martes, 21 de mayo de 2013

Una obra didáctica sobre la violencia


Martes 21 de mayo de 2013 | Publicado en edición impresa

Teatro

La cita en La Plata ya fue el sábado 11 de mayo de 2013, a las 21, en el Teatro La Nonna (47, esquina 3).

Por Moira Soto  | Para LA NACION


La última vez / Autora: Mónica Salvador / Dirección: Alejandro Fiore / Intérpretes: Mónica Salvador, Alejandro Fiore, Belén Santos / Escenografía: Lorena Benatar / Música: Rodrigo Raffetto y Ariel Zarranz / Sala: Auditorio Losada, Corrientes 1551 / Funciones: martes, a las 20.30 / Duración: 45 minutos.
Nuestra opinión: buena

Hace poco años, durante las representaciones de Tribunal de mujeres, en el Auditorio Jacobo Ben Ami, la platea -mayoritariamente compuesta por mujeres de cierta edad- lagrimeaba e incluso se podía oír algún sollozo ahogado. Sucedía que en esa obra de Naomi Ragen, previamente estrenada con éxito en Israel, se ponía de manifiesto el trato denigrante que reciben las mujeres judías dentro de algunas congregaciones extremistas. Y, lógicamente, ese llanto de las espectadoras hacía suponer que se sentían muy concernidas por los padecimientos de la protagonista.

Actualmente, en una sala de la calle Corrientes se produce un fenómeno parecido ante una concurrencia casi exclusivamente femenina: en determinadas escenas, las miradas se humedecen, la emoción -quizás en algunos casos habría que hablar de identificación- se vuelve palpable. Sin embargo, La última vez no es una obra que profundice ni en los personajes ni en la problemática central, que apenas es enunciada y desarrollada de manera didáctica, sin darles demasiado pie a sus intérpretes, que deben encarar roles de una sola dimensión. Más bien, se trata de una dramatización, paso a paso, del ciclo del maltrato, donde los personajes están perfilados exclusivamente al servicio de la demostración de un caso de manual (hombre golpeador, que insulta y sopapea, se disculpa y vuelve a pegar; mujer golpeada, que intenta frenarlo, cree que él se va a corregir, prefiere no hacer la denuncia y sufre la escalada de la violencia).

En este sentido pedagógico -y dentro de los límites apuntados-, la obra de Mónica Salvador cumple una función social antes que artística, puesto que hace un nuevo llamado de alerta respecto de un grave problema a nivel mundial, que ha sido encarado por films como Durmiendo con el enemigo (Joseph Ruben, 1991) o Te doy mis ojos (Icíar Bollaín, 2003, acaso la producción cinematográfica más lograda sobre este tema), también por algunas ficciones televisivas locales que no consiguieron salirse del relato esquemático y previsible sobre una situación de violencia doméstica.

El maltrato de género constituye una violación de los derechos humanos en su acepción más amplia, es una forma de tortura que en numerosas oportunidades termina con el asesinato de la mujer golpeada. Una tragedia cotidiana y privada que se hace pública y notoria cuando culmina en muerte, sobre todo, si se trata de gente famosa.

Si bien la pieza de Salvador está inspirada por las mejores intenciones y sin duda contribuye a sensibilizar conciencias (en el programa de mano, además, figuran los números telefónicos para hacer la correspondiente denuncia), vale destacar que, en general, sería más conducente que, superando el mero planteamiento de un caso concreto, las ficciones ahondaran en las causas de este tipo de violencia tan difícil de erradicar. Causas que sin duda tiene que ver con la socialización de los varones, que predispone al empleo de la violencia del más fuerte físicamente como método de control y dominación. Una mentalidad machista que viene de muy lejos: por el lado español, entre otros refranes que alientan el sometimiento femenino, descuella uno citado a comienzos del siglo XVII por Cervantes en la segunda parte del Quijote : "La mujer honrada, la pierna quebrada, y en casa"..

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