jueves, 5 de septiembre de 2013

Martín Bossi: “No ando cazando personajes”

CULTURA /  El actor habla del éxito de su espectáculo y de su vida dedicada al trabajo antes de volver a presentar El Impostor Apasionado en La Plata. Brindará cuatro funciones, de jueves a domingo, en el Teatro Coliseo Podestá.

04.09.2013 | 16.22

Por Carolina Sirio

Martín Bossi vuelve a La Plata con su espectáculo

En El impostor Apasionado el actor Martín Bossi desarrolla impecables caracterizaciones de distintas figuras de la música nacional e internacional, la TV, y de la cultura diaria de todos los argentinos. Acompañado por Vivian Jaber y con una imponente puesta en escena en base a proyecciones fílmicas y multimedia, revive la historia de sus inicios y la serie de obstáculos que tuvo que atravesar durante su infancia, adolescencia y adultez para poder desarrollar su capacidad de conquista más allá de sus máscaras. 

En su vuelta a La Plata y al teatro Coliseo Podestá (10 entre 46 y 47), Bossi brindará cuatro funciones de El impostor Apasionado, del jueves al domingo. Antes, el actor mantuvo una entrevista con Diagonales.com, donde habló del espectáculo y de su vida dedicada a este trabajo. 

–¿A qué atribuye el éxito o la expectativa del público por ver su espectáculo? 

–Es extraño. No quiero ser pedante, pero nos pasó en Rosario, con cinco funciones y más de 4 mil entradas vendidas, también en Uruguay. Si lo atribuyo a algo es a que es un espectáculo artesanal. Hoy no hay más cosas artesanales, es todo muy mediato, muy tecnológico, muy confuso, no hay tanta poesía. Y este espectáculo es un espectáculo que plantea cosas básicamente, hablamos de la muerte del amor de la locura, fusionamos el musical con la comedia, con la comicidad, tocamos puntos bastantes lindos para la gente. 

–El espectáculo pasa por distintos climas, desde la risa hasta la reflexión y la nostalgia… 

–Creo que la gente está necesitando eso, y en ese sentido creo que hemos dado en la tecla. Y después ven a un actor como yo, con limitaciones y con virtudes, que muestra una pasión por algo, y creo que la gente también se identifica ahí si es que tengo que buscarle una explicación. 

–El Impostor Apasionado no es una serie de sketchs uno tras otro, como podría esperarse del espectáculo de un imitador, sino que hay una historia que se cuenta y que va hilando las imitaciones. ¿Cómo surgió la idea de hacer este tipo de espectáculo? 

–Lo fuimos construyendo con Emilio Tamer, que es el director, con Manuel Wirtz, que también tuvo parte en este proceso de crecimiento. Porque lo que yo mostré en la tele es algo, y lo que yo soy como actor es otra cosa, entonces la gente por ahí se sorprende con eso. 

–Es distinto a lo que tal vez se supone que uno espera ver… 

–Yo básicamente soy un actor, un actor que además puede imitar, y los que actúan cuentan historias. Hay diferentes lecturas que se pueden hacer del espectáculo: los que quieren mirar más superficialmente, que dicen “mirá como lo hace”, “canta igual”, “se parece”; los que disfrutan de los diferentes tipos de ritmos y dicen “qué bueno que te haga reír Martín”, y los otros que dicen “puta, acá nos están diciendo algo”… y eso es El Impostor Apasionado. 

–Y tiene mucho que ver con la historia de tu vida, es la historia de tu vida… 

–Obvio. Hablo de la historia de mi vida, de mi pueblo. 

–¿Cómo es para usted, ver la historia de tu vida en el escenario? 

–Es lograr mi objetivo, lo que quería mostrarle a la gente desde que tengo uso de razón. Ni más ni menos. A veces, cuando digo que la gente me venga a ver, me parece un acto de justicia, porque la única vida que tengo se la dediqué a esto y si realmente no puedo lograr mover a la gente a ver una función, me tengo que dedicar a otra cosa. El tesoro más grande de uno es la vida, y yo toda la vida se la entregué a este trabajo. 

–¿Y con cuál de sus personajes siente que se dio el gusto? 

–Hacer de mí. 

–Sin máscara...

–Fue lo que más me costó, lo demás es muy simple. 

–Esa es una de las partes más emocionantes del espectáculo… 

–Sí, y la que más me costó, me costó unos 35 años. 

–¿Cómo es hacerlo en cada función? La gente queda emocionada, ¿qué le pasa a usted al hacerlo? 

–Yo quedo conmocionado y muy cansado. A la emoción a veces hay que tomarla como un músculo. Y trabajar con ese músculo todo el tiempo es desgastante, en el buen sentido, pero desgasta mucho. 

–¿Tiene pendiente hacer algún personaje en el que esté empeñado lograr? 

–No. En realidad, lo que a mí más seduce de este momento es terminar de hacer la película de Olmedo. Yo ya no hablo más de personajes, no ando cazando personajes, es como a un empresario panadero preguntarle si está probando alguna masa… estoy pensando más en grande. A esta altura de mi vida no puedo pensar en sacar tal personajito para que vean si me parezco. Ya no es un piropo que me digan “uno de los mejores imitadores”. 

–Que lo reconozcan como actor sí lo tomaría como un piropo… 

–Y de una vez por todas, me parece que en algún momento tiene que ser… 

–El aplauso al final de cada función seguramente tiene que ver con ese reconocimiento… 

–Ojalá! 

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