domingo, 9 de diciembre de 2012

Lola Arias: Acerca de artistas “anfibios” y nuevo teatro documental


09.12.2012 | Suplemento de Cultura | Entrevista a Lola Arias

Renovadora del teatro argentino y referente internacional, asegura que pertenece a una generación que ha recuperado la idea de realidad. Autora de Mi vida después y El día en que nací, estrenó en Berlín Melancolía y manifestaciones.

Por: 
Jorge Dubatti

Entre los principales renovadores del teatro argentino en este siglo XXI sobresale la dramaturga, actriz y directora Lola Arias (Buenos Aires, 1976), transformada en los últimos años en un referente internacional de nuestra escena. Es difícil encontrar a Arias en Buenos Aires, ya que viaja permanentemente. "Depende de los proyectos, tengo en este momento una vida un poco nómade", afirma, casi con un pie en el avión con el que regresará de Buenos Aires a Alemania para emprender un nuevo trabajo.

Lola Arias encuadra sus últimas creaciones dentro de lo que llama "nuevo teatro documental". "Hago un teatro en el que las personas que están en escena hablan de su propia experiencia, de su biografía, tienen una responsabilidad sobre lo que cuentan, no son meros actores que portan la palabra de un autor y que representan un personaje, sino que están ahí para contar algo que tiene que ver con ellos porque lo vivieron, lo experimentaron, lo investigaron, porque existe una relación personal con ese material", sostiene.

Su espectáculo Mi vida después, estrenado en Buenos Aires en 2009, es un "biodrama" originalísimo, en el que seis performers –actores, músicos, bailarines– de alrededor de 35 años cuentan la vida de sus padres en los años setenta, cuando sus padres tenían la misma edad que ellos en el presente de la representación. Mi vida después se despidió definitivamente de la cartelera porteña hace dos meses, tras cuatro temporadas consecutivas y numerosas presentaciones fuera del país. Gracias a esa obra, la actriz Vanina Falco –integrante del elenco– pudo declarar en el juicio contra su padre, apropiador durante la dictadura de Juan Cabandié. 

El impacto de Mi vida después en Chile hizo que Lola Arias creara una nueva versión de la obra, con performers chilenos: El año en que nací (2011), presentada recientemente en Buenos Aires, en el marco del Festival de Teatro Chileno Contemporáneo, en el Teatro Sarmiento. Mi vida después y El año en que nací se parecen y se diferencian profundamente, tanto como las dictaduras y las postdictaduras de Argentina y Chile. Por otra parte, Arias dio a conocer a fines de 2010 Ciudades Paralelas, un proyecto en el que con el suizo Stefan Kaegi coordinó la tarea de diversos artistas para la intervención de espacios públicos urbanos, que conectó teatralmente a diversas capitales en el mundo. 

Entre las últimas creaciones de Lola Arias se destaca Melancolía y manifestaciones, estrenada en Berlín este año, un espectáculo en torno de la enfermedad de su madre, que probablemente se podrá ver en 2013 en Buenos Aires.

"Melancolía y manifestaciones –cuenta Lola Arias– es una obra sobre la vejez, sobre la depresión, una especie de diario sobre la enfermedad de mi madre, maníaco-depresiva hace muchos años. Es una reflexión muy personal sobre lo que es vivir con una persona muy cercana que padece la enfermedad de la depresión. En un punto es una reconstrucción de la vida de mi madre y de la enfermedad y, en otro, hay otros actores, mayores, de aproximadamente 75 años, que acompañan a la actriz Pipi Onetto, que hace de mi madre. Esos actores mayores en un momento hablan de su experiencia de la vejez, de estar fuera del sistema, de ser espectadores de la vida y no actores. Melancolía y manifestaciones es a la vez un retrato de mi madre y un retrato de grupo."

Lola Arias inició su producción dramatúrgica con el nuevo siglo. Integra ese colectivo escénico implícito (por no llamarlo generación) que ha renovado el teatro nacional, del que también forman parte Mariano Pensotti, Romina Paula, Claudio Tolcachir, Andrés Binetti, Alberto Ajaka, Santiago Loza y Heidi Steinhardt, entre otros muchos.  Sus primeros pasos fueron teatralmente más tradicionales. 

En 2001 presentó como dramaturga y directora La escuálida familia en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la UBA. Le siguieron Estudios de la memoria amorosa, Poses para dormir y la trilogía integrada por Striptease, Sueño con revólver y El amor es un francotirador (editada por Entropía en 2007). Junto con Luciana Acuña, Ulises Conti, Alejo Moguillansky y Leandro Tartaglia fundó la Compañía Postnuclear, grupo interdisciplinario de artistas. Lola además escribe literatura: publicó el libro de poemas Las impúdicas en el paraíso y la colección de narraciones Los postnucleares. Uno de los giros de su trayectoria fue en 2008 la codirección con Stefan Kaegi, en Brasil, de Chácara Paraíso, nuevo teatro documental con policías, ex-policías y familiares de policías en San Pablo. 

En la renovación del teatro argentino de la última década, Arias reivindica la importancia del Ciclo Biodrama, concebido por la directora Vivi Tellas en el Teatro Sarmiento, ciclo del que formó parte Mi vida después. "Tuvo mucha relevancia –asegura– porque fue un ciclo dentro del teatro estatal que propició la aparición de las primeras formas de este nuevo teatro documental en Buenos Aires. 

Es cierto que no todos los biodramas fueron teatro documental, algunos planteaban ficciones en un sentido más convencional, basadas en la vida de alguien y en una historia real. Pero entre los biodramas ligados a la experimentación documental yo destacaría Los ocho de julio de Beatriz Catani y Mariano Pensotti, en el que participaban personas que habían nacido esa misma fecha, y en el que uno de los actores llamaba por teléfono en vivo a alguien fuera de la obra. 

Hubo un antecedente importante en otro ciclo, Proyecto Museos, en el Rojas, también coordinado por Vivi Tellas. Allí se presentó el trabajo de Federico León Museo Miguel Ángel Boezzio, una de las primeras manifestaciones de este nuevo teatro documental. Creo que fue uno de los primeros experimentos a partir de una persona que cuenta su propia vida con ciertos documentos: Boezzio mostraba certificados y fotos de su presencia en la Guerra de Malvinas."

Lola Arias comienza a viajar con sus espectáculos con la trilogía que integran Striptease, Sueño con revólver y El amor es un francotirador. "Fue la primer obra con la que viajé –recuerda–. Nos invitaron a Berlín, y a partir de ahí a un montón de otros lugares. ¿Por qué el trabajo de un artista empieza a viajar? No se sabe muy bien. Tampoco creo que sea lo que hace que mi trabajo sea valioso. Hay un montón de artistas fabulosos que no viajan... Es casi haber estado en el lugar indicado en la hora precisa." 

Arias reconoce vínculos con otros artistas de su generación. "Me reconozco en las experiencias de Federico León y Mariano Pensotti, entre otros. Creo que con esta generación aparece un tipo de artista que ya no está pensando el teatro como el arte de un escritor y un director que hacen una obra con actores; somos un conjunto de artistas que trabajamos una idea más amplia de lo que es el teatro. Pensamos las obras como proyectos que pueden tener formas muy distintas. Mariano Pensotti hizo una obra, Marea, en una calle, con actores en las ventanas, con subtítulos que decían los pensamientos de  los actores. León en Multitudes lleva más de cien actores al escenario. De la misma manera, creo que mi trabajo tiene mucho de investigación en lo documental. Formo parte de una generación de artistas ‘anfibios’, que podrían ser considerados artistas conceptuales, directores de teatro, cineastas, no se sabe bien qué somos... Nos movemos en el territorio más amplio de la representación."

Si Hugo Vezzetti (Pasado y presente) sostiene que el arte cumple en la postdictadura una función memorialista, de estimulación de la memoria del horror, en Mi vida después Lola Arias parte de la problematización de esa afirmación: ¿cómo conocer el pasado?, ¿cómo narrarlo?, ¿cómo recuperar lo perdido?, ¿cómo pensar el archivo y los testimonios?, ¿cómo obrar sobre los materiales del pasado?, son algunas de las preguntas centrales que se desprenden de esta pieza teatral. Lo cierto es que el nuevo teatro documental tiene una incidencia directa en la realidad inmediata, como lo demuestra la mencionada experiencia de Vanina Falco, o la de la actriz chilena que cuenta en El año en que nací que su madre le quitó el saludo y ya no le dirige la palabra por su participación en el espectáculo. 

Una de las diferencias fundamentales entre Mi vida después y El año en que nací son los "juegos" en los que los actores deben ponerse en hilera, de derecha a izquierda del espectador, según su pertenencia de clase, la relación de sus padres con la política, los vínculos con Europa o con los pueblos americanos.

"Esos juegos –reflexiona Lola Arias– son detonadores de discusiones. En la obra chilena hay más performers que en la Argentina, son once, y hay más enfrentamiento entre los hijos de padres de izquierda y de derecha política. Entre ellos aparecían discusiones muy fuertes sobre cómo se contaban los hechos desde distintas miradas políticas, qué pasó realmente, cómo se construye la historia, qué posición tenían ellos sobre los dichos de los padres, qué pensaba cada uno sobre el golpe, la vuelta a la democracia, y todo lo que pasó. Esas discusiones y contradicciones ponen en evidencia la materia de la que está hecha el presente. 

Al principio ellos improvisaban la discusión en vivo, pero en un momento me di cuenta de que eso podía agotarse, es muy difícil discutir con un nivel de precisión que permita hacer aparecer todas esas voces. Entonces fijé el texto de las discusiones en base a unos videos donde se registraron las discusiones reales que fueron teniendo. Era muy interesante ver que cuando ellos veían en los videos lo que habían dicho se sorprendían, decían que no podían haber dicho eso. Como si uno se asustara de lo propio que dice en el calor de la discusión. 

Se dicen cosas hirientes, descalificadoras, terribles, con una liviandad que da la discusión, como ‘vos te creés que porque a tu mamá la mataron es más de izquierda que la mía’ o ‘vos te creés que las mujeres de los partidos políticos tienen más derecho que las que estaban en la villa luchando’, etc. Es muy fuerte lo que se dicen unos a otros, de lo que se acusan: ‘Vos sos el hijo de un cana que mató, ponete en la punta de la ultraderecha’, y el otro le contesta que no porque ‘seguían órdenes’. Era muy interesante ver cómo se iba filtrando todo ese material de discusiones vigentes hoy a partir de esos juegos." 

Vestirse con la ropa de los padres

¿Cómo nació la idea de hacer Mi vida después? Lola Arias reflexiona: "Las ideas andan flotando alrededor de uno, casi como insectos, hasta que se cristalizan. Creo que al principio quería escribir una obra sobre hijos que reconstruyen la vida de sus padres, pero no tenía muy claro que iba a ser sobre la dictadura. Tenía la imagen de los chicos que se visten con la ropa del padre y de la madre, que quieren ser el padre y la madre. Sobre esa imagen del disfraz del niño que deviene su padre o su madre empecé a trabajar con la idea de personas que contaran y representaran la vida de sus padres. Que se pusieran en los zapatos literalmente de sus padres. Ahí fue que me di cuenta que en realidad quería trabajar con gente de mi generación y que lo que había marcado mi generación –yo nací en el '76– era efectivamente haber pasado la infancia en la dictadura." 

El nuevo teatro documental implica que el espectador acepte un pacto biográfico y la existencia de una verdad histórica. "Los hijos dicen: 'Esto es lo que yo sé', no dicen 'Esto es lo que pasó’. Dicen: 'Esto es lo que me contaron, lo que pude reconstruir, lo que investigué. Ese es el valor de realidad. Esta es mi verdad, no es la verdad del mundo. El trabajo de ficcionalización tiene que ver con cómo ir entramando los relatos, las historias para que se vea un álbum de biografías a través del que uno conoce la historia de un país. No hay ficcionalización en el sentido de que yo distorsione lo que ellos cuentan. Los datos son absolutamente reales, no funcionaría la obra si no fuese así." 

Argentina y Chile, comparados

Las experiencias de teatro documental Mi vida después y El año en que nací constituyen sin duda uno de los grandes acontecimientos del nuevo teatro argentino. Hacer cada uno significó para Lola Arias adentrarse en las relaciones y las diferencias entre Chile y Argentina. "En Chile –observa Arias– la dictadura duró 17 años, del '73 al '89, todos los actores de la obra nacieron entre esos años, de allí el título. En Chile hay al menos dos generaciones nacidas en la dictadura. No es una dictadura derrocada, sino que entrega el poder a un presidente democrático, se mete en el sistema, no hay juicios. 

En la obra aparece el registro de Pinochet saliendo de Londres en silla de ruedas y entrando a Chile de pie. Es como un chiste macabro de la historia. Nunca juzgado, nunca condenado, muere como ‘un héroe’, la gente hace cola para ver su cadáver, salvo uno que lo escupe. Es una historia muy perturbadora. Una de las performers dice: 'Hace 28 años que murió mi madre, sabemos quién la asesinó, pero no hay culpables ni responsables, ahora vamos a interponer la tercera querella.' No está cerrado." A diferencia de Mi vida después, los performers chilenos tienen distinto acercamiento al arte: muchos de ellos es la primera vez que se paran en un escenario. "En la obra es imposible darse cuenta de quién es y quién no es actor, porque en realidad no importa –asegura Arias–. El procedimiento mismo del contar, la relación con las imágenes y la interacción con los demás los ampara, saben contar su historia y son actores de su propia vida." 

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