sábado, 2 de febrero de 2013

El último “túnel” de Sábato

Publicado: Sábado 02 de febrero del 2013

Ernesto Sábato, con más de 90 años de vida, colaboró con la obra teatral basada en su novela “El túnel”, que el grupo argentino de teatro La Cuarta Pared presenta el domingo, nuevamente y por última vez en esta visita al Perú. 

Horacio Rafart encarna a Juan Pablo Castell, el pintor que mató a María Iribarne, protagonista de la novela de Ernesto Sábato, “El túnel”.

El unipersonal “El túnel” se verá el domingo 3 de febrero 2013, a las 7 de la noche, en el Centro Cultural Ricardo Palma: Av. Larco 770, Miraflores. Boletería: S/. 20. Última función.

Hicieron una función el 24 de enero y afuera del Centro Cultural Ricardo Palma se quedó mucha gente esperando un espacio. “Había más gente afuera que adentro”, bromea Horacio Rafart, “por eso hemos decidido hacer una última función” de “El túnel”, de Ernesto Sábato, trasladada al teatro en un unipersonal que ha recorrido casi 30 países.

Rafart es el director del grupo de teatro argentino La Cuarta Pared. Y lo explica así: “El escenario del teatro comúnmente tiene tres paredes. Y la cuarta pared es esa línea imaginaria, divisoria entre el escenario y el público, entre la realidad y la ficción”. Su relación con el Perú data del año 1984, cuando llegó por primera vez a Lima, ciudad a la cual está muy ligado, pues se enamoró aquí de una peruana, Laura, con la que ha formado una familia en Argentina. Su vida es completamente opuesta al calvario que interpreta en “El túnel”, en el que encarna a Juan Pablo Castell, el pintor que mató, en la ficción, a la mítica María Iribarne, la única mujer en el mundo que lo comprendió.

Sábato dramaturgo

La obra fue consultada con el mismo Ernesto Sábato, cuando este tenía alrededor de 90 años.

—¿Qué dijo Sábato sobre su propuesta?

—Era un tipo que escuchaba más que hablaba. Lo conocimos en 2004. Quería saber qué pensábamos nosotros. Tenía la incógnita de cómo se vería su novela en escena.

—Yo era un joven cuando escribí esa novela —le dijo el autor de “El túnel” —. No sé qué pasaba por mi cabeza en ese momento. Casi no me reconozco en el joven que escribió esto.

—Nuestra tarea en el grupo de teatro —dijo el actor— no es el texto, sino el contenido, el sentimiento, las sensaciones que se ponen a ese texto. Utilizamos, para eso, anécdotas.

—¿Cómo cual? —preguntó el novelista.

—Yo tuve un compañero en la escuela secundaria que era muy celoso, muy paranoico con sus parejas, y siempre andaba con problemas. Al comienzo, lo escuchábamos. Después nos dimos cuenta que el problema era él. Años después me entero de que estaba preso porque había matado a su pareja.

Sábato, entonces, abrió los ojos.

—Empecé a recordar las vivencias con mi amigo —siguió contándole Rafart— y la trasladé al personaje que yo armo en “El túnel”: un paranoico que termina asesinando a la única persona que siente que lo comprendió en su vida.

—Entonces se relajó —cuenta Rafart.

—Horacio, dale para delante —le dijo Sábato.

María y el humor en “El túnel”

—Empezamos a trabajar “El túnel” en un verano y la estrenamos en un invierno. Con Sábato hemos estado en su casa con los bocetos del trabajo, seis o siete veces. Vivía con María, la persona que lo atendía.

—¿María, como la María Iribarne de “El túnel”?

—Sí.

—¿Era su verdadero nombre?

—Sábato la llamaba así.

—María, no nos moleste, por favor —decía el escritor cuando quería estar a solas con ellos. Servía el café a los actores. Fue una relación muy buena.

—Sábato no vio la obra en el teatro; no salía de noche. Ya casi no veía; estaba muy parco. Pero hubo otra cosa que a él le pareció interesante.

—Me pareció en verdad increíble que en este texto hayan colocado un poco de humor —dijo Sábato.

—El humor negro habla de la desgracia ajena —dice Rafart—. El humor, en general, habla de la desgracia ajena. Por ejemplo, tantos chistes de cornudos que existen y la gente se ríe de eso, pero el cornudo, mientras tanto, debe estar pasando un infierno por dentro. Sábato escribió “El túnel” después de la Segunda Guerra mundial. Ese pesimismo ya estaba en esa obra.

—¿Le explicó alguna vez por qué Juan Pablo Castell mató a María Iribarne?

—No le pudimos extraer ningún porqué a Sábato.

—Yo quiero ver en su obra algo distinto de lo que pasó por mi cabeza —dijo el escritor—. Me parece fantástico que todos tengan un punto de vista sobre la novela y que la usen para su trabajo.

El oxígeno de los homicidas

Horacio Rafart usaba las vivencias de su excompañero, asesino de su mujer, para encarnar al personaje; pero también hizo muchas funciones en cárceles. Tuvo así, con los miembros del grupo teatral, oportunidades de conversar con bastantes presos por homicidio. Todos los que habían matado a su pareja parecían sentir que se habían quitado un peso de encima tras el asesinato. Como si apagada la vida de esa compañera respiraran un poco de oxígeno, algo distinto.

—¿Sentían una especie de oxigenación tras el asesinato?

—Se sentían aliviados. Lamentaban más la pérdida de La Libertad que lo otro. La pena por matar a tu pareja es cadena perpetua en Argentina. En sus miradas siempre había un brillo extraño. Creo que ese brillo era un infierno interior, porque muchas de esas personas han dejado hijos, y al perder su libertad y su mujer, sus hijos quedan de por vida a la buena de Dios. Vaya a saber qué infierno pasó por la cabeza de Sábato cuando escribió “El túnel”.

—¿Su “túnel” es el mismo “túnel” de Sábato?

—Es el mismo “túnel” de Sábato, porque nosotros lo trabajamos con Sábato, pero yo no sé qué tuvo él en la cabeza cuando escribió “El túnel”.

—Yo hablo desde mis textos —dijo Sábato—, y ustedes hablan desde lo que hacen.

Todos somos asesinos en potencia

—Horacio, la mente humana es muy escabrosa —le contó el escritor—. Todos somos asesinos en potencia. Falta solo que se apriete un botón en nuestro interior, que no sabemos dónde está, para que cometamos un homicidio. Si no, fíjate: hay un choque, discuten los dos automovilistas, se bajan de sus autos, se insultan, viene un empujón, bien otro, vienen las trompadas, uno agarra un fierro, el otro agarra otro fierro, y de pronto uno de ellos mata al otro. ¿De qué arrancó?, de nada. Bueno, todos los humanos somos así. Quizás estamos esperando el momento para matar.

—¿Cuándo fue la última vez que vieron a Sábato

—A fines de 2009. Pero siempre nos despedíamos de él pensando que era la última vez que lo veíamos.

Fuente:  http://www.diariolaprimeraperu.com/online/especial/el-ltimo-t-nel-de-sabato_130348.html

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