martes, 14 de mayo de 2013

Agustín Alezzo: Poner el cuerpo, levantar la voz


Martes 14 de mayo de 2013 | Publicado en edición impresa

Teatro

Perfil de Agustín Alezzo en el acto organizado por la Asociación de Actores

Por Alejandro Cruz  | LA NACION

Alezzo, en el acto del jueves. Foto: Sociedad Argentina de Actores

EEl jueves pasado, 18 horas. Acto de la Asociación Argentina de Actores en la puerta del Teatro San Martín. Al escenario montado en la calle, después del Himno Nacional interpretado por músicos del Teatro Colón, sube el director Agustín Alezzo. "Estamos sufriendo la pérdida del concepto del bien común y esa pérdida afecta a aquellos bienes que pertenecen a la comunidad como las escuelas, hospitales, teatros, y otras instituciones que nos pertenecen a todos y que no deben esperarse de ellas ningún lucro, sino el beneficio que lleva el educar", dice con tono pausado.

Abajo, unos 500 o 600 actores lo escuchan en silencio. Entre esa multitud, hay estudiantes de teatro, habitantes del circuito alternativo y actores que suelen trabajar en la televisión. Alezzo, el maestro, habla con tono pausado, con los silencios adecuados, con las inflexiones de voz precisas. En su discurso, hasta se permite jugar con el humor. Por eso, luego de sentar su postura sobre la situación del Complejo Teatral, se permite una humorada que genera una inevitable risa. Para bajar del escenario lo deben ayudar porque la escalera es empinada, porque ronda los 80 años, porque no hay barandas o porque lo que sea. Sin embargo, él había decidido estar ahí.

Su presencia traza puentes. Imposible no recordar a Alejandra Boero cuando, en la época en que el colectivo teatral Mate tenía poder de convocatoria, se subía a escenarios callejeros para reclamarle al poder de turno. O al también desaparecido Juan Carlos Gené cuando, en pleno conflicto que hace unos años paralizó al Teatro Nacional Cervantes, en el entorno de un asamblea, ponía los puntos, las íes, la voz y el cuerpo para marcar un camino posible. Y todos, como el otro día, lo escuchan con esa fuerza que tienen muy pocos.

Cada uno, a su manera y según los contextos, dio cátedra. En fin, cosa de los maestros.

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