domingo, 19 de mayo de 2013

El Princesa: Buscan dueño para un gigante masónico


Domingo | 19.05.2013 Publicado en Edición Impresa:   La Ciudad

El edificio de diagonal 74 entre 3 y 4 ya tiene cartel de venta. Mística, fantasmas y leyendas 

Por FRANCISCO LAGOMARSINO


El enorme cartel fijado hace pocos días sobre los muros más antiguos de diagonal 74 entre 3 y 4 no deja lugar a dudas: el Princesa está en venta. Con su mística, sus fantasmas y su misterio masónico a cuestas, el emblemático gigante que supo albergar sucesivamente una mutual italiana pionera, un cine popular, un improbable astillero y un espacio teatral experimental busca nuevos dueños. Y su destino es incierto.

“Fue una decisión difícil, no voy a negar que me costó tomarla, porque es un lugar cargado de significado para nosotros, donde pasamos momentos imborrables” explica Gerardo García: “pero a la vez, no hay nada que yo pueda hacer ya con esto”. Gerardo es uno de los hijos de Quico, el recordado director teatral fallecido hace un año que a inicios de los ‘90 adquirió el Princesa y a pulmón, con la ayuda de colegas y allegados, lo salvó de una decadencia que parecía irremediable para convertirlo en escenario de múltiples iniciativas culturales.

Con accesos por la diagonal 74, a la altura del número 817, y por calle 4, el lote de 1.300 metros cuadrados correspondiente a la parcela 2 de la manzana 238, circunscripción I -con zonificación UCI 1 y FOT comercial de acuerdo con el código urbano vigente- está enclavado a metros de la Terminal de Omnibus, en uno de los ejes de acceso desde la Autopista. Su tasación, según trascendió, fue calculada por una conocida firma porteña en un valor que traducido a pesos “inmobiliarios” alcanza las ocho cifras.

En las redes sociales, la posibilidad de que la vieja catedral cultural caiga bajo la piqueta de los brokers inmobiliarios generó muestras de pesar y pedidos de “salvataje”. Gerardo García explica que “según tengo entendido, al menos la fachada es intocable, y el resto dependerá de lo que determine el municipio. Mantenerlo demanda un esfuerzo grande en lo humano y lo económico”.

TRES SIGLOS

Recorrer hoy el Princesa es entrar en una máquina del tiempo algo castigada que lleva simultáneamente a tres siglos. De las postrimerías del XIX, permanecen la inigualable fachada -una suerte de partenón con columnas corintias flanqueado por sendas balaustradas “ciegas”-, los pórticos, las ventanas y parte de su minucioso trabajo de herrería, las escaleras de madera trémula, los pasadizos inesperados, las alturas hoy impensables, siempre en penumbras, en las que se advierten molduras esmaltadas algo espectrales. Del XX, un inoportuno portón lateral, pisos de cemento alisado donde hubo madera, y una suerte de fosa rectangular en el piso tapada con placas.

Las huellas contemporáneas se traslucen en maniquíes desperdigados, talleres de carpintería y escenografía reciclados, una ampliación del escenario sobre gruesos pilotes de cemento, tabiques que subdividen la nave central en varias salas, y decenas de palomas que habitan el acceso principal. En el patio trasero, donde se estima que se ubicaron las caballerizas y el pozo de agua, y desemboca el túnel de salida del bajo escenario, un grupo de profesionales lleva adelante estudios de arqueología urbana.

Hace casi diez años, a fines de 2004, los concejales platenses sancionaron una ordenanza declarando el teatro “de interés histórico” por su “valor testimonial”. La norma prevé que “toda intervención a realizar en el edificio, cualquiera sea su magnitud y/o destino, deberá ser evaluada previamente por la Comisión del Sitio” y atenerse a “conservar sus características y preservación, así como a la puesta en valor de sus particularidades arquitectónicas”.

HERMANDAD, ARTE Y POLITICA

La Sociedad Italiana de Socorros Mutuos “Unione e Fratellanza” fue la primera entidad que nucleó a inmigrantes peninsulares en nuestra ciudad. Se fundó el 3 de junio de 1883, pero la construcción de su ambiciosa sede -una mole neoclásica cuyo vestíbulo estaba ornamentado con esculturas barrocas de ángeles y princesas- demoró seis años más.

DE LAS LOGIAS A YRIGOYEN

Además de los objetivos solidarios y sociales de unión y fraternidad entre los oriundos de la nación de Garibaldi, el lugar fue centro gravitatorio para la masonería platense; varias logias operaron hasta entrado el siglo XX. Con el paso del tiempo, fue alquilado por los conservadores para sus mítines contra Yrigoyen. En la década de 1920, la irrupción de los filmes mudos marcó su destino; la sala de reuniones se adaptó como cine-teatro con orquesta. Durante tres décadas, el Princesa ofreció multitudinarias funciones martes, jueves y domingos.

A inicios de los ‘50, sucesivas inspecciones municipales revocaron la habilitación del coliseo, que en 1952 fue adquirido por un particular por 300 mil pesos. Desde entonces, por tres décadas, funcionó como depósito de autos de colección y taller de reparación de veleros y pequeños cruceros; las dimensiones de las embarcaciones determinaron que se abriera un gran portón en el muro lateral izquierdo del frente.


El camino del dramaturgo y director platense Francisco Mario García Alvarez, “Quico”, se cruzó con el del Princesa en los primeros ’90. “Tuvo un problema cardíaco, y se planteó un cambio de vida” recuerdan los suyos: “alguien le dijo que el teatro estaba en venta, y lo adquirió para crear lo que definió como ‘un lugar con identidad estética’”. Lo logró, con una serie de obras entre las que “Maluco” es la más recordada.


EL PRINCESA FUE SEDE DE AL MENOS 16 LOGIAS DE MASONES

El misterio del sótano

“Fue llamativo; apenas murió papá, se nos empezaron a acercar masones, expresando interés en el teatro por la importancia que le otorgan en la historia de las logias argentinas”, recuerda Gerardo García: “incluso vino un enviado del Gran Maestre, que es la máxima autoridad en el país. Ofrecieron firmar un comodato, y recuperarlo como centro cultural, pero no nos cerró. Miraron por todas partes, cada rincón, y sugirieron la existencia de un sótano con una ‘piedra fundacional’ que, la verdad, no tenemos idea de dónde podría estar”.

Hacia 1910, en La Plata vivía uno de cada cuatro masones del país. Logias como “La Plata 80”, “Triunfo y Justicia”, “Luz y Verdad”, “Stretta Ugna-glianza”, “1º de Mayo” o “Hijos del Universo” alimentaban una escena en ebullición. Se cree que el Princesa fue sede de 16 de estas sociedades, y que su ubicación y rasgos arquitectónicos encierran simbología inequívocamente ligada con la masonería.

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