viernes, 25 de octubre de 2013

"El holandés errante": En la búsqueda de la paz interior

“EL HOLANDÉS ERRANTE”, EN EL ARGENTINO

Por MARIO F. VIVINO

LA VERSIÓN DEL TEATRO ARGENTINO DE “EL HOLANDÉS ERRANTE” CONTÓ DESDE EL PLANO MUSICAL CON ACIERTOS EN LA ACTUACIÓN DE LA ORQUESTA Y LA FORMIDABLE INTERVENCIÓN DEL CORO ESTABLE

El holandés errante. Música y libreto de Richard Wagner. Estreno: Dresde, 2 de enero de 1843. Intérpretes solistas: Licio Bruno (El holandés); Víctor Castells (Doland), Mónica Ferracani (Senta), Francesco Petrozzi (Erik, prometido de Senta), Roxana Deviggiano (Mary, Nodriza de Senta); Sergio Spina (El timonel). Orquesta Teatro Argentino. Dirección: Silvio Viegas. Coro Estable, con dirección de Esteban Raijmichuk. Dirección escénica: Louis Desiré. Escenografía: Diego Méndez Casariego. Funciones. 18, 20 y 26
de octubre de 2013.

Convertida por imperio de las circunstancias en la primera puesta del año 2013, la versión de la siempre interesante obra que Wagner adaptó para el género lírico de las leyendas que Von Schanabelewopski popularizó y fueron a su vez, “satirizadas” por Heine a mediados del siglo XIX, se constituyó en el homenaje al insigne autor en el bicentenario de su nacimiento.

La leyenda resume la búsqueda de la paz interior a alcanzar por un marino “obligado” a vagar por los mares hasta encontrar el amor de una mujer absolutamente fiel. Cree hallarlo en Senta en una de las detenciones a la que el buque tiene derecho cada 7 años. Estrenada en época de pleno auge romanticista en todos los campos culturales, el holandés errante (o El buque fantasma) es considerada obra clásica del llamado segundo período wagneriano y contiene embrionariamente todas las características que luego
se verán acentuadas en las obras finales del compositor. Es decir: los amantes del género y de la línea germánica encuentran aquí fuertes motivos para plena satisfacción.

La versión que desde el punto de vista de escenografía y regie puede considerarse pálida y poco demostrativa, contó desde el plano musical con aciertos en la actuación de la orquesta y la formidable y cada vez más lograda intervención del coro estable que alcanzó perfiles superlativos y fue el sustento de la obra.

Los cantantes solistas, completaron acertadamente sus respectivos roles. El reconocido Licio Bruno compuso con vigor y genuina versión alemana, su holandés. Con algunas mínimas falencias, Mónica Ferracani produjo una satisfactoria Senta, con sus agudos penetrantes e indiscutible musicalidad. Vibrante y positivo el Erik de Francesco Petrozzi, involuntario causante del fracaso del protagonista, en un papel por demás exigente. Víctor Castellas satisfizo en el igualmente difícil Daland, padre “interesado” de Senta. Roxana Daviggiano y Sergio Spina completaron adecuadamente el elenco.

Podemos resumir con dos conclusiones: la primera, surge de la profundidad del mensaje de la obra: no se logra la paz interior a través de búsquedas ni propuestas esotéricas sino por medio de la fe en Dios. La segunda: la sensación de haber alcanzado una realización concreta por parte del Teatro en esta temporada que parecía terminar sin resultados, por medio de la comprensión y calidad de sus integrantes.

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