viernes, 15 de febrero de 2013

Marcelo Lombardero: “Hoy la cultura se piensa como propaganda”


MUSICA

Tras una serie de proyectos frustrados, el brillante régisseur renunció a la dirección artística del Teatro Argentino de La Plata.

14.02.2013 | Por Federico Monjeau

Ciclo “Lo que yo planteaba para el Teatro Argentino artísticamente hoy no es posible”./DANIEL FELDMAN 

A pesar del generalizado reconocimiento a su gestión, la renuncia de Marcelo Lombardero al cargo de Director artístico del Argentino de La Plata no podía sorprender a nadie. Se la esperaba desde fines del año pasado, cuando el Argentino quedó sin financiamiento del gobierno de la Provincia y debió levantar el último título de la temporada - La valquiria, esperada continuación de la tetralogía wagneriana iniciada en la apertura con una incisiva producción de El oro del Rin-, a lo que se sumaron las renuncias del director musical Alejo Pérez y del director del Coro, Miguel Martínez, además de una larguísima lista de contratos impagos.

Su renuncia era esperada, pero de todas formas resulta inevitable preguntarle por los motivos.

En principio, creo que es un ciclo cumplido. Digamos que lo que yo planteaba para el Teatro Argentino artísticamente hoy no es posible.

Más que cumplido, un ciclo interrumpido.

Sí, pero son las circunstancias las que interrumpen las gestiones. Es indudable que la crisis económica de la Provincia ha influido en esto, aunque no sólo eso seguramente. Como sea, mi renuncia era inevitable. Además de los proyectos que se cayeron, como nuestra conmemoración del bicentenario de Wagner con una Tetralogía iberoamericana, me siento muy desgastado y tuve una fuerte crisis creativa.

¿En qué consistió esa crisis?

En no poder volver a abrir una partitura por tres meses. Un vacío frente a futuros proyectos artísticos personales. Un buen día me encontré inmovilizado frente a un libreto y una partitura, ya que la preocupación con respecto al teatro ocupaba todo el espacio de mi cabeza. Me parece que tengo otras cosas para dar. Ya abandoné mi primera carrera (de cantante) por la de régie; ahora no quiero abandonar la segunda por la de funcionario público. De todas formas, sería novedoso y saludable que el director artístico renuncie pero que el Teatro tenga continuidad, que se preserve la idea.

¿Cuál es esa idea?

La de un gran centro cultural musical, formador de artistas. Yo me sentiría fracasado si esto muere ahí. El reforzamiento de los cuerpos estables por concurso debe ser una constante, lo mismo que la experiencia del TACEC, que abre la cabeza e incorpora nuevos públicos, y de la Opera Studio, que ha formado dos importantes camadas de cantantes. Más allá de haber hecho espectáculos mejores o peores, lo más importante es lo que no se ve, lo que no luce. Debemos tener conciencia de que estamos produciendo un hecho cultural, no un hecho propagandístico. El gran problema al que nos enfrentamos hoy es justamente ese, y es algo que ocurre en todos lados: que la cultura se piensa como propaganda. De todas formas, y esto hay que decirlo, durante mis cuatro años en el Argentino trabajé con absoluta libertad y nadie me vino a pedir ni a exigir absolutamente nada.

¿Cuáles son sus planes de aquí en más?

Tengo algunos proyectos en el exterior. Ahora me voy a México a reponer mi versión de Carmen para Buenos Aires Lírica (de 2011); después de eso se estrena mi producción de Billy Bud de Britten en Santiago de Chile (prevista para la temporada 2014 del Argentino), que después viajará a Río de Janeiro y otros teatros. Tengo también algunas producciones en Riga, Italia y otros países de Europa.

¿Se imagina volviendo al Colón?

Supongo que alguna vez sucederá, al menos como público (risas), o como coreuta. Yo nací ahí, crecí ahí, y sé lo que puedo dar, pero en este momento hay otra gente y esta bien así.

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