domingo, 1 de septiembre de 2013

Julieta Cardinali: "No soy una mujer vanidosa"

Domingo 01 de septiembre de 2013 | Publicado en edición impresa

El bajo perfil que cultiva la actriz está por estos días en peligro gracias a su elogiado personaje en Farsantes y a un puñado de films que prepara

Por Alejandro Lingenti  | Para LA NACION

Julieta Cardinali (Foto: Ignacio Coló)
Llueve torrencialmente en Buenos Aires y Julieta Cardinali llega a su departamento de Palermo haciendo equilibrio. Montada en unos zapatos con plataforma altísima, mantiene la vertical trabajosamente mientras cruza una calle atestada de autos manejados por gente apurada por volver a casa. Son casi las ocho de la noche de un martes de intenso trabajo en Farsantes, la tira en la que encarna a la atribulada esposa del personaje del chileno Benjamín Vicuña -que vive una comentadísima historia de amor con el personaje de Julio Chávez, protagonista central de la tira de Pol-Ka-, y Julieta quiere ver cuanto antes a su hija. Pero de todos modos recibe a LA NACION, dispuesta a conversar sobre este presente con mucho trabajo que también incluye el cine y el diseño de indumentaria.

Su participación en la película Necrofobia, film de terror en 3D de Daniel de la Vega (el mismo que estrenó el año pasado Hermanos de sangre) con Luis Machín, Gerardo Romano y Raúl Taibo, es breve, pero la tiene muy entusiasmada: "Cuando me llamaron para la película, prejuiciosamente pensé que los efectos iban a estar por encima de todo lo demás. Pero la verdad es que la historia está buenísima. Siempre es un placer trabajar con buenos guiones, facilita mucho las cosas", asegura esta actriz que con apenas 35 años ya tiene un buen historial en la pantalla grande: fue dirigida por Alejandro Agresti en Una noche con Sabrina Love y Valentín, por Diego Rafecas en Un Buda, y por Fito Páez en ¿De quién es el portaligas?, entre otros. Su compromiso con Farsantes, en cambio, es mucho más exigente, por lo menos en términos de dedicación: su rol en la tira ha cobrado importancia y las jornadas suelen ser muy largas. "Muchas veces me voy a las dos horas, pero otras trabajo doce de corrido. Teniendo una hija [Charo, de 6 años, fruto de su relación con Andrés Calamaro], es medio desgastante. Por eso trabajo espaciadamente, elijo. Hacía ocho años que no estaba en un programa diario, me tomo mis tiempos -explica-. Tengo muy claras mis prioridades. Mi hija está antes que nada. Pero está bueno que sea una hija con mamá feliz. Y yo estoy feliz porque trabajo de lo que me gusta y podemos vivir de eso."

Por lo general, Cardinali se levanta a las siete de la mañana y vuelve a su casa a eso de las seis de la tarde, un ratito después que su hija, que llega a las cinco del colegio. Dice que disfruta mucho del tiempo que pasan juntas y que ninguna de las dos prefiere salir mucho. "Siempre le digo a Charo que tenemos una casa calentita, acogedora. Y creo que por eso ella siempre elige estar ahí antes que cualquier otro plan. Me siento orgullosa de haberle armado ese mundo tan lindo. Heredé eso de mi vieja, que fue una madre ejemplar. Me dio libertad, me dejó elegir y me hizo sentir siempre muy cómoda en casa."

Una de las últimas veces que Cardinali estuvo lejos de su casa fue en 2011, cuando se instaló un tiempo en Barcelona para hacer nada menos que de Eva Perón en una miniserie dirigida por el catalán Agustí Villaronga. Gracias a Carta a Eva, en la que compartió elenco con Ana Torrent y Carmen Maura, fue elogiada, premiada en Biarritz y Montecarlo, y consolidó su admiración por el personaje: "Siempre me gustó Evita, pero después de estudiarla mucho para hacer el papel, esa admiración creció. Cuando caí en la cuenta de la edad que tenía cuando hizo todo lo que hizo, me rompió la cabeza. Fue una mujer muy valiente", subraya.

Hará otra película en noviembre (dirigida por el argentino Alejo Flah, colaborador de Juan José Campanella en la serie Vientos de agua, que se filmará en Madrid y Buenos Aires y tendrá también en el elenco a Ernesto Alterio y Marta Etura) para afirmar una carrera en cine que no quiere descuidar. "Me interesa mucho hacer un camino en el cine y creo que de a poco lo voy logrando. Me encantan las actrices que van armando su recorrido, como Michelle Williams, la de Blue Valentine, por ejemplo. Y estoy muy contenta con los trabajos que elegí, incluso con algunos que son menos conocidos, como los que hice en La antena, de Esteban Sapir, y Tres deseos, de Marcelo Trotta y Vivián Imar, dos películas hermosas. Me importa que les vaya bien a las películas que hago, eso es obvio, pero sobre todo me importa que me dejen conforme por la calidad del trabajo. No soy una mujer vanidosa, no me importa estar en las tapas de las revistas. De hecho, me cuesta hacer notas, soy muy perezosa para eso. Y lo cierto es que se sabe de mi vida privada más de lo que yo hubiera querido. Ésa es la peor parte de mi trabajo."

EL DISEÑO DE INDUMENTARIA, SU CANAL DE EXPRESIÓN

"Tuve suerte", sintetiza Julieta Cardinali cuando se la consulta por su hoy estrecha relación con el diseño de moda. "Clara Ibarguren me llamó hace unos años para que sea la cara de su marca y acepté. Estuve un buen tiempo haciendo ese trabajo y me hice muy amiga de su hija, Abril. Un día vinieron a casa y me propusieron que siga ligada a la marca de otra manera, a través de lo que se llama una «línea cápsula», y me dieron libertad para que eligiera de qué forma: si poniendo solamente mi nombre o involucrándome más. Y decidí involucrarme. Empecé de a poquito, con unas quince prendas, y ya llevo cuatro años en esto, totalmente fascinada. Mi línea ya tiene unas treinta prendas. Encontré algo muy lúdico, un nuevo canal de expresión que disfruto mucho. Me gustan los básicos con buenas caídas y me encanta rockearlos un poco. Es un trabajo al que le dedico mucho tiempo para que salga bien. Y creo que efectivamente sale muy bien", dice.


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