jueves, 1 de agosto de 2013

CALU RIVERO “Hay que pelear para que los hombres no te pasen por encima”

La nota nace del amor que siente por Yayoi Kusama y Calu se camufla en las obras de la artista japonesa en el Malba. Después habrá una charla, donde se definirá como una revolucionaria. Hablará del amor, de su novio –el Chino Darín–, de su nuevo trabajo en Pol-ka y de su filosofía: “Transformar el dolor en alegría”.





Calu Rivero (26) se hace fuerte en el silencio. Sabe que responder a los agravios la colocaría en el preciso lugar donde no quiere estar. Por eso habla de Yayoi Kusama (84), la japonesa que lucha contra la infelicidad en un hospital psiquiátrico, mientras más de 50 mil personas recorren sus obras, que están en el Malba hasta el 16 de septiembre. En su lista de mujeres fuertes están Frida Kahlo (1907-1954) y Susana Trimarco (59). Calu las admira, las enaltece y las reivindica: “Me inspiran las que rompen los límites. La mujer de hoy debe estar bien plantada, para que el machismo no la pase por encima. Sólo nosotras tenemos el poder de detener al hombre: no es difícil, pero requiere fortaleza”. Las fotos se mimetizan con las obras. Calu se hace arte y así comienza un proceso de transformación de energías. “Mi felicidad pasa absolutamente por la energía. Soy una persona que disfruta del contacto con mis seres queridos y de todo lo instantáneo, como una foto de la polaroid. Lo que está sucediendo, la quietud, poder estar acá y disfrutarlo, eso es la felicidad para mí, como lo es también mi perra Liona, mi familia, mi novio, mis amigos... Soy una buscadora compulsiva de la alegría”.

–¿Así le escapás al dolor?

–Soy muy sensible. Trato todo el tiempo de buscar lo positivo del dolor. Busco la manera de reinventar esa tristeza. Yayoi hace eso con sus obras: las transforma en alegría. Su técnica y su filosofía se llama auto-borramiento. Ella se tapa con lunares, se mimetiza entre todos, se oculta en millones de puntitos, para hacernos entender que somos todos iguales. Para ella, los lunares tienen la forma del Sol, que es la energía, y de la Luna, que representa la quietud. Los lunares no pueden estar solos, ¿entendés? Yo tampoco.

–¿Sos así como te mostrás?

–Durante mucho tiempo fui una chica que trató de ser fuerte, que iba al frente y se llevaba el mundo por delante. Ahora vivo un momento más de niña. Capaz porque tengo a mis padres más cerca (vivimos de nuevo en la misma ciudad) y me siento más protegida. Si bajo las defensas, sé que voy a estar bien cuidada. Fingir fortaleza todo el tiempo es perjudicial. A la larga, todas esas cosas que intentás sostener se quiebran.

–¿Qué te angustia?

–La falta de coherencia de las personas, la mentira, el blablableo, cuando alguien dice muchas cosas sólo por decirlas, sin pensar ni un minuto que puede estar lastimando. Sigo intentando comprender el porqué de todo eso. No me rindo.

–¿Qué representa Yayoi en tu vida?

–Es una mujer que celebró el amor y rompió muchas cadenas. Imaginate que se fue de Japón y migró a Nueva York. Ahí encontró un equilibrio con la revolución que llevaba adentro y que en su país estaba reprimida. La vida y obra de Yayoi me moviliza, me hace vibrar, me genera una alegría que me desborda, me llena. Ella se definía como una activista cultural pseudo-chamánica. Me encanta esa definición.

–¿Vos te considerás igual?

–¡Jaja! Pseudo-chamánica seguro que sí... Es algo que hablo en terapia. Cito mucho a Yayoi y a Frida Kahlo, para variar. Mi psicólogo me dice: “¿Te das cuenta que son dos mujeres que tuvieron una vida revolucionaria?”. A mí me inspira ese tipo de mujeres, con una filosofía transgresora, las que transforman el dolor en una obra de arte. Esa es la filosofía que elijo.

–Días atrás te viste en una polémica que no buscaste y que comprometía a tu compañero de tira. ¿Cómo te sentiste?

–Mirá, me sentí un punto, y no el punto del que habla Yayoi. Nadie sabe de mí, pero al final todos saben. Es muy raro eso. Me sentí muy usada. Siempre opto por el silencio, porque elijo que la gente vea lo que hago, no que sepa mi intimidad. Si no, me volvería parte de un círculo intoxicado del cual no saldría más. Fijate qué loco: se impuso en los medios algo que yo nunca dije, jamás, y fue tan repetido y considerado cierto, que debí salir a aclarar que no era verdad. ¿Entendés hasta dónde pueden llegar las cosas? Eso sí que no lo entiendo.

–¿Habría que hacer un replanteo de lo que se publica?

–Yo lo entiendo, porque es algo que forma parte de la actualidad, y el periodismo se ocupa de eso. ¿De qué van a hablar en los programas? No me parece mal que se debata. El tema es que me quieran obligar a declarar sobre algo que no me interesa. Es cruel hablar sobre supuestos e inmiscuirse en la vida íntima de seres humanos que no conocemos. Por eso, jamás se debería jugar con la salud y con los asuntos que pueden pasar a los tribunales.

–A vos casi te demandan sin haber abierto la boca. ¿Tuviste pesadillas la semana del conflicto?

–Mirá qué curioso: soñé con mi abuelo. Me decía que tenía que dejar todo e irme a Japón, y que no permitiera que me pase lo mismo que le ocurrió a él. No sé a qué se refería. ¿Pero podés creer que ese día se inauguraba el primer cine en Recreo, mi pueblo? Lleva el nombre de mi abuelo, Gustavo Martínez. El día que él murió, lo decretaron Día de la Cultura.

LOS HOMBRES DE MI VIDA. Su primera medida ante una amenaza mediática es el silencio. En las escapadas a su pueblo solía esconderse en el rancho de su abuelo y husmear entre sus papeles. En su última visita, la chica catamarqueña encontró una carpeta bajo el título de “Papeles enmudecidos de mis derechos defraudados”. Allí, el papá de su mamá guardaba todos los juicios que nunca le salieron. “No sé cómo lo hizo, pero él siempre supo comunicar las cosas. Sigo aprendiendo de él, aunque ya no esté”.

–¿Cómo se combate el machismo?

–¿Cuántos años tiene eso en el mundo? Yo soy una activista que improvisa siéndolo. Lamentablemente, el machismo es parte de lo que somos, de nuestra cultura, de lo que consumimos. Yo lo combato consumiendo otro tipo de cosas. Quiero ser una revolucionaria y no quedarme en el intento, quiero transformar el machismo a través de mi arte y con alegría, no con palabras.

–¿Cómo es para una mujer el ambiente en el que te movés?
–Estoy en un proceso de aprendizaje, probando y fusionando con otros actores. Lo más importante es estar bien plantada, y que el machismo y los hombres no te pasen por encima. Hay que hacerse respetar.

–¿Te arrepentís de haber trabajado en Dulce amor?

–No, para nada, es parte de la experiencia. De hecho sigo ese camino, aunque en otra vereda. Estoy por empezar una tira en Pol-ka. Se va a llamar Los amigos de siempre y yo voy a formar parte de un triángulo amoroso con Nicolás Cabré y Agustina Cherri. Además van a estar Gonzalo Heredia, Juana Viale y Nicolás Vázquez. La verdad es que tengo muchas ganas de volver a actuar, aunque recién arranco en octubre.

–¿Es tu inicio en esa productora?

–No, mi primer bolo en Pol-ka lo hice en Son de Fierro, con Mariano Martínez y Osvaldo Laport. Ni hablaba. Después hice Alguien que me quiera y me fui.

–¿Te llamó la atención el tratamiento de la información por parte de tus colegas?

–Ellos tendrán sus motivos y sabrán por qué salieron en un móvil a hablar y opinar de algo. Yo no soy quién para juzgar: simplemente los miro y los escucho. Lo importante para mí es ser verdadera y no hacer las cosas por el qué dirán. El problema es cuando te cruzás con gente que no tiene esa mentalidad, que no sabe apreciar la entrega y el trabajo. Uno nunca es eterno en soledad. El trabajo solitario a mí no me llena.

–Hablame de amor. ¿Cómo fue lo tuyo con el Chino?

–Apareció. Al Chino lo conozco hace muchísimo. De hecho hacíamos Alguien que me quiera juntos. Muchas veces salíamos a bailar. Cuando hacía una comida en casa él venía como invitado, pero en plan amigos... Tampoco es que fuéramos mejores amigos... Hasta que dejé de mirarlo así. Me acuerdo que volví de Nueva York y cuando lo vi entendí algo... ¿Eso es el amor?

–¿El hombre propone y la mujer dispone?
–Absolutamente. Era una fiesta y sentí esa sensación de estar con gente más joven, liviana, todas características que tiene el Chino. Fue hermoso conocerlo. Llegó en un momento en el que me hallaba en el “aquí y ahora” y él se sumó. Congeniamos muy bien. Estábamos los dos como a la espera de un complemento que apareció de repente. Fue mágico.

–¿Te invitó a salir? ¿Te dio un beso?

–Jaja... Ni en pedo te lo cuento. Eso quedará para mis hijos. Lo único que puedo decir es que su intención y la mía coincidieron.

–¿Te imaginabas a una pareja como el Chino?

–Hoy nos miramos y nos cagamos de risa. “¡Qué gracioso todo!”, decimos, porque nos conocemos hace mucho. Nunca nos habíamos dado un beso, era un amigo, de verdad. Me parece genial cuando aparece en mi cabeza la pregunta: “¿Por qué no?”

–Es más chico que vos. ¿Eso es tema de charla entre amigas?

–Tiene dos años menos. Pero te imaginarás que si empiezo a pensar en esas cosas a los 26 años estaría arrancando mal. Ahora que lo pienso... Uh, me siento en terapia. Bueno, creo que a raíz de estar con un par tenemos la posibilidad de explorar las cosas al mismo tiempo. Tiene dos años menos, es verdad, pero yo me siento a la par de él. Distinto es cuando uno está con alguien más grande (me pasó), y el otro ya vivió muchas de las situaciones que a vos te están pasando. Eso me aburría, o porque era más serio o porque tenía otro tipo de responsabilidades. Es real. Una persona como el Chino está despojada de muchas cosas. Básicamente, no hay hijos ni responsabilidades del estilo.

–¿Cómo es tu novio?

–Hermoso. Cumple el rol de novio, en el sentido de cuidarme, mimarme y darme flores, pero también es compañero. Opina mucho y me aporta siempre otra mirada de las cosas. Además, se divierte con mis amigos y ama a mi perro: eso para mí es imprescindible. Tiene todo lo que me gusta.

–¿Cómo es comer con los Darín?

–Me gusta mucho su familia. La noto muy parecida a la mía. Tienen humor, son cómplices y naturales. Disfruto mucho el tiempo que estoy con ellos. Por eso te digo: todo tiene que ver con encontrar un par. Capaz en otro momento quería estar en otro rol o probar algo distinto. Ahora estoy con alguien que está en mi misma sintonía. Somos familieros y nos acompañamos.

–¿De qué se habla en la mesa?

–Con personas despiertas, te imaginarás que hablás de TODO. De las cosas que generan incomodidad en la sociedad, hasta de lo que lo moviliza a uno. En mi familia es igual: nada se calla. El silencio es también un grito. Y acá me callo.

Por Juan Cruz Sánchez Mariño.Fotos: Santiago Turienzo.

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