viernes, 15 de marzo de 2013

Más allá de la cabeza de Goliat


EDICIÓN IMPRESA Ñ 15/03/13

Desde emprendimientos privados hasta iniciativas Oficiales, son muchas las salas que, a lo largo de todo El país, ofrecen espectáculos líricos. Aquí, un panorama y N adelanto de lo que serán las temporadas locales.

POR MARGARITA ZELARAYAN

Teatro del Libertador.  Enrico Caruso cantó en la sala cordobesa en 1915.

Es probable que existan pocos espectáculos tan complejos, costosos y deficitarios como la ópera. La necesidad de disponer de un elenco de cantantes solistas, un coro, una orquesta, escenografía, vestuario y un ámbito adecuado, la convierten en un auténtico desafío para cualquier emprendedor, tanto en el ámbito privado como en la esfera estatal.

El Teatro Colón fue siempre, pese a sus vaivenes y conflictos, el emblema de la tradición operística en la Argentina. Frente a las producciones que puede ofrecer ese coloso, los proyectos independientes y alternativos emergen, en la mayoría de los casos, como emprendimientos casi quijotescos. Aunque sus impulsores saben que la actividad no deparará ganancias monetarias, intentan superar escollos y llevan adelante propuestas que vienen rindiendo sus frutos desde hace tiempo.

Las cosas han cambiado y el panorama actual de la producción de ópera en el país es muy diferente al que reinó hasta mediados de los 90, cuando el Colón detentaba el monopolio del género. En la última década, surgieron compañías privadas y proyectos estatales que, con mejor o peor suerte, contribuyeron a nutrir y a enriquecer el circuito de la ópera, tanto en Buenos Aires como en algunas provincias.


Salas de Buenos Aires

En la escena porteña, hace tiempo que coexisten dos compañías de ópera privadas que ofrecen sus espectáculos en el Teatro Avenida. Buenos Aires Lírica y Juventus Lyrica llevan adelante propuestas que, con características diferentes, comparten el mérito de haber logrado algo que parecía imposible: presentar temporadas líricas de manera ininterrumpida, con una buena respuesta del público y de la crítica.

Juventus Lyrica comenzó sus actividades en 1999, buscando generar un espacio para la realización de óperas con artistas jóvenes. Desde ese momento, la compañía logró consolidar y ampliar sus objetivos, orientados también a estimular la afluencia de nuevos públicos y a desterrar el espíritu elitista que, con frecuencia, rodea al mundo de la ópera. En sus temporadas, suelen convivir los títulos taquilleros con obras poco difundidas, como Les mamelles de Tirésias de Poulenc, y Otra vuelta de tuerca de Britten, siempre con elencos de cantantes jóvenes y talentosos.

La tarea de Juventus Lyrica encontró un buen complemento en la propuesta de Buenos Aires Lírica, una asociación que se planteó el desafío de producir óperas con nivel profesional y financiación privada. Las temporadas de esta compañía suelen ser eclécticas y, en ocasiones, arriesgadas, tanto por la elección de las obras como por las puestas en escena innovadoras y dramáticamente eficaces. Sin descuidar los clásicos de Mozart, Verdi o Puccini, Buenos Aires Lírica ofreció también óperas olvidadas, como Il mondo della luna de Haydn, títulos del Barroco, como Serse de Handel, y joyas del siglo XX, como The Rake’s Progress de Stravinsky.

A pesar de las dificultades que implica la realización de una ópera, Buenos Aires es un terreno fértil para proyectos que enriquecen la vida musical de la ciudad. Además de las compañías privadas mencionadas, existen otros emprendimientos, de perfil independiente y con actividades más esporádicas, que logran coexistir porque las características de sus propuestas, lejos de superponerse, se complementan. La Compañía de las Luces, por ejemplo, optó por especializarse en el repertorio del Barroco y del Clasicismo, abordado con extremo cuidado y rigor historicista. En los últimos años, esta agrupación surgida en el Colegio Nacional de Buenos Aires, que incluye un coro, una orquesta de instrumentos de época y solistas, presentó obras de Rameau, Salieri y Charpentier, algunas de ellas en carácter de estreno en el país. Más recientemente, la compañía Lírica Lado B se sumó al circuito operístico independiente, dispuesta a presentar óperas desconocidas con artistas jóvenes. Desde 2008, con una estructura de trabajo cooperativo y la novedosa inclusión de materiales reciclados en sus puestas, la agrupación ofreció cinco títulos de autores como Haydn, Telemann o el olvidado Vicente Martín y Soler.


Teatro Argentino de La Plata

Es cierto que Buenos Aires concentra una oferta variada y una actividad intensa, pero, hasta hace muy poco, uno de los escenarios más atractivos para los seguidores de la ópera, o para todo aquel que quisiera disfrutar espectáculos de gran nivel, era el Teatro Argentino de La Plata. Desde 2009, el coliseo platense comenzó a posicionarse como un teatro lírico de vanguardia, brindando propuestas atractivas y audaces. Cuando nadie imaginaba que se pudieran realizar grandes producciones operísticas fuera del Colón, el teatro de La Plata se animó a ofrecer dramas de Wagner (Tristán e Isolda , El oro del Rin), obras del siglo XX (Lady Macbeth de Mtsensk) y óperas de autores argentinos (Ainadamar , La ciudad ausente), con elencos notables y concepciones escénicas renovadoras. En 2012, la programación de la sala se vio afectada por problemas presupuestarios, que obligaron a la suspensión de algunos títulos. Hasta el momento, no se conocen detalles sobre la continuidad de las actividades del teatro, pero sería lamentable que los inconvenientes financieros truncaran el camino que se logró construir en estos años.


En las provincias

El interés que despierta la ópera como espectáculo no es exclusivo de Buenos Aires ni de sus alrededores. En varias provincias, el entusiasmo del público y la necesidad de crear oportunidades para los artistas locales contribuyeron a impulsar el desarrollo de diversos proyectos privados y estatales.

Cuando se dispone de cuerpos artísticos estables, de un teatro “a la italiana” y del apoyo económico de la administración cultural local, se allanan muchos obstáculos. Algo de eso viene sucediendo en Córdoba, donde se realizan temporadas líricas con la participación de la Orquesta Provincial, del Coro Polifónico y de algunos de los cantantes más notables del país. Sin ir más lejos, Paula Almerares fue la protagonista, el año pasado, de Lucia di Lammermoor de Donizetti, en el Teatro del Libertador. En los últimos años, se presentaron también óperas de Tchaikovsky, Gluck y Verdi, además de una serie de funciones de Lin Calel del argentino Arnaldo D’Espósito, en 2010.

La actividad operística en Santa Fe, en cambio, es impulsada desde hace tiempo por una entidad privada, Opera de Rosario, encargada de producir las temporadas líricas que se realizan en el Teatro El Círculo. La asociación presentó tres títulos en 2012, incluyendo Un ballo in maschera de Verdi, con Virginia Tola y Luis Lima. Este año, la programación comprenderá El elixir de amor de Donizetti, Rigoletto de Verdi, Carmen de Bizet, además de un concierto en homenaje a Richard Wagner, al cumplirse el bicentenario de su nacimiento.

La capital de La Pampa es otra de las ciudades donde la producción de óperas logró convertirse en parte importante de la vida cultural local. La agrupación Opera de La Pampa desarrolla una actividad constante en Santa Rosa desde 2009, y los esfuerzos de sus responsables por lograr la continuidad del proyecto llevaron, por ejemplo, a la creación de una orquesta para las temporadas que la compañía presenta en el Teatro Español. Aunque las funciones se ofrecen en esa sala, la necesidad de dedicar un tiempo prudencial para la preparación de cada producción obliga a realizar los ensayos en Buenos Aires, desde donde viajan los artistas y los técnicos unos días antes de cada estreno, con la mínima antelación para poder montar el espectáculo en el escenario del teatro.

Si nos desplazamos hacia el Noroeste, encontramos un proyecto aún más reciente, a cargo de la Orquesta Sinfónica de Salta, que, con el apoyo del Ministerio de Cultura provincial y de la filial local del Mozarteum, presenta óperas desde 2011. La peculiaridad de la propuesta salteña es la búsqueda del equilibrio entre la calidad artística y la creación de oportunidades para los jóvenes. Desde el inicio de sus actividades, los responsables convocaron a algunos de los artistas más destacados del país para encabezar los elencos y optaron por realizar audiciones para cantantes noveles de la región, con el propósito de elegir a los intérpretes de los personajes secundarios de cada título.

Aunque en Cuyo la actividad ha sido intermitente, la fundación Opera de San Juan logró impulsar la producción de varias óperas en esa provincia, como Carmen en 2007 o Il trovatore en 2009. La entidad atravesó, luego, una serie de problemas presupuestarios que la forzaron a interrumpir su tarea, pero en 2012 pudo concretar una temporada de tres títulos, que finalizó con la siempre impactante Aida de Verdi, en noviembre pasado. Recientemente, obras como El matrero de Boero, o María de Buenos Aires de Piazzolla, llegaron a escenarios de Corrientes, Chaco, Misiones y Santiago del Estero, a partir de la propuesta impulsada por el Plan de Promoción del Teatro Musical, la Opera y la Danza, dependiente de la Dirección Nacional de Artes, que busca crear un circuito federal para la realización de espectáculos en las provincias.

Se suele decir que la ópera despierta pasiones y fanatismos en el público. Pero, indudablemente, esa pasión está presente también en el entusiasmo y en la perseverancia de artistas, organizadores y gestores que, contra viento y marea, buscan generar espacios y proyectos para que la ópera mantenga su vigencia a lo largo y a lo ancho del país.

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