sábado, 26 de octubre de 2013

Palo Pandolfo: “Escribo para mostrar lo invisible”

26/10/13 - 09:22hs

El artista de culto y pionero de  los ’90 se presentará en La Plata el próximo sábado. En exclusiva con Hoy adelanta ese show, habla de Charly, Spinetta, Los Beatles y más

A mediados de la década del ’80, Palo Pandolfo se abrió paso en la escena del rock nacional con Don Cornelio y la Zona, una banda que dejó en el inconsciente colectivo hits pop como Ella vendrá. Tiempo después formaría Los visitantes, grupo que lo convertiría en pionero de la fusión de estilos como rock, tango y folklore. Hoy, esa formación es influencia de la nueva escena folk, desde Lucio Mantel a Lisandro Aristimuño. Un poco padre de ese movimiento, un poco artista de culto, meses atrás Pandolfo lanzó Esto es un abrazo, un disco rockero pero en el que continúa fusionando huaynos, baladas y hardcores junto a su nueva –y mística- banda La hermandad, con la que se presentará el próximo sábado 2 de noviembre, a las 21, en La Trastienda (51, entre 5 y 6). En la víspera, el artista mantuvo una distendida charla con Hoy en la que, casi por inercia, aparecen nombres como los de Luis Alberto Spinetta, Charly García y bandas platenses como Peligrosos gorriones.

Un abrazo místico

La hermandad tiene algo de secta, de logia, de un misticismo que para Palo no tiene nada de nuevo: “Yo siempre escribo desde lo espiritual, para mostrar lo invisible. Después de tanto escuchar a Los Beatles, Led Zeppelin y Pescado Rabioso, Esto es un abrazo salió como un ejercicio de composición automática, sin esperar la inspiración; es metafísico porque más que la mente prevalece la emoción y el espíritu. El disco tiene que ver con una cuestión de amor al cosmos, a mí mismo, a las personas que quiero, al rock argentino. Es un poco místico, pero siempre fue así mi carrera”.

Y con ese misticismo llegás a La Plata, ¿cómo va a ser el show?

En la primera parte del vamos a tocar el disco entero y luego temas de otras épocas, con esta banda que armé con gente del Gran Buenos Aires, porque el rock no es así nomás, no es como una banda de Diego Torres; el rock tiene que tener identificación con lo que se dice, con el barrio, sino no me sirve. Creo que es la mejor banda que armé en mi vida y es un milagro también repasar mi repertorio con ellos. El escenario es un lugar sin tiempo, como una gran bola de energía en la que uno se mete y no sabe en qué punto del tiempo está.

No renegás de tu pasado…

Nunca dije “esta etapa de mi vida está perimida, ya fue superada”. El que me viene a ver tiene derecho a escuchar viejos temas. Me pasó con otros artistas argentinos de los que soy muy devoto, como Spinetta, que en el ’80 no tocaba ni un tema de Pescado Rabioso. Después de muchos años se relajó y empezó a tocar temas viejos. 

Algo de esa reconciliación con el pasado hay en la nueva etapa de Charly García…

Sí, está tocando temas anteriores a Piano Bar, que es el principio del fin, lo mejor que hizo. Está en un momento de terapia, de curación, Dios quiera que siga saliendo de esa adicción tremenda. Hace poco vi una versión de Eiti Leda que tocó en el Colón y terminé llorando, porque lo vi a él parado en el medio del Teatro, tocando los sintetizadores con un solo tremendo, y me emocioné hasta las pelotas. El rock nacional ha sido lo mejor que le ha pasado a Argentina y si Spinetta es Dios, Charly es Cristo.

¿Y por qué creés que se lo crucifica tanto?

Creo que él se crucificó sólo. Su actitud en la década del '90, y hasta que empezó la recuperación en 2008, era como una especie de vómito en la cara de la burguesía porteña. Porque desde el primer disco de Sui Generis (Vida) se cansó de denunciar la decadencia de la sociedad de la clase media alta, de mostrar cómo la mediocridad se apoderó de Buenos Aires, que dejó de ser una ciudad de luz para convertirse en una ciudad transa, neurótica, violenta y él se fue radicalizando en su autoconsumo para convertirse en punk; su vida misma es una canción. Él es la obra de arte. Él se crucificó para enrostrarnos lo decadentes que somos.

Discípulo y maestro

En el mismo tren místico, Palo se olvida por completo de la promoción de su disco y de su próxima visita a La plata para destacar a otros de sus héroes musicales, como Los Beatles: “Es muy interesante que desde Liverpool, en la posguerra, en un mundo que se estaba matando, de repente unos ingleses se juntan con los alemanes en plena vanguardia, son modernos, revolucionan el rock and roll, toman ácidos, viajan a la India y se hacen místicos. Son increíbles y creo que hay que esforzarse bastante para superarlos”.

Ahora, vos también sos un referente…

Y me encanta, porque siempre tomé de referencia a los pioneros del rock: sin García, Spinetta o Los Beatles no hubiese sido nadie. Que mi canto haya podido abrir cabezas en la década del ’90 me satisface. Tengo nuevos amigos como Lisandro Aristimuño, Lucio Mantel, etc. y me nutro de ellos. Soy referente de ellos, pero no me quedo arriba del pedestal como un prócer de mierda; yo bajo, me hago amigo y toco con ellos. Nunca me paré como muchas estrellas del rock argentino multimillonarias; yo vivo al día, nunca me sobra nada y estoy sacrificándome, ese debatirse día a día es lo que me estimula a seguir creando, por eso mis canciones siguen vivas. Yo puedo morir, pero dentro de cien años alguien va a cantar mi canción y me voy a integrar como una gota en un río que fluye.

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