viernes, 26 de abril de 2013

El ritual que nunca se fue


26.04.2013 | CIRO Y LOS PERSAS EN LA PLATA


Al revisar fotos viejas también hay que mirarse al espejo, para tener una dimensión real del cambio. ¿Cuánto cambiaron los recitales de Ciro y Los Persas respecto de la época de Los Piojos? En el caso de Andrés Martínez, el tiempo que pasó desde la disolución de su anterior banda en 2009 tal vez significó un abandono de los compromisos que se deberían cumplir, para dar lugar a una suerte de madurez zen.

Haber pasado del Estadio Ciudad de La Plata al club Atenas, algo que se había verificado por primera vez en el anterior show local de Los Persas, en 2011, es un indicador evidente de que la convocatoria también cambió -aunque vale aclarar que por estas horas lo esperan cuatro shows en diez días en el Luna Park-.

Más allá de la comparación de multitudes, la propuesta musical también es distinta. Que el cantante sea el protagonista natural desembocó en un nombre de banda acertado: Ciro, y después, como el telón o las parrillas de iluminación, Los Persas, la línea de cinco: dos guitarras, bajo, teclado y batería. Esa preponderancia del vocalista genera que él “sea” la banda, algo sabido desde hace cuatro años, a veces maquillado sin éxito por el propio protagonista.

Tal vez por eso hoy los shows cambiaron, comparados con los de la década pasada: el candombe se convirtió en espectáculo circense -“LVR”-, y las estructuras de temas cuadradas o en 4x4 nunca se fueron, pero se apoyan en arreglos, tempos medios y sobre todo improvisaciones de los instrumentistas de a uno, como levantando la mano en clase, esperando su minutito para explotar.

El MAGNETISMO DE SIEMPRE

La semana pasada, ese magnetismo que es hijo del carisma de Martínez y alimenta cada uno de los recitales de su banda volvió a rebotar por las paredes de la cancha de básquet de avenida 13. El drama de la inundación generó que el show decidiera ser benéfico: unos cuantos miles de pesos de la recaudación se donarán a distintas entidades barriales de ayuda a los damnificados. Y el estribillo de “Todo pasa” mutó en “dale, La Plata no llores”.

Por lo demás, el recital de Atenas tuvo lo de siempre: distintos pogos (los acompasados de “Taxi boy” o “Servidor” mezclados con los erráticos, como en “Pacífico”, “Antes y después” o “Ruleta”). También aparecieron “El viejo” y “You gotta move”, un cover habitual y otro atípico, mostrados como si fueran credenciales de la raigambre de todo ese mejunje musical que desparrama eclecticismo pero también uniformidad; las canciones de Ciro y Los Persas alisaron muchas de las complejidades -compositivas e instrumentales- de Los Piojos, pero a pesar de ese factor tienen una ornamentación propia de los obsesivos, al estilo de esos directores de cine que no se salen de un género y se dedican a pulir cada secuencia para que se luzcan más que si estuvieran en el contexto de una trama complicada. Punto a favor.

Un tramo festejado por su gente y buena parte de los medios es el homenaje a los veteranos de la guerra del ’82, cuando algunos de ellos se suben al escenario durante “Héroes de Malvinas”. Para seguir con la temática de la represión estatal, el tema siguiente fue “Pistolas”, el ya clásico insulto al abuso de poder policial durante el menemismo.

MUSICA PARA LAS MASAS

Con cuarenta y cinco años y el privilegio -¿inédito a nivel mundial?- de haber teloneado tanto a Paul McCartney como a los Rolling Stones, a Ciro le importa poco rendir cuentas. Y no porque haya dejado de ser un showman de estadios con una pizca de clown, como lo es desde hace más de 15 años. En su última versión, las canciones de Martínez se siguen estirando entre solos y luces orientadas a un solo instrumentista.

Pero eso es lo de menos: “Noche de hoy”, “Curtite”, “Ciudad animal” o inclusive “Barón rojo” explican que los recitales pueden parecerse más a un pub que al mismo rectángulo que minutos antes escuchó “LVR” o “Chucu-chu” en clave circense, papel picado y colores primarios resplandecientes. Y también se escurrieron las historias de seducción-desamor (“Mírenla”, “Insisto”).

En tres horas y cuarto la banda exploró todas sus aristas aunque, claro, quedaron temas afuera como para que la vuelta se pudiera amenizar con el debate: algunas de las canciones que no se escucharon el viernes pasado fueron el raro y coherente “Malambo para Luca”, el nuevo soundtrack de fogón “Vas a bailar” y la siempre reclamada “Babilonia”, que el público se encargó de pedir coreando su introducción onomatopéyica. Volvió el ritual, o al menos lo más parecido que pueda existir hoy por hoy.

Diego Dipierro

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