jueves, 13 de diciembre de 2012

Ricardo Passano: Adiós a un verdadero galán de otra época

PERSONAJE

Murió a los 90 años, con el deseo incumplido de volver a ser convocado para trabajar. Besó a Lolita Torres y se lució en cine y teatro.

13.12.2012
Por Marina Zucchi

Elegante Así se mantuvo Passano hasta el final. Hombre de fina estampa.

Sus clases de teatro eran, en realidad, lecciones de valores disfrazadas. Era capaz de detener una escena para advertir: “Que no les gane la envidia. Así no se puede ser buen actor. Actúen, no compitan”. Casi centenario, hablaba de sus radioteatros de 80 años atrás, y entonces ese mundo que ya no existía... existía. Hace tres años, sus alumnos quisieron homenajearlo con la consigna “El aplauso más largo del mundo”. Aquel día no se batió el récord Guinness de duración, pero probablemente sí el de intensidad. Es que Ricardo Passano, con casi nueve décadas, pedía trabajo. Como no le daban, iba por los barrios, en función gratuita, con su monólogo en la valija. Murió anteayer, a los 90 años, en su casa, por un desgaste general de su salud.

Una anécdota era su estigma: los periodistas le preguntaban hasta el hartazgo cómo fue besar a Lolita Torres, actriz que por contrato no se dejaba besar. “Fue en Ritmo, sal y pimienta . ¡El viejo de ella no quería saber nada! Hubo que llevarlo a tomar un café y besarla en su ausencia!”, recordaba. Pero el currículum de Passano se valía de otras hazañas: decenas de películas durante la romántica “época de oro del cine”, radioteatros, formación de actores y giras incansables -sin cobrar un centavo- por geriátricos y centros culturales.

“Nosotros, los Passano, éramos raza de teatro”, explicaba sobre esa profesión casi cromosómica. Su abuelo Don Ricardo fue autor y actor, y su padre, Ricardo Segundo Passano, uno de los fundadores del Teatro Independiente del país. Mario Passano, su hermano, se destacó en más de 20 películas.

Sus primeras actuaciones fueron en la radio, en la década del ‘30. “Empecé con mi hermano, Mario, y mi hermanita, Margot, en radioteatro infantil, por El Mundo. Mi viejo no quería que fuera actor. Porque la profesión es hermosa, pero es pan hoy y hambre, mañana. Pero yo tenía un volcán en el alma. Insistí tanto, que a los 15 años fui a Splendid con un jabón que ni te cuento. Quedé. Un día cuando terminó un programa, un señor bajito me dijo ‘Joven, deme su teléfono’. Mis compañeros me decían ‘Passanito, te paraste, ése es Guerrico, dueño de Lumiton’. Debuté en El mejor papá del mundo , con Angel Magaña. Por la primera película me pagaron 250 pesos y dos trajes”.

Más tarde fue elogiado por su trabajo en Juvenilia , filme que protagonizó con Gogó Andreu.

La muerte de un viajante fue su gran estandarte en teatro, con Narciso Ibáñez Menta. En cine puso el cuerpo en más de 40 películas, y compartió cartel con Hugo del Carril, Mirtha Legrand y Pepe Arias: “¿Cómo te puedo explicar? Yo era como hoy es Pablo Echarri”.

Su casa de Ituzaingó es un museo de objetos a los que él se aferraba. En el último tiempo murieron su hijo y su esposa. El teatro, decía, alivianaba el dolor. “Quisiera que me llamara un Adrián Suar para hacer de abuelito, pero los productores están en otra cosa. Por muchos años, en el cine me clavaron el cliché de galán. Querían que le hiciera el amor a todas. Y llegó la locura de las mujeres. Hoy, esas señoras de 80 me besan la mano por la calle”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario