sábado, 1 de diciembre de 2012

Pasantías de dirección del Complejo Teatral de Buenos Aires

Extrañamente, mientras se afianza su entrega a los capitales privados para las producciones teatrales, el CTBA generó un espacio de formación en dirección. Aquí hablan sus protagonistas de este año.
El Programa de Pasantías del Complejo Teatral de Buenos Aires es un espacio de formación en dirección teatral que se inauguró en 2011 a partir de la iniciativa de Luis Cano, coordinador de la actividad. El mismo está compuesto por cuatro seminarios de una semana dictados por cuatro directores/docentes que ya han montado sus obras en los espacios del Complejo. En 2012 los seminarios estuvieron a cargo de Cristian Drut, Mariana Obersztern, Alejandro Tantanian y Ciro Zorzoli. En esta segunda edición fui elegido para formar parte del programa y me resultó interesante hablar con el resto de los pasantes para que cuenten en qué consiste el espacio y cómo ven la relación entre los nuevos creadores y el teatro estatal. 

–¿Qué objetivos persigue el Programa de pasantías?

De izquierda a derecha, María José Trucco, Tatiana Santana, Agustina Soler, Lucas Lagré, Luis Quinteros, 
Mauro Molina, Marcos Perearnau, Mariana Obersztern, Jimena Krouco, Sebastián Villar Rojas y Luis Cano.

Agustina Soler: –Las pasantías del CTBA tienen por fin generar cierta articulación entre directores emergentes y otros con más trayectoria para que puedan compartir miradas y experiencias sobre la dirección teatral. A su vez, como los seminarios están centrados en los montajes que los docentes/directores realizaron en el Complejo, lo que se busca en reflexionar sobre el teatro estatal, los distintos espacios que tiene disponibles y las condiciones de producción que una estructura de ese tipo impone.

–¿Cómo fue el proceso de selección? ¿Cuál fue tu criterio a la hora de postularte?

María José Trucco: –La elección de los pasantes estaba a cargo  de un jurado integrado por Luciano Suardi, Mariana Obersztern y Emilio García Wehbi. Debíamos entregar una propuesta de montaje de una obra a elección, una carta de motivación y un currículum. Lo que hice fue formalizar un material que ya estaba trabajando, intentando ser honesta con mi propuesta, sin especulaciones de ningún tipo. La consigna era tan amplia que no se sabía si se estaba buscando algún tipo de abordaje determinado. En ese sentido, opté por presentar algo que dista bastante de las producciones que suelen llevarse adelante en el Complejo.

–¿Qué expectativas tenías cuando te seleccionaron?

Jimena Krouco: –Mis expectativas eran en relación al aprendizaje. Me parecía muy estimulante saber que en cada encuentro iba a haber un director diferente, con una mirada distinta sobre el quehacer teatral. Y tener con ellos una semana de “clínica” para poder interiorizarnos en la propuesta de cada uno y poder tomar herramientas para luego usarlas en nuestra propia actividad. A su vez, me pareció muy interesante el hecho de que los cuatro directores/docentes elegidos tuvieran miradas tan distintas sobre la dirección. Eso 
enriqueció mucho la experiencia de aprendizaje para nosotros.

–Y a partir del tránsito por los seminarios, ¿tenés nuevas expectativas a futuro sobre tu propio trabajo?

Marcos Perearnau: –En el orden de las expectativas, en mí se generó una suerte de caída de fantasmas respecto a qué es el teatro oficial, cómo son esos espacios, qué reglas el ámbito impone. Uno tiende a creer que formar parte del Complejo modifica todas las condiciones hacia adelante y uno adquiere cierto “reconocimiento”. Y ahora no estoy tan seguro que eso sea así. Creo que transitar las pasantías me ayudó a desacralizar el espacio, volverlo más tangible y al mismo tiempo me permitió empezar a pensar de forma más cercana la posibilidad de hacer algún montaje en esos espacios. 

–¿Cómo fue el vínculo entre los pasantes?

Sebastián Villar Rojas: –Fue una relación de mucho compañerismo e igualdad, casi de hermandad. Me sorprendió. Honestamente esperaba que hubiera más competencia, más envidia. Pero por suerte no. Se construyó un grupo donde primó el afecto y el intercambio intelectual. Y eso genera mucho entusiasmo,  potenció mi propio trabajo. 

–El programa de pasantías establece un vínculo entre el teatro estatal y nuevos creadores. En ese sentido, ¿cómo ven la relación entre el CTBA y los directores emergentes? 

Agustina Soler: –Creo que ese es un vínculo todavía virtual. Las pasantías indican que están las ganas de que esa relación se desarrolle. Sin embargo, la percepción que tenemos es que la construcción de ese lazo entre nuevos directores y el Complejo responde más a un interés de Luis Cano, que es la persona que con mucho trabajo lleva adelante este espacio y lo mantiene vigente. La sensación es que el Complejo no está muy al tanto de las pasantías y eso se ve en la difusión que el programa tiene hacia el exterior. Me parece que actualmente no hay real voluntad de brindar los espacios estatales a nuevos directores, que para acceder a los mismos primero hay que ganar reconocimiento en el ámbito alternativo. Creo, a partir de lo que veo que está siendo programado, que el ingreso al Complejo no depende en sí de la propuesta que uno presenta, sino de los nombres de los integrantes de ese proyecto, de sus trayectorias y de las posibilidades que cada uno posea para convocar espectadores. 

–¿Cómo ven al teatro estatal porteño con la nueva gestión?

Tatiana Santana: –Yo veo cierto espíritu de renovación, por lo menos en los materiales que se presentan. Sin embargo, ese sentido de renovación es a veces un tanto confuso respecto al rumbo que está adoptando la nueva gestión. Me refiero, por ejemplo, al hecho de que se convoque a determinadas figuras que vienen del ámbito televisivo. Sin dudas, estas decisiones hablan de los intereses que las autoridades tienen. Y mi sensación es que a veces en la búsqueda de ese interés se empiezan a perder los sentidos que porta un determinado material.

Luis Quinteros: –En relación a este punto, la disminución en la cantidad de espectáculos programados es un fuerte indicio de la caída presupuestaria por la que atraviesa el Complejo. Es indudable que esto es producto de un gobierno que, más allá de lo que diga, no está apostando a la cultura. En este marco, el programa de pasantías sería algo una perlita dentro de todo lo demás, algo que salió de esta gestión y hay que reconocerlo.

Mauro Molina: –En esta gestión yo veo una voluntad de renovación, pero lo veo como un momento de transición. Creo que no solo hay que esperar, sino también proponer. Tenemos que hacernos cargo de que el Complejo es un espacio estatal y, en ese sentido, es de todos y para todos.

–¿Cómo ven el panorama para los creadores emergentes por fuera del teatro estatal? ¿Encuentran espacios donde desarrollar su actividad? 

Agustina Soler: –Yo creo que hay demasiados espacios y demasiados creadores. En ese sentido, me preocupa que la multiplicidad de propuestas haga que cada una de ellas pierda valor simplemente por el hecho que son demasiadas. Mi sensación es que hay tantas obras y tanta diversidad que todo empieza a valer lo mismo. También me parece que hay una actitud un tanto egoísta que hace que los realizadores lleven adelante sus espectáculos apoyándose solo en sus ganas y en el hecho de que puedan hacerlos con pocos recursos. El problema es que no hay una verdadera búsqueda artística ni tampoco una reflexión respecto a la instancia de recepción de esos espectáculos.

Tatiana Santana: –Creo que hay demasiado poco límite por parte de las instituciones y demasiada poca humildad en el creador. 

Como no hay límites, uno siente que puede hacer cualquier cosa. El resultado es, por un lado, gente que no se forma, y por otro, que las instituciones optan por otorgar subsidios de bajo monto a casi todos los grupos para que estén conformes. Y esto es un fuerte indicio de lo desvalorizada que está la actividad, de la falta de jerarquía que existe entre los realizadores, incluso para el Estado. Creo que la práctica teatral merece una reflexión más profunda que aborde no sólo la forma en que el Estado interactúa con la actividad cultural, sino también aspectos vinculados a la producción individual, a las motivaciones y a las formas de llevar adelante un espectáculo en términos materiales. 

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