lunes, 31 de diciembre de 2012

Teatro / Danza: ¿La calma que antecede al huracán?


Domingo 30 de diciembre de 2012 | Publicado en edición impresa

Algunos puntos salientes en una escena que parece estar pensándose

Por Alejandro Cruz  | LA NACION

María Merlino, en la obra de Diego Lerman. 

En materia escénica -y siempre dejando de lado las correspondientes, maravillosas y saludables excepciones a la regla-, puede ser que 2012 no pase a la historia. En el mejor de los casos, se lo podría pensar como una etapa de reflexión, de maduración de búsquedas e indagaciones que anteceden a cualquier etapa de explosión de formas y contenidos.

A lo largo del año, se habló mucho de cómo los diferentes circuitos se han ido mezclando en sus diferentes planos (¿tendrá que ver ese factor con la pérdida de contundencia en las propuestas?). En este marco, algunos proyectos del Complejo Teatral de Buenos Aires, nave insignia entre las salas públicas, siguieron la lógica de mercado de la escena comercial. Por su parte, la escena comercial no aportó grandes títulos más allá del fortalecimiento de la comedia musical. A lo sumo, quedó en claro el desplazamiento de directores que supieron ser modélicos de la escena alternativa de los 90 a las marquesinas de la avenida Corrientes. Caso testigo: Javier Daulte, quien, entre reposiciones y estrenos, tuvo 6 obras en la escena comercial (además de Tiempos compulsivos, el unitario para TV que también él escribe). En el marco de un código regido por lo previsible, el que dio la nota fue el platinado Flavio Mendoza. Su Stravaganza contó con algunas escenas que -desde el punto de vista de producción, coreográfico e interpretativo- significaron un salto cualitativo importante para una obra estrenada en Carlos Paz.

Como siempre, la escena alternativa se las ingenia. Hubo casos aislados, cierto, y sumamente heterogéneos en sus búsquedas. Sin ir muy lejos, en esta misma página, los cinco listados con los top ten en materia de danza y teatro dan cuenta de esa diversidad con algunos nombres que se repiten (Dennis Smith, Guillermo Hermida, Alejandro Tantanian, Diego Lerman, Santiago Loza, Rubén Szuchmacher, Pablo Rotemberg, Román Podolsky). Dentro del recorte del recorte, la jugada de Mapa Escena (el entrelazado que congrega a las salas más pequeñas que ni tienen pinta de teatro) adquirió el valor de una reflexión creativa sobre la misma capacidad del sector.

En otros años (¿los dorados ochenta en un tono muy al estilo de Graduados ?) la llegada de grandes creadores extranjeros sirvió para potenciar las búsquedas de lenguajes locales. Ya no. Este año pasaron algunos artistas de indudable peso (Bruno Beltrão, Hiroaki Umeda, Xavier Le Roy o los grandotes de Undermän ), pero, en general, hicieron tan pocas funciones que el potencial efecto pareció diluirse frente a una cartelera porteña que no deja de crecer en cantidad de espacios y propuestas. La única excepción fue la presencia de un artista de circo conceptual (el gran Johan Le Guillerm), que estuvo 10 días.

Lo mejor que podría pensarse es que se trata de un año (un período) de ajustes. Que es la meseta que precede al trampolín. Ojalá sea así.

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