Caminante no hay trayecto, se hace trayecto al andar...” “Prometo seguir empecinadamente en esta Trayectoria.” Otro texto, también leído por Medina, sirvió a la presentación de la actriz Graciela Araujo, distinguida por su trayectoria. En apretada síntesis, el escrito de la periodista y crítica Ana Seoane enumeraba algunos de sus incontables trabajos, incluidas sus composiciones en el Teatro San Martín, donde en otro tiempo integró el Elenco Estable. Araujo posee el temple de las grandes actrices y se la ha destacado siempre por su buena dicción, elegancia y desempeño en obras tan disímiles como las del Siglo de Oro Español, las creaciones de Federico García Lorca y William Shakespeare, y en otras de carácter rudo, como Las presidentas, o de afinada ironía, como Las reglas de la urbanidad en la sociedad moderna, y más recientemente en Final de partida, junto a Alfredo Alcón, Roberto Castro y Joaquín Furriel. Conmovida, Graciela mencionó a una amiga totalmente convencida de que el teatro salva. “¡Me salvó a mí!”, dijo entonces la actriz casi con asombro desde el escenario. “Alfredo me llamó para suplantar a mi amiga Márgara Alonso, y me curé en el escenario. Me curé trabajando. Por eso digo que me salvó. ¡Gracias Alfredo!”

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