jueves, 5 de septiembre de 2013

Julieta Vallina: Una actriz compulsiva

UNA PLATENSE QUE BRILLA CON LUZ PROPIA
Una actriz compulsiva  

Consolidada en la escena teatral porteña y con importantes trabajos en la tevé, Julieta Vallina vive un presente ideal pero siempre en movimiento: se prepara para dirigir, quiere incursionar más en cine y planea retomar la pintura, su otro gran amor 

JULIETA VALLINA, EN “TRISTE GOLONDRINA MACHO”, JUNTO A BLAS ARRESE IGOR Y ROMINA GAETANI

Dice que todo en su vida gira en torno a la actuación y se considera una privilegiada por poder hacerlo. A los 41 años, Julieta Vallina, una actriz nacida y formada en La Plata, disfruta de un presente profesional que la ubica consolidada en la escena teatral porteña, además de ser reconocida por destacadas participaciones en la tele. Sin embargo, lejos de una actitud conformista y pasiva, la platense se prepara para dirigir sus propios espectáculos, busca incursionar más en la pantalla grande y planea retomar la pintura, una disciplina con la que tiene una cuenta pendiente.

Encabezando en el Teatro Regio “Triste Golondrina Macho”, la obra de Manuel Puig subida a escena por el también platense Blas Arrese Igor y Guillermo Arengo, Julieta Vallina contó, en diálogo con EL DIA, cómo es vivir de y para la actuación. “No puedo dejar de hacerlo, es casi compulsivo, tengo una necesidad constante de producir actuación y pienso todo el tiempo en sus términos”, aseguró la actriz aunque no tardó en aclarar: “Igual no sé si es lo que mejor me sale, intento ser mejor madre (Adela, 7 años) que otra cosa, espero que algún día se vean los frutos (risas), es lo que más me gusta hacer”.

En esta elección de vida mucha influencia tuvo su papá, crítico cinematográfico y docente de la UNLP. Julieta, desde niña, estuvo en contacto con producciones de cine art y eso, según contó, la influenció sobremanera. “En realidad yo de chica siempre fui muy tímida y no actuaba ni siquiera en la escuela, pero de alguna manera dentro mío sí se fue gestando un poco esa necesidad de expresión. Yo pintaba y dibujaba muchísimo, mi familia suponía que me iba a dedicar a la pintura pero después descubrí que la actuación era lo mío”, recordó.

EL PASADO

Cuando tenía 16 años, quien interpretara recientemente a la dramática Clara Arismendi en el unitario de Pol-Ka “Tiempos Compulsivos”, se anotó en la Escuela de Teatro de La Plata sin demasiadas expectativas. Enseguida le hicieron notar todas las capacidades que tenía latentes y las comenzó a explotar. Así, además de la carrera de Formación Actoral, Julieta completó en esta institución los estudios de Magisterio en Educación Teatral. En paralelo, avanzó hasta casi graduarse en la carrera de Artes Plásticas, orientación pintura, en la Facultad de Bellas Artes de la UNLP.

Por una cuestión familiar, Julieta se mudó después de graduarse a Tigre, desempeñándose como maestra de dibujo, además de actriz y titiritera en el Parque de la Costa. Paralelamente, venía a La Plata a presentar obras de teatro independiente y en una de esas funciones fue descubierta por uno de los grandes directores de la escena teatral porteña.

“Hice una obra con Laura Valencia que se llamaba ‘Eterna’ y ahí me vio Daniel Veronese y me convocó para trabajar en el espectáculo del ‘Periférico de Objetos’ que era el grupo que el tenía con Ana Alvarado y Emilio García Wehbi. Esta experiencia me abrió muchas puertas y fue cuando comencé a trabajar de forma profesional en el 2000”, relató.

En ese camino que recién se iniciaba, Julieta se topó con grandes directores como Lola Arias (“Poses para dormir”), Guillermo Arengo (“Sincronías”), José María Muscari (“Electra Shock”, “Fetiche”), Mariano Pensotti (“El pasado es un animal grotesco”) y, más cercano en el tiempo, Javier Daulte (“Macbeth”, “4D Optico”). Claro que con Veronese, a quien consideró como “un gran director de actores”, también siguió trabajando en obras como “Espía a una mujer que se mata”, “Un hombre que se ahoga” y “Belleza cruda”, entre otras.

Esta experiencia teatral fue su carta de presentación y su puente para dar el gran salto a la tevé. Así, en la pantalla chica se la pudo ver en “Vidas robadas” (2005, Telefé) como Belén, una joven abogada amiga de una chica que es secuestrada; en “El Donante” (2012, Telefé) con una participación especial en varios capítulos y, entre otros, en el unitario “Tiempos Compulsivos” (2012, El Trece), en donde protagonizó dramáticas escenas como una mujer dispuesta a todo salvar a su familia.

EL PRESENTE

Ahora, en el porteño Teatro Regio, Córdoba 6056, de jueves a sábados a las 20.30 y domingos a las 19.30, Julieta Vallina le pone el cuerpo a un personaje muy particular: una aldeana, la hermana del medio de tres mujeres, que se suicidó por desamor pero que vuelve de la muerte para luchar por un jinete que llega a su cabaña.

“Triste golondrina macho” (en la que comparte escenario con Romina Gaetani, Mónica Raiola y la dupla de directores) es para Julieta “un espectáculo que no se parece a ninguno de los que hay en cartelera”. El desafío en este proyecto radica, para ella, en la dificultad del texto y en la puesta, “una especie de farsa o comedia de muertos, mezcla con melodrama, que se presenta con toda una propuesta visual muy interesante”.

EL FUTURO

“Lo que más me gustaría hacer es cine, que no he hecho tanto, y poder aprender haciendo porque es un registro totalmente distinto. Es difícil entrar en los circuitos porque para los directores de cine somos sólo actores de teatro. Pero yo tengo esperanzas...”, manifestó Vallina, sobre un deseo a futuro.

Pero en sus cuentas pendientes también figura la pintura. “Es algo que me apasiona y que estoy con muchas ganas de retomar -confesó-, quizás un poco más relajada, sin tantas presiones. Es un mundo fascinante y me ha servido mucho para mi trabajo como actriz, como una visión del hecho artístico más global”.

Pero en lo que Julieta pasa más horas por estos días es en delinear su futuro como directora teatral, una idea que siempre la sedujo: “Los directores me producen mucha admiración y a lo largo de todo este tiempo he aprendido a ‘robarles’ todo lo que he podido trabajando con ellos. Ser directora era una fantasía que siempre tuvo pero lo fui posponiendo y ahora me encontré con las personas adecuadas, y nació esa confianza para animarme a probar”.

Claro que hay algo que, en su futuro más mediato, no podría faltar. “Todo en mi vida gira en torno a la actuación, necesito nutrirme todo el tiempo sobre mundos que creía no tenían nada que ver conmigo. No sé si sirven para actuar pero lo hago por una necesidad que tengo de producir actuación permanentemente, algo que me sale en forma natural y que me provoca mucha plenitud”, concluyó.

María Virginia Bruno

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