viernes, 14 de diciembre de 2012

Falleció Ricardo Passano


Viernes 14 de diciembre de 2012 | Publicado en edición impresa

Fue una de las grandes figuras del cine argentino (1922-2012)

Por Adolfo C. Martínez  | Para LA NACION

Maestro de actores, don Ricardo Passano.

"Siempre quise ser actor, quizá porque provengo de una familia de actores o porque el destino lo quiso así, y no me arrepiento de ese destino." Con estas palabras, Ricardo Passano resumió en charlas con amigos o en más de un reportaje esa pasión que lo convirtió en uno de los galanes más populares del cine, del teatro y de la radio ente las décadas del 40 al 60. Anteanoche, y como consecuencia de una larga enfermedad, se extinguió a los 90 años la vida de este hombre que volcó todo su talento al ponerse en la piel de decenas de personajes que lo recodarán a través de sus films y de memorables intervenciones escénicas. Ituzaingó, esa localidad que conserva todavía hoy casas con glicinas y aljibes, fue casi siempre el lugar en el que Passanito, como lo recordarán quienes se acercaron a él con el gesto amable y la sonrisa cálida, vivió con su esposa Negrita, "que me dejó para siempre un día y que fue el alma de mi trayectoria artística", recordaba con incontenida emoción, y fue también el lugar en el que en los últimos años había instalado su taller de teatro "porque necesito darles con modestia mi saber a esos muchachos y a esas chicas que sueñan con la actuación".

PAN PARA HOY

Había nacido el 19 de abril de 1922 en el barrio de Caballito y en su niñez, junto a su hermano Mario y sus padres se instalaron en aquel lugar del oeste bonaerense. "Ituzaingó -rememoraba- era casi salvaje, puro, nuevo para nosotros que íbamos al río Reconquista a nadar." Su padre, que llevaba su mismo nombre y que fue uno de los fundadores de la escena independiente, no quería que Ricardo fuese actor "porque la profesión nuestra es pan para hoy y hambre para mañana", recordaba el actor, pero cuando cursaba sus estudios primarios ya sentía esa necesidad de expresarse. Sus primeros pasos artísticos se dieron, junto a sus hermanos Mario y Margot, en La pandilla de Tony, un programa que se emitía por la desaparecida radio La Voz del Aire. Por aquellos tiempos su madre, al comprobar que Ricardito ya luchaba por actuar, lo recomendó a la gran actriz Elsa O'Connor, quien lo ubicó en el programa Tarde de vosotras, que se escuchaba por radio Splendid.

"Llegué ahí con mucha timidez, con mucho temor, porque todo era nuevo para mí -rememoraba ese Passano por aquellos tiempos quinceañero-, ya que tenía como compañeros nada menos que a Nora Cullen y a Guillermo Battaglia, dos "pesos pesados" de la actuación". La radio le brindó luego numerosas oportunidades para lucirse ya como galán y se sentía crecer como actor. En aquella época, César Guerrico, el dueño de los estudios Lumiton, apreció las condiciones histriónicas del muchacho y así, en 1937, intervino en el elenco del film La muchachada del circo, al que siguieron papeles menores en El mejor papá del mundo, Noche de bodas, Adolescencia y Casi un sueño. "Pero muy pronto iba a saltar al gran escalón del cine -solía rememorar- cuando intervine como protagonista en Juvenilia. De aquí en más se sumaron mucho otros títulos que me permitieron alcanzar una popularidad inesperada". En 1945 intervino en Se abre el abismo "la que considero mi mejor película", decía, y su abrazo con el público se hizo más estrecho cuando fue galán de Lolita Torres en Ritmo, sal y pimienta y La niña de fuego.

En 1946 debutó en el teatro con Mi querida Ruth, pieza a la que siguieron Un marido como hay pocos, Juan quiere a María, La casa sin alma y El ángel del milagro. En una memorable entrevista en la que desarrolló su larga y fecunda vida, Passano recordó con emoción a Narciso Ibáñez Menta. "El me dio la oportunidad de protagonizar La muerte de un viajante y al él le debo mucho de lo que aprendí como actor". Debido a las ideas de izquierda de su padre, y a pesar de no militar en política, fue víctima de una cruel persecución y pasó de ser "el muchacho de oro" del cine argentino, el galán taquillero, a un marginado de la escena. Decidió entonces empezar a dar clases de teatro y así descubrió su alma de maestro. Galardonado con los premios Florencio Sánchez, María Guerrero y Raíces, ese Ricardo Passano siempre jovial y auténtico prosiguió abrazado a lo que más lo apasionaba en la vida: ser actor. Sus restos descansan en la Chacarita.

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