lunes, 30 de diciembre de 2013

Balance 2013 en C.A.B.A.: Teatro

29.12.2013

Por Juan José Santillán
“Final de partida” 

Alfredo Alcón dirigió y protagonizó esta puesta junto a Joaquín Furriel. De lo mejor. La temporada teatral 2013 en Buenos Aires mantuvo su intensidad en los diferentes circuitos de exhibición tanto oficial, comercial como alternativo; con una afluencia que convocó solo en obras de teatro, infantiles y de danza en el Complejo Teatral de Buenos Aires a 204.569 espectadores, en 899 funciones. Mientras que el Cervantes, únicamente en las salas de Córdoba y Libertad, tuvo 89.611 espectadores en 554 funciones. Por último, la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET) declara haber realizado este año 8.232 funciones, estrenado 224 espectáculos y convocado a 2.310.034 espectadores. Se trata de cifras oficiales y de una asociación empresaria del sector, pero sirven de parámetro.

Por un lado, Buenos Aires es una ciudad teatral que no tiene paralelismo a nivel latinoamericano. En número genera propuestas en materia de artes escénicas que la ligan a Berlín, Nueva York y Londres. En lo referido a diseños de producción la distancia es abismal con esas plazas, los problemas del medio son otros, pero se está cerca en volumen. Esta equivalencia entre mercados puede significar algo o realmente muy poco.

La abrumadora cantidad de espectáculos porteños sigue generando una dispersión notable de la cartelera, las condiciones de trabajo en muchos casos son realmente magras; por ejemplo, en el circuito alternativo - y también en una parte del oficial- la norma es ensayar sin cobrar nada, estrenar y recuperar, a los premios, el dinero invertido. Aunque como novedad se han vuelto a firmar convenios de producción entre ARTEI (representante de salas independientes porteñas) con AADET, afianzando la relación cada vez más fluida entre lo “comercial” y lo “alternativo”. Sin embargo, la pregunta que cobra más fuerza es acerca del rol del espectador, las estrategias para convocarlo y sostenerlo en un campo con ofertas de todo tipo. Muchos creadores confirman que no hay movida de prensa ni “escuela de espectadores” que le haga frente al boca en boca. Y cómo se enciende eso, además de contar con la base de una obra de calidad, es un misterio. Por ejemplo, en la ciudad los espectáculos teatrales que más recaudaron en 2013 según AADET fueron Violetta, seguido de Stravaganza. Recién tercera aparece una comedia de texto como Toc-Toc; detrás viene el drama de Ingmar Bergman, Escenas de la vida conyugal.

Aunque no siempre cantidad significa calidad, en materia de prestigio, al menos, el teatro porteño tiene una marca ineludible. Y este año no fue la excepción. En el oficial una de las puestas más importantes del San Martín fue Querido Ibsen: soy Nora, nuevo texto de Griselda Gambaro con dirección de Silvio Lang. Allí, Belén Blanco interpretó una versión de Nora que construyó en escena un desgarrado reclamo de género al propio Ibsen. En el mismo teatro se presentó Final de parti da, de Beckett, dirigida y protagonizada por Alfredo Alcón y Joaquín Furriel; un dueto que será recordado, emotivamente, como lo mejor del año. El Cervantes tuvo muy buenas propuestas como Hoy debuta la finada, la primera obra que dirigió María José Gabín. También se destacó la versión de El gran deschave, dirigida por Luciano Suardi, que contó con Muriel Santana y Guillermo Arengo.

En términos de actuación, una de las madres terribles del año la interpretó Leonor Manso en El león de invierno. Allí volvió a demostrar por qué es una actriz imprescindible. También en materia de vínculos madre e hija, se lucieron María Onetto y Cristina Banegas en Sonata de otoño, de Bergman. Y en otro plano, también fue bien elaborada la relación filial que tuvieron Marilú Marini y Malena Solda en 33 Variaciones.

En el circuito alternativo uno de los tantos trabajos para destacar fue la versión de Othelo, dirigida, traducida y adaptaba por Gabriel Chame Buendía. El fundador del Clú del Claun, y ex payaso del Cirque du Soleil, demostró cómo Shakespeare puede ser abordado desde un lenguaje tan elaborado como el clown y no desfallecer en el intento. También el colectivo Apacheta, dirigido por Guillermo Cacace, cumplió una década de trayectoria y lo festejó con la notable A mamá, una versión de La orestíada, anclada en el conurbano y en la estética del fotógrafo Marcos López. Entre la camada de jóvenes directores, volvió a lucirse Martín Flores Cárdenas, esta vez con Entonces bailemos. Y la puesta de Matías Umpiérrez de Distancia, donde emparentó la artesanía teatral con la utilización de los recursos de la Web. También Mariana Obersztern estrenó Si el destino viene a mí y Ricardo Bartís, La máquina idiota; ambas reflexionaron con lucidez sobre la práctica teatral. Entre los musicales, fue notable la versión con Julieta Díaz y Gabriel Goity de Los locos Addams, también la reposición de Forever Young y el suceso de Y un día Nico un día se fue.

En materia internacional, este año estuvo el IX FIBA. En ese marco se produjo uno de los sucesos del año: la discusión que tuvo con una parte del público el programador artístico del festival, Darío Lopérfido, durante la presentación de Un enemigo del pueblo, con insultos incluidos. Además, el festival contó, entre otras visitas de primera línea, con Jan Fabre, Romeo Castellucci y el polaco Marcin Liber. Otra visita importante fue la del reciente ganador del premio nacional de Literatura Dramática de España, Juan Mayorga con su obra El crítico, dirigida por Guillermo Heras, en el San Martín. Y además, fue el dramaturgista de la excelente versión, protagonizada por Blanca Portillo, de La vida es sueño, de Calderón, que presentó la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España en la Martín Coronado.

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