martes, 4 de febrero de 2014

Karina K: "No soy nada convencional"

Mañana la actriz estrena "Al final del arco iris", obra en la que encarna a Judy Garland en sus últimos momentos de vida. La historia de cómo se fue preprarando para interpretar a esta gran estrella ed Hollywood.

04.02.2014
Por Sandra Commisso

Karina K encarna a la leyenda de Holliwood Judy Garland. (Lucía Merle)

“Esta obra es un acto de amor por un personaje entrañable”. Karina K habla con ternura y pasión del personaje que tiene entre manos: Judy Garland. La actriz y cantante hace años se viene preparando para meterse en los zapatos de una de las leyendas de Hollywood de todos los tiempos (ver Artista...) y la cuenta regresiva ya comenzó. Mañana se estrena en el teatro Apolo Al final del arco iris, la obra en la que Karina será Judy arriba del escenario, dirigida por Ricky Pashkus.

En su camarín hay libros, fotos, pelucas y vestuario alusivos a Garland, además de un objeto mínimo y curioso: una esfera transparente con efecto nieve en el que anidan un par de zapatitos rojos iguales a los que usó Judy en El mago de Oz, la película que la consagró como estrella indiscutida. Ese micromundo traído de regalo de las entrañas hollywoodenses es como un tesoro para Karina, y que viene a coronar un trabajo exhaustivo de investigación sobre el personaje.

Más allá del talento que tuvo Judy Garland, ¿qué te atrajo del personaje?

Era un artista completa. Hay una anécdota de ella de cuando tenía dos años y se subió a un escenario junto a sus hermanas a cantar Jingle Bells y no la podían bajar del escenario. Eso me conmueve profundamente. Y me hizo acordar a una situación que viví yo. Tendría cinco años y estudiaba danzas folclóricas. Y en una de las muestras de fin de año salí al escenario y las luces me encadilaron. Me puse a bailar, pero no veía a la gente, sólo escuchaba frases como: “ Ahhh... ahhh ”, y eso fue tan sensorial para mí que sentí ahí mismo que ése era mi lugar. En el escenario estaba y estoy cómoda.

Desde entonces, Karina K no se bajó nunca de los escenarios. Estudió danza, música y teatro en el Instituto Lavardén, en el Collegium Musicum, en la Escuela Nacional de Danzas y en la escuela de Rubén Szuchmacher. Pero también fue una gran cultora del under porteño en la época que reinaban Batato Barea y Alejandro Urdapilleta, entre otros. Su debut en una obra comercial fue al lado de Susana Giménez en Sugar. Y de ahí, todo lo demás. Karina K es de las que realmente gastó tacos en los escenarios.

También vivió ocho años en Barcelona, adonde fue detrás de un amor. “Allá hice mucho varieté y aprendí mucho del musical. Y también trabajé con el método del teatro físico de Jacques Lecoq”, cuenta.

“Al final del arco iris” se centra en los últimos tres meses de vida de Judy Garland, quien tuvo una existencia intensa y muy dramática. ¿Cómo hacés para llegar con toda esa carga al escenario?

Judy era una mujer con una enorme inestabilidad emocional que, muchas veces, no se podía hacer cargo de su vida. Y además, en esos meses ella pasaba por un período de abstinencia de las anfetaminas a las que era adicta desde muy temprano. Profundicé mucho en esto, hablé con psicólogos y también indagué en mi propia etapa de excesos.

¿Cómo fue eso?

Tuve en un corto período durante la adolescencia en el que experimenté con distintos estimulantes. Lo pude dejar enseguida. Soy una sobreviviente. Lo que aprovecho es rememorar esa sensación física y la alteración que provoca. Pero no es necesario pasar para esa situación para poder reproducirla como actriz. No reniego de esa etapa, pero pude despegarme gracias al teatro.

Hija del doctor Fidel Moccio -uno de los especialistas en psicología y salud mental quien, junto a Tato Pavlovsky, introdujo el psicodrama en la Argentina-, Karina K se crió con un gran incentivo para desarrollar la creatividad. En los años que frecuentaba el Parakultural donde se codeaba con Batato, Urdapilleta, Divina Gloria, Dalila y los Cometas Bras, formó un dúo, para hacer “números vivos” junto a Tino Tinto. “De ahí salió mi nombre: éramos Tino T y Karina K, por sugerencia de Batato. Y me quedó, me dio identidad como artista”. A eso le siguieron varias bandas de rap, soul, hip hop. “Con una que se llamaba Patricias Argentinas fuimos teloneras de Fabiana Cantilo”, recuerda. Ya más cerca en el tiempo hizo Cabaret, Pepino el 88, Souvenir (en una genial recreación de Florence Foster Jenkins, una millonaria norteamericana, pésima cantante pero con delirios de diva), participó de Primeras Damas del musical y varias obras más.

Sólo te falta actuar en Broadway.

Podría ser. Pero la gente se me ríe cuando digo que la única Calle 42 que conozco es la de La Plata. No sé, no se dio. Me encantaría actuar en Broadway, pero más me gustaría llevar el musical a otros países de Latinoamérica que no tienen tanta tradición con el género.

¿Te sentís parte de una tradición de mujeres artistas que hacen de todo?

Sí. Mi gran referente es Niní Marshall. Yo la imitaba. Cuando hice Souvenir la hija de Niní me entrenó y aproveché mucho de eso para la obra. Me gusta pasar de un personaje a otro y que no tengan nada que ver entre sí. Creo que soy muy camaléonica y eso me viene del under. No soy nada convencional. O al menos no tengo una sola convención. En algún momento me gustaría hacer la vida de Niní Marshall y también la de Nacha Guevara, porque son de esas artistas completas de las que aprendo todo el tiempo. Y todavía me queda mucho por aprender.

¿Creés que Judy Garland va a marcar un antes y un después en tu carrera?

Posiblemente porque lo que ella significa y porque yo llego a la calle Corrientes con ella. Creo que Judy se merecía estar en la calle Corrientes. Esta es mi revolución humana, la que está al final de mi arco iris. Además, tengo la misma edad que Judy cuando murió: 47 años. Creo que este personaje me llegó en el momento justo. Y siento que va a ser una bisagra en mi vida.

El “Proyecto Judy”, cumplido 

El proyecto para hacer Al final del arco iris lleva varios años cocinándose. Karina K se lo comentó a su amigo, el coreógrafo y director Ricky Pashkus, quien lo hizo propio y ahora dirige la obra. “Pero hasta llegar a eso no fue fácil. Ricky decidió comprar los derechos, y hubo una cadena de afectos que colaboraron. Su hermano Tommy y Julio Chávez, que es su amigo, colaboraron”, cuenta Karina. ”Después, con el maestro Alberto Favero hicimos las traducciones de las canciones y él se ocupó de los arreglos musicales. 

La dificultad fue nuestro combustible para llegar. Fue un largo camino que todos sostuvimos por la pasión que nos despertó este personaje entrañable”. La obra se centra en los últimos tres meses de vida de Garland, mientras daba una serie de conciertos en Londres, en 1969. “Fue en un momento de abstinencia de ella que pudo sostener gracias al amor de su último marido, Mickey Deans, quien era trece años menor”. En la obra, ese personaje lo interpreta Federico Amador y completa el elenco Antonio Grimau, quien hace de su pianista y amigo. “Judy era como el prisma que se deja atravesar por la luz y despliega todos los colores. Ella era el arco iris”.

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